FIL Santa Cruz, de monstruos, poetas y microcuentos

Cámara del Libro de Santa Cruz de la Sierra

Cuba, el país invitado, trajo una nutrida delegación de autores.

Homero Carvalho Oliva*

El domingo a la medianoche, los libreros, las editoriales y los escritores independientes guardaron sus libros en cajas, baúles y mochilas. Algunos prometían verse en agosto en la FIL de La Paz y en octubre en la FIL de Cochabamba, otros hablaban del próximo año. Muchos se quejaban de que este año no vendieron muchos libros y que apenas habían cubierto los alquileres de los estands. Esperemos que al año nos vaya mejor, decían los verdaderos libreros y editores, esos que aman su oficio. 
Junto con el público también llegó el sur, como todos los años; el frío espera que se inaugure la FIL para campearse por los pabellones. La FIL cruceña es grande, este año se dieron cita 97 expositores, 50 escritores extranjeros, junto a más de 180 nacionales y se presentaron más de 100 libros. El país invitado fue Cuba, que trajo una gran delegación de autores.
Solamente falté tres días a la cita anual, uno de ellos porque fui invitado a presentar la obra de Jorge Suárez en la Manzana Uno, junto a la historiadora Paula Peña y Álvaro García, vicepresidente del Estado Plurinacional. En la compañía de amigas y amigos lectores y escritores recorrí los pabellones, visité los estands, conversé con editores, libreros, escritores, poetas, ensayistas y, por supuesto, escuché a colegas en sus respectivas presentaciones. También presenté algunos libros de escritores amigos; como anécdota personal le cuento que un libro mío que tenía que presentarse nunca llegó, se extravió en algún lugar de La Mancha. Como siempre recibí muchos libros de obsequio, intercambié otros, compré algunos, incluso uno de Antonio Gramsci que venía en una caja con polera incluida.

Los encuentros literarios fueron lo más destacado
Los escritores invitados de honor fueron Margo Glantz, octogenaria escritora y ensayista mexicana, junto a Sami Nair, filósofo y politólogo argelino, quienes tuvieron su propia agenda de conferencias. Sin embargo, creo que las grandes protagonistas de la FIL Santa Cruz fueron las escritoras, cuya presencia fue muy estimada en los principales eventos. El festival de poesía, por ejemplo, este año fue dedicado a poetas mujeres, entre las que podemos destacar a Lina de Feria (Cuba), Andrea Cote (Colombia), Verónica Zondek (Chile), Laura Yasan (Argentina), Chary Gumeta (México) y las bolivianas Matilde Casazola, Vilma Tapia, Norah Zapata, Marcia Mogro, Camila Urioste, Blanca Garnica, Gigia Talarico, Alejandra Barbery, Claudia Vaca, Fanthy Velarde y Silvia Rosza, además de otras jóvenes que participaron en otros eventos, como el encuentro del colectivo Liberoamérica, que reunió a las jóvenes poetas Isabel Suárez, Daniela Lu Gonzales, Melissa Sauma, Marcia Mendieta, Lucía Carvalho, Joanna Victoria, Albanella Chávez y otras.
El II encuentro de narrativas estuvo dedicado a ‘nuestros queridos monstruos’, tema que también sirvió de inspiración para el pabellón infantil que, sin duda alguna, marca la diferencia con otras ferias por la gran cantidad de actividades que concentra para los pequeños. En este encuentro, además de Margo Glantz, hay que destacar la presencia de María Negroni, quienes junto a las bolivianas Magela Baudoin, Giovanna Rivero, Rosario Barahona y Liliana Colanzi hicieron mayoría frente a seis narradores. Por primera vez en Bolivia se realizó un encuentro de microficción, en el que participaron narradores de Perú y Bolivia; hasta Santa Cruz llegaron los peruanos Mario Guevara y Rony Vásquez, quienes junto con los bolivianos Eliana Soza, Waldo Varas, Miguel Sequeiros, Sisinia Anze, Sandra Velasco, Jorge Kalaf y Miguel Sequeiros, motivaron a estudiantes con sus pequeñas historias y su experiencia en este género. Para mí fue muy grato conocer a Mario y a Rony, extraordinarios narradores peruanos. La sala José Martí, donde se desarrolló el encuentro, estuvo colmada de jóvenes. El periódico La Razón, de Lima, Perú, destacó este encuentro entre lo mejor de la FIL Santa Cruz 2018. 

Nuevas voces, mismos ámbitos
Entre tantas presentaciones, la mayoría de escritores reconocidos que lo hacen todos los años, de los cuales ya se ocupó la prensa, vale la pena mencionar los libros de las nuevas generaciones: Áticos sonoros, de Micaela Mendoza; Haikus y otros drinks, de Waldo Varas; Catalina y su ángel, de Nahomy de la Zerda; Antología poética-narrativa del Colegio de la Sierra, compilación de Pablo Carbone; Fiesta equivocada, de Lucía Carvalho; Flores de invierno, de Ángel Veizaga; Incendio bajo el agua, de Claudia Vaca (una presentación muy emotiva); Antología macabro festín, varios autores; El latido de mis huellas, de Ramiro Jordán; Eufi, de Bárbara Antelo, y Días de mermelada, de Mariana Ruiz.

Crear nuevos públicos
Se gasta mucho dinero para traer a destacados escritores internacionales y nacionales, sin embargo no asiste una buena cantidad de público a sus conferencias y encuentros; la mayoría de las veces la mitad de los asistentes fueron los propios escritores y/o poetas invitados, algo está fallando. Quizá la organización de la FIL no está agotando los esfuerzos para generar un nuevo público, pocos jóvenes van a los encuentros. Habría que establecer convenios con colegios y universidades para que acudan a determinados eventos, no solamente dejarlos ingresar de manera gratuita. Los poetas y narradores invitados podrían brindar charlas literarias o dirigir talleres en la propia FIL. He sido testigo de que, cuando nos invitan a festivales y ferias en el exterior, nos encanta que nos organicen este tipo de eventos culturales. Como afirma un amigo librero: la FIL Santa Cruz ha crecido, ahora se trata de fortalecerla.

*Escritor, poeta y gestor cultural