Croacia sueña de corazón

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

Croacia es valiente y corajuda. Croacia es un equipo con una idea, un plan y un arquero (llamado Subasic). Nadie ha ganado un mundial sin un señor goalkeeper. Croacia no tiene grandes nombres (salvo la dupla fantástica e incansable Modric y Rakitic). Tampoco tiene miedo, tampoco se entrega fácilmente (tiene a Rebic y Perisic). Croacia sabe sufrir y en este Mundial lo ha demostrado: ha dado la vuelta al score en tres ocasiones, como en la semifinal. Se gusta en el padecimiento, se crece en la agonía. Llegó a Rusia gracias a la repesca. 

Croacia es un país chiquito (4 millones de personas y mil islas en el Adriático), es la ‘Uruguay’ de los Balcanes. El fútbol de Croacia se parece a sí misma. Nadie ha ganado una Copa pareciéndose a otro. Croacia es Mario Mandzukic, un player que pidió quedarse en el alargue a pesar de su lesión, que pidió la enésima pelota colgada en la olla desde el lateral, que gritó un gol para la historia. “Somos un país pequeño, con grandes sueños”, dice Ivan Rakitic. Y todos los países ‘pulgarcito’ del mundo imaginan el mismo sueño: jugar una final un domingo para ser campeones del mundo, por primera vez en la historia.

Los ingleses también soñaron, se imaginaron otro 1966. Imaginaron estatuas para los héroes, imaginaron los cuentos del abuelo y de la abuela.

Se acordaron de Gordon Banks, de la ‘Jirafa’ Jackie Charlton y de su hermano Bobby, del otro Bobby, mister Moore y del gol fantasma de Geoff Hurst ante los alemanes. Pero metieron un gol y se durmieron. Dijo un sabio que para lograr algo grande, primero hay que soñarlo. Y después, trabajar y convencer(te). Croacia sueña de corazón y está en la final, por primera vez. Cuidado, franceses.