[Opinión] Amenaza inminente

Democracia Directa

El almirante Kurt W. Tidd, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, estampó su firma en el plan para derrocar al gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien este 20 de mayo somete a la decisión de más de 20,5 millones de electores su continuidad en la presidencia.

No es una elección cualquiera y Estados Unidos y sus aliados lo saben, por ello se preparan para el escenario que dibujarán hoy los comicios, ante las mínimas posibilidades de una derrota de Maduro.

De hecho, la periodista argentina Stella Calloni desveló, hace poco, documentos del Comando Sur que fijan la estrategia para truncar el proceso bolivariano ante la incapacidad de “las fuerzas opositoras” venezolanas para “poner fin a la pesadilla de Venezuela” por las disputas internas e incluso por “la corrupción similar a la de sus rivales, así como la escasez de raíces” que no les permite sacar “el máximo provecho de esta situación y dar el paso necesario para poner fin al estado de penuria y precariedad” en que está sumergido el país.

Su plan de acción incluye “alentar la insatisfacción popular aumentando el proceso de desestabilización y el desabastecimiento” para “asegurar el deterioro irreversible” del presidente Maduro, “incrementar la inestabilidad interna a niveles críticos, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro”.

Además, se proponen “estructurar un plan para lograr la deserción de los profesionales más calificados del país, para dejarlos sin profesionales en absoluto, lo que agravará más la situación interna y en este sentido culpar al Gobierno”.

Con ello, apuntan a sumar el respaldo de las Fuerzas Armadas de Venezuela para llevar a cabo un golpe de Estado, “antes de que concluya el 2018, si esta crisis no hace que la dictadura colapse o el dictador no se decide a hacerse a un lado”.

Ello será el paso previo para luego involucrar a lo que Estados Unidos denomina las “fuerzas aliadas en apoyo a los oficiales del Ejército venezolano” y, por último, “promover la necesidad de envío de la Fuerza Militar de la Organización de las Naciones Unidas para la imposición de la paz”, una vez que Nicolás Maduro sea derrocado.

Con la revelación de Calloni resulta ya una confesión el llamado que hizo el 8 de mayo la embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas, Nikki Haley, quien urgió a “seguir aislando a Nicolás Maduro hasta que ceda”.

Enfatizó incluso que “para la seguridad de todos los pueblos de Latinoamérica, es hora de que Maduro se vaya”.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, también hizo su trabajo. Pidió la suspensión de Venezuela frente al Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), hecho que fue rechazado por el Gobierno venezolano, que consideró dichas declaraciones como una agresión para perturbar la paz en el país.

El libreto se cumple a cabalidad y la respuesta única a esta abierta agresión está en manos del pueblo venezolano que acudirá a las urnas y en la unidad continental que no puede aceptar un retroceso al tutelaje que Estados Unidos ejerció en la región en décadas pasadas y que sólo dejó pobreza.

La inacción y el silencio no son aceptables. La defensa de la soberanía regional está bajo amenaza inminente por parte de Estados Unidos y los verdaderos ciudadanos suramericanos responderán con firmeza para preservar un futuro con esperanza.