La princesa de los Andes: la vicuña real

Les gusta observar, mirar los crepúsculos con saudade o detectar posibles enemigos.

Luis Mérida Coímbra*

La vicuña real: contenta, obsequiosa, silvestre, ancestral, color canela-almagre, grácil, alegre, criada por Viracocha, asoleada por el Tata Inti, pasta por encima de los 3.500 msnm. 
Su movimiento escénico está al compás de las estaciones del altiplano y la puna de la cordillera de los Andes. Tiene dorso blanco y su mirada es ágil. Prima hermana del Guanaco, pariente de la llama y de la alpaca.
Leal con su estirpe: jamás procrea en cautiverio o con ansiedad citadina. Sólo lo hace en el silencio andino y con luna llena. Encantadora es la vicuña, camina esmaltada de garbo, es figura esbelta. Ojos negros embelesados, pelaje fino, caminar sereno, ágil al trotar. Figura en los folios de la historia su linaje y su alcurnia real. 
Sus cuellos largos les permiten ver la distancia sin desconfianza, les gusta observar, mirar los crepúsculos con saudade o detectar posibles enemigos. El zorro, el puma, el varón, la persiguen.
Desconfiada del hombre, vive arrobada, arrimada a la Madre Tierra. Bebe lo suficiente en el verano para subsistir los otoños, los inviernos los pasa cómodamente cubierta con lana fina, rumiando con sus amistades en la gama belleza altiplánica. 
Vicugna vicugna le llama la ciencia, en quechua vik´uña: mamífero de la familia de los camélidos sudamericanos. Los camélidos acompañaron a las vírgenes del sol en los templos incaicos, su pelaje pulcro vistió engalanando el reino del incario.
La vicuña y el cóndor son animales simbólicos que signan en escudos de países andinos, en el nuestro el cóndor vuela con sus grandes alas mientras un camélido pasta frente al Cerro Rico y al árbol del pan. 
Son territoriales, viven en familias o en grupos de solterones. Los machos defienden a sangre y escupitajo sus territorios. Las hembras presumidas, despampanantes, modelan desafiantes.

*Cineasta y poeta*