Chile se comprometió a resolver el problema del acceso con soberanía

Gustavo Fernández fue canciller en tres momentos distintos (1979, 1984-1985, 2001-2002)
Foto: Cambio

Fernando del Carpio Z.

Entrevista: Gustavo Fernández Saavedra (Excanciller de la República)

La Organización de los Estados Americanos (OEA), que se reunió en la ciudad de La Paz en 1979, aprobó la Resolución 426, que declaró el problema marítimo de “interés hemisférico”, y Gustavo Fernández Saavedra fue el anfitrión de ese evento en su condición de canciller, cargo que ocupó desde el 9 de agosto hasta el 1 de noviembre de ese año.

También fue canciller durante la presidencia de Hernán Siles Zuazo (del 10 abril de 1984 al 10 de enero de 1985), inició una negociación con el canciller chileno Jaime Del Valle, y en el gobierno de Jorge Tuto Quiroga (del 6 de agosto de 2001 al 6 de agosto de 2002) encaró el “avance de la venta de gas a partir del puerto de Patillos”.

Fernández es uno de los 15 invitados a las audiencias orales en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), y sobre toda esta temática respondió telefónicamente a Cambio.

Doctor Fernández, en su condición de canciller le tocó establecer  negociaciones con Chile sobre nuestra más que centenaria demanda, ¿qué puede resaltar de ese momento?
En octubre de 1979, en La Paz, se realizó la IX Asamblea General Ordinaria de la OEA, era un momento histórico importante no solamente porque en esa ocasión la agenda incluía el tema marítimo, la demanda boliviana de acceso soberano al mar, sino porque chocaban en la Asamblea General las dos grandes corrientes políticas del continente: la democrática, apoyada desde el norte con México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y los gobiernos militares de Chile, Argentina, Paraguay y Brasil, que comenzó su transición. Una confrontación política entre esas dos corrientes. En medio de ese escenario político prevaleció la unidad continental sobre la demanda boliviana de acceso soberano al océano Pacífico. En esa oportunidad, sobre todo por el apoyo activo de Venezuela, de Uruguay, de Panamá, Costa Rica, Colombia y el apoyo firme de los países andinos (Colombia, Ecuador y Perú), la Asamblea aprobó por unanimidad, sin abstenciones y con un voto en contra (el de Chile), la Resolución 426, que pone en evidencia la solidaridad política continental respecto de la demanda boliviana, y resolvieron considerar el problema anualmente, de manera de mantener la observación regional sobre el cumplimiento de esa recomendación a las partes para que negociaran una solución que le permitiera a Bolivia tener acceso soberano al océano Pacífico con conexión territorial y sin compensaciones territoriales. Es una declaración importante y se preparó en un tiempo relativamente breve porque el gobierno del presidente Wálter Guevara Arce había asumido un mes y medio antes de la asamblea. El trabajo preparatorio que hizo el embajador Gonzalo Romero en Washington, el apoyo firme y claro, y la orientación del presidente Guevara permitieron llevar adelante esa asamblea, que —como usted sabe— a su conclusión fue seguida por el golpe del coronel Alberto Natusch Busch, que interrumpió la sesión política y diplomática que debía seguir a esa resolución. Fue una de esas equivocaciones políticas históricas de las cuales el país tardó mucho tiempo en reponerse.

Para mí fue muy honroso participar en la negociación, actué de manera directa en la redacción de la resolución. El embajador Romero realizó una brillante presentación de los antecedentes en la Comisión Permanente, y el equipo de la Cancillería hizo una gestión excelente. La asamblea comenzó con un discurso del presidente Guevara que marcó la línea de nuestra política.

Usted ya estuvo en la Corte Internacional de Justicia (2015) en ocasión del incidente planteado por Chile, y ahora, cuando está a punto de concluir el proceso, ¿qué expectativas tiene respecto de las audiencias orales?
Uno de los elementos más importantes del proceso ya ocurrió. La sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre el incidente preliminar es un antes y después en el tratamiento jurídico del tema, porque cortó de raíz la afirmación histórica de Chile de que no existía un tema pendiente con Bolivia y que todos los asuntos territoriales habían sido resueltos en el Tratado de 1904.

El fallo del incidente preliminar dice claramente que el problema del acceso soberano de Bolivia al mar nació justamente en el momento en que cedió sus territorios en el Tratado de 1904. En ese momento quedó enclaustrada y apareció el problema de su acceso soberano al mar, hecho que fue inmediatamente reconocido por las autoridades chilenas a lo largo del tiempo, porque coincidieron en que uno de los resultados de la guerra no debía ser la condición mediterránea permanente de Bolivia, el enclaustramiento de Bolivia. Ese fallo sobre el incidente preliminar ya cortó línea en el tratamiento del tema. Lo que vaya a ocurrir de aquí en adelante es, sin ninguna duda, importante, pero ese hecho —para mí— justifica la acción que se inició en la CIJ.

