[Opinión] Los torturadores

Democracia Directa

Trajo a militares argentinos y chilenos para ejecutar las torturas a los subversivos y a los seguidores del general Juan José Torres.
Así actuó el dictador, por entonces coronel Hugo Banzer Suárez, luego de acomodarse, gracias a la bota militar, en el Palacio de Gobierno, el 21 de agosto de 1971.

Mario Bacarreza, secretario de Juan José Torres, se replegó en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) para resistir el golpe de Estado.
Sin embargo, los militares, que días antes juraron lealtad a Torres, se dieron la vuelta y los integrantes del gobierno derrocado fueron perseguidos y detenidos. Bacarreza fue uno de ellos. Fue trasladado al Estado Mayor, donde permaneció enmanillado de pies y manos con sólo pan y agua. Los militares, amparados en sus uniformes, lo golpeaban durante horas.

La tortura era el método común para lograr información. La picana eléctrica, que consistía en liberar descargas eléctricas en los testículos de los detenidos, era la más empleada, al igual que la alfombra humana (los detenidos se echaban y pasaban por encima los militares), la tortura psicológica y el submarino (introducían a los detenidos en turriles de 208 litros donde había excremento humano).

Con las mujeres la situación era diferente. En marzo de 1972, Lourdes Kolla fue detenida en su casa cuando tenía 23 años y estudiaba arquitectura. Los militares la buscaban por sus presuntos vínculos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

“Derribaron puertas, buscaban armas, mi familia estaba asombrada porque no sabían a quién buscaban o por qué me buscaban (…) No sólo me detuvieron a mí, sino también a mi hermana menor Marcela y días más tarde detuvieron a mi padre, a mi hermana mayor Rosario y a mi hermano Franklin, de 16 años, con el fin de amedrentarme. Ya en el Ministerio del Interior me interrogaron a fuerza de golpes y como no lograron que confesara lo que a ellos les interesaba me llevaron a una casa que utilizaba el Ministerio como cárcel. Generalmente, los viernes llegaban (a la casa de seguridad) agentes del Ministerio del Interior, vestidos de civil, para golpearte, desnudarte (…) Ésa era su rutina”.

Luego de permanecer tres meses incomunicada, Lourdes fue trasladada a Achocalla, a una cárcel de mujeres. “En la noche nos sacaban a algunas presas con los ojos vendados, nos hacían dar vueltas y a veces nos llevaban al Ministerio del Interior a declarar de nuevo con el fin de obtener más información sobre compañeros que se encontraban en la clandestinidad, luego nos llevaban de regreso a la cárcel que quedaba fuera de la ciudad de La Paz. Era otra forma de tortura psicológica que usaban (…) Cuando escuchábamos llegar en plena noche a los vehículos del Ministerio y decir los nombres de las presas que debían alistarse para salir, pensábamos que nos sacaban para matarnos (…) O que nos darían la ley de fuga, como hicieron con muchos de los compañeros que hoy continúan desaparecidos”.

Lourdes salió en libertad en marzo de 1973 gracias —dice— a la perseverancia de su madre y se exilió en Argentina, donde terminó los estudios. No regresó a Bolivia hasta 1982, con la vuelta a la democracia, cita el texto Verdad, justicia y reparación en Bolivia (1964-1982).

El golpe de Banzer fue el más nefasto de la historia. Se registraron 468 muertes, 3.000 personas detenidas y casi 2.000 personas fueron exiladas o confinadas. Se censuró toda la prensa y por lo menos 30 periodistas fueron torturados y detenidos.

Y como si todo ello nunca hubiera sucedido, Banzer ingresó con su partido ADN a la arena política y como resultado de alianzas partidarias  cogobernó por casi 20 años en la etapa democrática.