De guerrillero a gobernante regional y diputado

47 años tenía el general José Miguel Lanza cuando perdió la vida en un motín en Chuquisaca.

Gonzalo Pérez Bejar

Nacido en la localidad de Coroico, Nor Yungas del departamento de La Paz en 1781, el general José Miguel Lanza Aparicio fue uno de los sobrevivientes de la Guerra de la Independencia, que duró más de 15 años, y llegó a ser uno de los representantes en la Asamblea General de Diputados de las provincias del Alto Perú, que el 6 de agosto de 1825 proclamó la independencia de la República de Bolivia.

Su trayectoria militar se inició tras el asesinato de sus hermanos Victorio y Gregorio Lanza, que cayeron en la revolución del 16 de julio en la ciudad de La Paz, hasta donde fue para estudiar.

Su sed de venganza hizo que se enrole en el primer Ejército auxiliar argentino comandado por Antonio González Balcarce (en julio de 1810 partieron de Buenos Aires al Alto Perú 1.200 hombres).

Lanza, conocido como el Pelayo boliviano, creó la famosa republiqueta de Ayopaya, que incluyó los pueblos de Mohoza y Cavari, que se encontraban entre el límite paceño con Cochabamba e Inquisivi, región de difícil acceso, rodeada de valles estrechos y coronados por la cordillera Real.

El historiador José Alberto Diez de Medina escribió sobre Lanza y sostiene que en su condición de guerrillero participó en las batallas de Aroma, Guaqui, Hamiraya, Sica Sica, Puri, Palca, La Paz, Falsuri y otras.

La fama de Lanza había corrido como pólvora por todo el continente donde se libró batallas contra el yugo español. Por esos antecedentes, el mariscal Antonio José de Sucre lo nombró comandante general de la provincia de La Paz, el 1 de enero de 1825.

“El 29 de enero de 1825, Lanza proclamó la independencia del Alto Perú y envió emisarios de rango al recibimiento del Mariscal de Ayacucho, encabezados por el capitán José Ballivián”, señala Diez de Medina.

Los méritos obtenidos como consecuencia de su brillante participación en los 16 años de cruenta guerra lo convirtieron en inseparable compañero del mariscal Sucre, quien lo nombró representante de La Paz en la Asamblea Deliberante que definiría los destinos del Alto Perú.

La flamante Asamblea destacó y premió los servicios de Lanza y dispuso su ascenso a general de brigada, luego lo nombró primer ayudante del Ministerio de la Guerra y reconoció sus haberes retrasados.

Concluida la Guerra de la Independencia muchos de sus camaradas que habían iniciado la gesta libertaria habían caído y el control político estaba en manos de hombres de letras, muchos de los cuales no conocían el fragor de la batalla.

MOTÍN

Como todo héroe, perdió la vida como lo quiso: en combate, pero no enfrentando al enemigo, sino a sus propios compatriotas. Eran los herederos de los resabios españoles que se habían quedado al mando de la nueva República y respondían a las órdenes de Casimiro Olañeta.

Según Diez de Medina, cuando Lanza ejercía el cargo de prefecto y comandante general de Chuquisaca se anotició del motín del 18 de abril de 1828, y su primera reacción fue ir a Potosí a reunir un grupo armado capaz de enfrentar a los revoltosos; volvió a Chuquisaca con 100 hombres, con los que tomó La Recoleta y llegó a la plaza principal, donde liberó a Sucre. Por esta hazaña fue ascendido al grado de general de división.

Durante la refriega, el general Lanza fue herido en el pecho y falleció el 30 de abril de ese año caótico para Bolivia.

“El hombre a quien las balas habían respetado por más de 15 años murió inmolado por sus propios compatriotas, en un acto desvergonzado como fue el motín del 18 de abril”.

Mientras agonizaba se dirigió al secretario privado del mariscal Sucre, a quien le manifestó que moría tranquilo, pues había servido incondicionalmente a su general y a Bolivia.

“El general Lanza, bravo y temerario en el combate, fue un hombre sano y sincero, decoroso con sus amigos, y fiel hasta la muerte, así lo demostró con el mariscal Sucre”, refiere el historiador.

Datos

» José Miguel Lanza, que peleó en la región de la Cordillera y Yungas de La Paz, y Cochabamba (Republiqueta de Ayopaya), movilizó su guerrilla que tenía una bandera con los colores punzó y verde. La flameó en las acciones y combates de la independencia como Falsuri y Tumusla.

» Los famosos Granaderos de los Andes, más conocidos como los Charquenses, también adoptaron los colores punzó y verde para sus estandartes militares. Desde entonces se usó como bandera paceña.