El guajojó

Carlos F. Toranzos Soria* 

Las noches negras de la selva amazónica son muy negras. Si la diosa Killa se queda dormida, la oscuridad es tal que hasta las estrellas se ven tímidas en las alturas. Esas noches amazónicas son renegras. El chirriar de los grillos y el mecerse de las hojas desaparecen en la oscuridad. Los ruidos leves y cansados de las ranas suenan como gritos clamando por algo de luz.
Esto sucede unas cuatro o cinco veces al mes. Como sabemos el mes lunar son 28 días, de los que unos cinco, a veces cuatro, son oscuros. Interesante, pues en estas noches precisamente un pájaro aparece con mayor nitidez, es el guajojó. Se dice mucho y mal de este pájaro. Lo acusan de traer mala suerte, de anunciar la muerte y la desesperación. Lo acusan de un canto ridículamente fuerte y desentonado.
La verdad es que todas son historias erradas y falsas. El guajojó es un pájaro de colores opacos, un degradé entre grises y marrón oscuro. Es un pájaro pequeño, con la característica de mimetizarse muy bien entre el follaje y las ramas de los árboles. Es un pájaro con unos ojos muy grandes y muy hermosos que brillan como estrellas lejanas en un universo negro y muy negro. Estos ojos le ayudan a ver los mosquitos, a alguno que otro grillo y hasta distinguir a las culebras pequeñas que le sirven de alimento.
Como no canta hermoso y se mimetiza en la oscuridad, piensan que es un pájaro de mal agüero. Su canto es como una especie de lamento triste. No es un pájaro que parezca feliz, pero tampoco es malo ni feo, es que la gente lo rechaza porque piensa mal. No hay animal de mal agüero. No hay planta de mal agüero, hay mujeres y hombres que los califican así, como “aves o plantas de mal agüero”. Este guajojó fue creado por el dios Tupá (dios y diosa hacedor y hacedora de todo). Una noche Yacy (otro nombre de la diosa luna) estaba jugando a las escondidas con su hermano mayor Kuray (dios sol). Kuray se escondió y Yacy, por encontrarlo, en la total oscuridad, tropezó con una nube y cayó. Cayó tan abajo que Añá, el dios de las tinieblas, apenas pudo agarrarla en sus brazos, así evitó que se rompiera. Añá era muy cariñoso y le gustaba hablar, pero no había nadie con quién hacerlo, por eso al recoger a la luna se sintió muy feliz. Yacy, la luna, brillaba muy poquito (recuerda que la luna brilla porque el sol brilla). Y el sol estaba escondido. La luna le dijo a Añá que tenía que volver al cielo y que por favor la ayudara a hacerlo. Añá le dijo que sí, pero sólo si le prometía ir a visitarle por lo menos unas cuatro o cinco noches al mes. Yacy estuvo de acuerdo y Añá le ayudó a subir al cielo. Antes de hacerlo, Añá preguntó: “¿cómo puedo saber que vienes?”, Yacy le dijo que le mandaría una señal, después volvió al cielo y fue a hablar con Tupá (la diosa creadora de todo). Le contó lo que le había pasado con Kuray, cómo cayó en brazos de Añá y cómo éste le salvó de romperse. Le contó la promesa que le hizo. Tupá le dijo: “Las promesas siempre se cumplen, tú has prometido y lo prometido es ley. Lo que haremos será que un pájaro anuncie tu visita”. Pensó y pensó y decidió crear al guajojó. Así nació el ave para anunciar la visita de Yacy a Añá. ¡El guajojó de mal agüero no tiene nada de mala suerte! Es un mensajero divino entre la diosa luna y el dios de las tinieblas.
Si lo ves, déjalo estar, es más no lo molestes, míralo en silencio. Escucha y recuerda que está esperando cantar y anunciar la visita de Yacy al dios Añá.

*Docente emérito de la Universidad Anglia Ruskin, en Cambridge, Reino Unido.