¿Cuál es la importancia de que Chile se siente a explicar en la CIJ por qué no resolvió la mediterraneidad de Bolivia, aún asumiendo el compromiso de enmendar lo que provocó el 14 de febrero de 1879?
No es tanto explicar por qué. Bolivia ha reunido los antecedentes suficientes como para demostrar que Chile se comprometió a resolver el problema de acceso soberano de Bolivia al mar, en muchísimas oportunidades, en actos, declaraciones bilaterales explícitas de sus autoridades, en negociaciones y convenios con Bolivia, que fueron frustrados, pero en todos esos actos quedó ese principio de que Bolivia no debía quedar enclaustrada permanentemente, ése es el dato. Bolivia ha aportado los elementos para que la Corte los recoja, Chile usará los argumentos que use para defenderse, es su derecho. Lo importante es que la claridad de la argumentación boliviana debe influir en la decisión de la CIJ.

¿Considera que después de los alegatos orales los jueces de la CIJ responderán positivamente a la demanda boliviana?
No quisiera adelantarme a eso, porque debemos confiar, por eso estamos en la Corte, en la fuerza de nuestros argumentos y en la inteligencia, calidad e independencia de los magistrados. Ellos decidirán cómo recogen nuestra argumentación, que está muy bien planteada.

Ahora se habla de lo que se viene luego de los alegatos, ¿cree que el gobierno de Sebastián Piñera estará dispuesto a negociar, tomando en cuenta que en varias ocasiones dijo que el tema soberanía no se toca?
Vamos a ver. Desde hace algún tiempo, después de volver de La Haya en 2015, en varias reuniones, oportunidades y en ocasiones de manera pública, como en la presentación del libro de Carlos Mesa, afirmé que Bolivia debía prepararse para la fase siguiente. En algún momento se iba a establecer una negociación de Bolivia con Chile y había que preparar la estrategia de la negociación. Una estrategia que tiene muchas dimensiones y que debe pensarse cuidadosamente. El momento después del fallo va a impactar, cualquiera que sea el fallo, ya sea en Santiago o en La Paz, y ambos Gobiernos van a necesitar un tiempo para asimilar ese resultado. Es como un partido de fútbol, la gente recibe el impacto, luego madura las consecuencias del partido, eso va a llevar un tiempo probablemente. Pero, más allá del presidente Piñera o quien ejerza el mando en Chile, yo creo que el tema es que Chile debe pensar ahora con profundidad y seriedad qué tipo de relación quiere sostener con Bolivia, ése es el tema de fondo. Si puede continuar tratando de evadir la responsabilidad que asumió cuando prometió negociar un acceso soberano al mar y resolver un diferendo que lo separa de uno de sus vecinos que le abre la puerta del interior del continente. Chile tiene la llave del mar, nosotros creo que tenemos un peso importante en la presencia y acción del país costero de Chile en el interior de América Latina, al fin de cuentas estamos en el corazón de la región. Ellos deben pensar de qué manera quieren enfrentar la relación. Nosotros hemos sostenido esta línea de resistencia y sostenimiento de la demanda boliviana desde hace 139 años, podemos seguir en esa línea. La pregunta es: ¿Chile quiere seguir en ese propósito de confrontación que finalmente no atiende sus propios intereses? Ésas son las preguntas que se deben formular.

En la nueva fase que se abrirá, ¿qué líneas debe seguir Bolivia?, ¿se debe considerar la propuesta de la compensación?, pero ¿de qué tipo?
Yo no adelantaría nada sobre esos temas mientras la negociación se instale. No creo que sea adecuado ni prudente sustentar públicamente hipótesis de negociación. Debe discutirse, valorarse cuidadosamente, considerar las posibilidades que tiene uno y otro planteamiento, los costos que representan, las ventajas que trae y, cuando se haya hecho el balance, formular el planteamiento, pero no tiene mucha utilidad —y hasta puede ser contraproducente— adelantar hipótesis sobre uno u otro aspecto, llámense compensación, corredor, todas esas cosas. Mi recomendación sería, como hace un buen negociador, mantener las cartas antes de jugarlas y definir bien cuál carta antes de jugar.

¿Cuál debe ser el rol del Perú en la etapa pos La Haya?
Ése es un tema que entra en el rango de los temas que le acabo de mencionar. ¿Cómo adelantar opiniones sobre lo que el Perú debería participar? Desde luego, Perú es una pieza central en la historia de Bolivia, antes, después de la Guerra del Pacífico y después de todos estos incidentes. Perú es uno de los objetivos centrales de la política exterior boliviana, más allá de la salida al mar, mantenerla, fortalecerla, ampliarla en la convicción de que, cuando llegue el momento, el Perú tome la conducta histórica que le parezca más apropiada. 

Por último, ¿qué nos puede decir sobre la reacción del pueblo boliviano a todo este proceso?, ¿considera que está en línea a lo que pueda dictaminar la Corte?
El pueblo boliviano ha seguido con mucha inteligencia y prudencia el avance del proceso en La Haya. Si algo ha mostrado el juicio y si se publican los documentos de la demanda boliviana, se va a ver con mucha más claridad que es un momento más de una larga historia de negociación y de planteamientos bolivianos. La conducta boliviana debe verse durante más de un siglo, en el que demostró firmeza para mantener su demanda, claridad para no dejarse llevar precipitadamente por soluciones que parecían correctas pero que no funcionaron y la capacidad del país para construir una nación a lo largo de más de 100 años en medio de las circunstancias y condiciones más difíciles. Ése es el dato que hay que juzgar, y lo va a ver la opinión pública boliviana, éste es un momento sin duda alguna, pero parte de una cadena que lleva tiempo atrás y probablemente va a tener otros eslabones de aquí para adelante.