Bautizar la ausencia: la nostalgia

Editorial Gente de Blanco

El viernes 4 de mayo, a las 19.30, en el Centro Franco Alemán de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, el poeta Homero Carvalho presentará su nuevo poemario titulado Bautizar la ausencia, que se reconoce a partir de poemas sueltos que escribió durante muchos años, quizá unas cuatro décadas. Es el resultado de un proceso de decantación posterior realizado en los dos últimos años.
La poeta española Marta López Luaces escribió de esta obra: “El recuerdo, la infancia y la palabra poética son los ejes claves de este poemario. Homero Carvalho mantiene un difícil equilibrio entre lo lúdico e irónico y lo nostálgico. Es ahí, en ese entrecruce de tonos poéticos que oímos las resonancias de ambas tradiciones: la española y la latinoamericana. Estos ecos de la tradición enmarcan los tópicos del libro: la familia y la historia nacional. Ambas historias trasmitidas por la palabra oral que a través de la magia poética y oral encuentran su unión en mitos y leyendas. El poeta se remonta desde su nacimiento asombroso y milagroso, chamánico, hasta “los abuelos de mis abuelos” donde la historia de Bolivia y el árbol de la familia se encuentran. La mirada de ese niño que fue y la palabra poética que trata de recuperarla buscan, investigan y encuentran la salvación en las siguientes generaciones de hijos, poéticos y de sangre”.
He aquí algunos poemas del libro:

Mi madre
Cuando mi madre estaba triste, cantaba mientras lavaba ropa, enjuagaba sus lágrimas con los versos de los boleros de Javier Solís y, luego, iba colgando las prendas en los alambres, que eran como bejucos que se desprendían de los árboles del patio. Llegaban los vientos de agosto y, al atardecer, convertían a los vestidos en fantasmas de lo cotidiano, y las camisas y los pantalones se volvían aves peregrinas.

Mi padre
En memoria de Antonio Carvalho Urey y para todos mis hermanos

Mi padre murió en 1989 y hasta ayer no lo supe con certeza, su crepuscular ausencia llegó hasta mí
como la luz de esas estrellas
que se murieron hace miles de años.
Lo supe cuando uno de sus libros me encontró desprevenido
y al leer su amorosa dedicatoria
recordé cuánto lo extrañaba.
Recordé esas épocas en las que me asombraba su romántico anarquismo, su terrenal sabiduría y su especial poder de seducción 
talento de ángel en celo con el que apalabraba a las más hermosas mujeres y yo era una semilla que soñaba ser como ese árbol gigante poblado de quimeras amazónicas,
épocas en las que el futuro 
tenía el nombre de mi padre.
Cerré el libro y me dispuse a engendrarlo en mi memoria para hacerlo nacer en mis palabras.
(De Inventario nocturno)
Fantasmas jubilados
Tan lejos está mi pueblo que se ha convertido en un lugar de fantasmas jubilados que ya no espantan en las noches de tormenta.

Legado
Cuando murió mi padre, un bosque de silencios fue creciendo en la geografía de mis días.
Al llegar mis hijos a habitar las conversaciones cotidianas, las hojas de esos árboles, 
ya frondosos, fueron otoñando mis palabras, para contarles las vidas de su abuelo.

Río nostálgico
Inolvidable río de mi pueblo, repentino nace en las pupilas, gota florecida en los recuerdos, manantial de imágenes peregrinas, fluye desde la inocencia redimida.
Así es el río que moja mis pies, humedeciendo mi piel, como si las mansas aguas, de la crepuscular inundación, nuevamente se sumergieran en mí.

Crear un hogar
No es tan sencillo crear un hogar. Cada uno debe traer sus libros junto con sus sombras cotidianas. Las fotos de la familia y los sueños de la tribu. La lista de amistades y las canciones postergadas. Las vergüenzas íntimas y los ángeles redentores. Los fracasos vienen solos y las escasas virtudes aparecerán cuando se las necesite; imprescindibles son los defectos porque sin ellos no podremos amarnos como se debe. 

La vida
Las incontables puertas,
que abrimos o cerramos,
para adentro o para afuera,
son páginas que escribimos,
día tras día sin vueltas de hoja
ni aclaraciones al pie de páginas;
acaso sólo brevísimas fe de erratas.