Jorge Eliécer Gaitán: El libertador neutralizado

Por Alejo Brignole

Algunos crímenes y magnicidios a lo largo de la historia resultaron medulares para entender los eventos posteriores a ellos. Así como el asesinato de Julio César en el 44 a.C. determinó el curso del Imperio romano y sus guerras intestinas, también la muerte en 1914 del archiduque Francisco Fernando de Austria, en Sarajevo, cambió el mapa de Europa con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Otras muertes violentas, fruto de conspiraciones políticas, también sirvieron para cambiar el equilibrio político y social en diferentes escenarios.

Abraham Lincoln, Sandino, Gandhi, Luther King o Patrice Lumumba —todas víctimas de crímenes políticos— dejaron con su muerte un espacio abierto para el triunfo de sus adversarios.

El colombiano Jorge Eliécer Gaitán (1903-1948) perteneció a esa raza de hombres resueltos que significaron un escollo para las planificaciones más mezquinas de sus contemporáneos. Y como otras víctimas políticas, su crimen convulsionó y transformó toda una época dentro de Colombia, iniciando un declive que aún perdura y que el imperialismo económico y militar estadounidense ha logrado consolidar desde su asesinato, hace ya 70 años.

Al respecto, veamos lo que nos dice sobre su rol histórico el sociólogo Atilio Boron en un interesante artículo aparecido el 9 de abril último —aniversario de la muerte del líder colombiano—: “Gaitán representaba una renovación en clave radical de izquierda del histórico Partido Liberal. En sus intervenciones públicas y en su calidad de abogado había denunciado la masacre de las plantaciones bananeras de la United Fruit en 1928, en las cercanías de Santa Marta, donde se estima fueron exterminados alrededor de dos mil jornaleros. Fue un líder poseedor de un extraordinario carisma que suscitaba el entusiasmo de grandes masas populares en toda Colombia; creía en la democracia directa y popular (protagónica, diríamos hoy), y combatía sin cuartel a la oligarquía y a los agentes del imperialismo en su país. Era, sin duda, el hombre llamado a cambiar el destino de Colombia. Sus enemigos, de adentro y de afuera (Estados Unidos), así lo percibieron y obraron en consecuencia”. Ya finalizada la Segunda Guerra Mundial y en un contexto de posguerra en donde EEUU intentaba reconfigurar el nuevo orden mundial bajo sus propios diseños, los líderes políticos de ideas humanistas y soberanas, como Jorge E. Gaitán, representaban un serio problema para establecer las políticas neocoloniales que Washington ya planificaba —y ejecutaba— en toda América Latina.

De pensamiento lúcido y dotado de recursos oratorios extraordinarios, Gaitán había sabido convocar y aglutinar en torno de él al pensamiento socialista y antiimperialista de Colombia, produciendo además un giro importante en su grupo político, el Partido Liberal, al cual renovó con la llamada Plataforma Ideológica —de la que él fue su principal impulsor.

Gaitán estableció una nueva alianza con los oprimidos del país, llamándolos a identificar al verdadero enemigo de la realización nacional: Estados Unidos. Su plataforma también contenía los lineamientos fundamentales por el que tantos hombres preclaros habían luchado antes: la unidad latinoamericana y la oposición a toda forma de fascismo institucional, ya padecido en la región durante las múltiples intervenciones norteamericanas, directas o indirectas.

En su capítulo décimo, la Plataforma Ideológica expresaba: “el liberalismo proclama su solidaridad con todas las fuerzas políticas de izquierda que en el continente americano luchan por hacer efectiva la democracia librándola del dominio de los grupos plutocráticos, que en lo externo actúan como fuerzas imperialistas y en lo interno como oligarquías que concentran en su excluyente interés los poderes económicos como medio de influencia política y la influencia política como medio de ventajas económicas”.

Su hija, Gloria Gaitán, escribirá décadas más tarde: “(…) el avance imperialista, teniendo a la oligarquía colombiana como cómplice, comenzó antes del asesinato de mi padre (…) En efecto, cuando mi padre fue proclamado candidato del pueblo a la presidencia de Colombia, perdió esas elecciones en 1946, ganando el conservador Mariano Ospina Pérez. Pero el mismo día de su derrota, mi padre salió a proclamar: ‘hoy comienza la lucha’. Eso hizo que el pueblo abriera los ojos y se uniera masivamente a su causa. El Movimiento Gaitanista creció como espuma y Gaitán se convirtió en el dirigente político con más poder en el país”.

Este poder creciente, dimanado del pueblo llano y no de acuerdos espurios entre las élites políticas, convertía a Jorge E. Gaitán en un factor peligroso para la estructuración social y política que contemplaba el Departamento de Estado en su agenda. Atentar contra su vida era, pues, un naipe tentador que Washington se dispuso a utilizar como herramienta para la consecución de su política exterior.

El otro escenario de fondo que decidió la suerte de este gran líder político, comprometido con la causa latinoamericana, estaba dado en el campo diplomático.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ya había iniciado una ofensiva global económica, diplomática y militar para frenar la consolidación de ejes socialistas o filosoviéticos en todo el mundo. Y mientras el secretario de Estado, el general George Catlett Marshall, lanzaba el —luego denominado— Plan Marshall (consistente en monumentales ayudas económicas de EEUU a 18 países europeos para evitar que las masas pauperizadas de la posguerra se volcaran hacia la izquierda), en América el mismo George Marshall impulsaba la creación de la OEA (Organización de los Estados Americanos), cuya finalidad era controlar la diplomacia hemisférica, subordinándola a los dictados de Washington. Algo que más tarde sería corroborado durante toda la historia de ese organismo, verdadero ‘ministerio de colonias’ maquillado de foro diplomático.

También por esos años fue creada la tenebrosa CIA —en 1947—, que sería determinante en los complots, asesinatos y golpes de Estado en todo el mundo hasta la actualidad.

Para 1948, Washington había convocado en Bogotá a la IX Conferencia Panamericana con la intención de establecer acuerdos hegemónicos y presionar a las cancillerías más sumisas del continente. Maniobras que culminarían con el nacimiento de la OEA el 30 de abril de ese año. Sin embargo, Jorge Eliécer Gaitán no pudo ser testigo de infausta creación del organismo, pues 21 días antes, el 9 de abril, fue asesinado a la salida del edificio donde tenía sus oficinas.

La mano ejecutora fue Juan Roa Sierra, un joven de 26 años que fue furiosamente linchado tras disparar sobre Gaitán. La muerte del líder liberal —y con él la esperanza de otra Colombia posible— fue como un manto de petróleo caliente al contacto de una flama. Una rebelión popular conocida como ‘el Bogotazo’ se extendió por la capital y hacia otras ciudades.

Tal como ahora, mediante el asesinato de líderes políticos y activistas sociales en México, Brasil, Honduras o Guatemala, la CIA se encargó de neutralizar a un seguro defensor de los intereses nacionales colombianos. El país vio morir al que sería su seguro próximo presidente.

Jorge Eliécer Gaitán era el favorito para las presidenciales de 1950, pero no pudo ser. El curso histórico de Colombia (y de toda la región) fue una vez más interrumpido en su derrotero con este infame crimen. Pero ese derrotero nunca vencido sigue caminado por otros que tomaron la posta de Gaitán y se convirtieron en millones.