Las arenas y su origen

Mama Killa bajó con sus rayos de luz e iluminó las laderas de Apu Vicuña...

 

Carlos F Toranzos Soria*
Esas piedrecitas pequeñitas que adornan playas, riveras de ríos, arenales, orillas de lagos. Esas piedrecitas que abundan en los desiertos y que se acumulan en grandes lomas llamadas dunas.
Esas piedrecitas tan chiquititas son el resultado de unos encuentros interesantes en Atacama.
Atacama es el desierto, más desierto, de todos los desiertos. 
El Sahara es otro desierto, pero no tan desierto. El desierto de Perú es desierto, pero no tan desierto.
Así podríamos hacer una lista genial de los desiertos que son mas secos y los menos secos. Claro la ciencia se hace cargo de eso y de verdad razón tiene, pero se les olvida una cosa y yo lo solucionaré contándoles la verdad: el origen
Cuando Wirakocha, Inti y Killa estaban haciendo el universo, ya sabemos que el universo fue una hechura de los dioses mayores. Mientras Wirakocha estaba en un viaje estelar, caminando por la vía láctea, revisando los agujeros negros, pidió a Inti y a Killa que hicieran algo con unos dos apus que estaban en Atacama.
Les dijo que los veía muy infelices y que algo deberían hacer, la diosa Killa y el dios Inti, para alegrar un poco sus caras. Killa dijo a Inti:
-Tata Inti, tú puedes hacerte cargo del Apu Toro y yo me haré cargo del Apu Vicuña. Tú puedes ver qué pasa con Toro y al averiguar también indaga por qué se ve tan triste.
Tata Inti estuvo muy de acuerdo, de todas maneras, él tenía alguna preferencia por Apu Toro. 
Mama Killa se puso manos a la obra y se fue corriendo, como un rayo de luz de luna, directamente a ver qué pasaba con Apu Vicuña.
Descubrió que Vicuña estaba muy sola y que sentía que sus pies le picaban mucho. Le dijo Mama Killa:
“Vicuña no puedes estar sola, menos triste; a tu lado, bueno, muy cerquita, está Apu Toro y seguro que puedes hablar con él”.
Apu Vicuña bajó la cabeza y dijo:
“Mama Killa, es imposible. Apu Toro está siempre de mal humor, si le hablo me contesta con alguna broma horrible o me dice cosas que no se deben decir. Me dice, “Cállate, no tienes ni un poco de flores que adornen tus laderas”. La verdad es que él tampoco, sólo a veces le salen algunas llaretas y alguna flor silvestre o cactus. Pero, Mama Killa, eso no es todo el tiempo. Yo claro, no tengo esas flores o esos cactus, pero tengo una cosa que él no tiene: son mis pies cosquillosos y brillantes. Pero, Apu Toro dice que eso no cuenta, que debo tener cactus, flores y frutos y reír con los colores de las flores y gozar con los frutos, como él goza”.
Mama Killa bajó con sus rayos de luz e iluminó las laderas de Apu Vicuña. Vio cómo, evidentemente, a sus pies había un montón de piedrecillas, brillantes y robustas que hacían cosquillas incluso a los rayos de luz de Mama Killa.
Mama Killa llamó a Tata Inti, le explicó los motivos por qué Vicuña estaba triste. 
Tata Inti le contó que Apu Toro estaba también triste, pero era porque Apu Vicuña estaba siempre muy sola y no quería hablar.
Tata Inti le había dicho que hablaría con Mama Killa y juntos verían qué hacer para dar alguna felicidad a los dos apus.
Ahora que sabían cuál era el motivo de la pena de los apus, decidieron hacer algo.
Mama Killa, dijo muy feliz, que ella tenía la idea de que aprovecharía las piedrecillas de Apu Vicuña y con ellas haría algo hermoso y muy, muy grande. Tata Inti dijo que él también daría algo más a Apu Toro para hacerlo mas feliz.
Mama Killa decidió que sería una buena idea esparcir las piedrecillas por todo el planeta y hacer que se movieran de esa manera, cultivando así otros apus menores que serían las dunas.Además, serían blandas y brillantes para que los cocodrilos y las tortugas pudieran hacer sus nidos. Los cangrejos y calamares pudieran esconderse debajo de ella.
Tata Inti estaba muy feliz con esa idea. Él daría a Apu Toro más flores y más cactus.
Fueron a ver a Apu Vicuña, le comentaron el plan. Apu Vicuña estaba tan feliz que empezó a deshacerse y soltar mucha arena. 
Fueron a ver a Apu Toro y lo mismo, él estaba feliz con aumentar sus flores y frutos. 
Tata Wirakocha, al ver a los apus felices, decidió ayudar con algo muy importante. Encargó a la diosa menor Waira (del viento) que distribuya la arena por toda la tierra.
Así, como verás, el desierto de Atacama es el padre de todos los desiertos. Distribuye su arena por el mar y por la tierra, sus piedrecillas vuelan felices poblando otros desiertos, otras playas, otros ríos y lagos.

*Docente emérito de la Universidad Anglia Ruskin, en Cambrige, Reino Unido.