“El objetivo es no volver a la A”

Peña junto con su esposa, Katherine, en un momento lejos del fútbol. El cruceño tienes sueños como técnico.
Familia Peña

La Paz / Reynaldo Gutiérrez

El DT de Destroyers, José Peña, habla del momento que vive, de lo bueno y malo del fútbol, y de sus objetivos al frente del equipo cruceño, que volvió a la Liga después de 10 años.

—¿Cómo se siente como DT de un club profesional?
—Esto es lo que uno deseaba, pedía una opción de trabajo, que gracias a Dios se nos dio y logramos nuestro primer objetivo: ascender a la Liga. Es un privilegio hacer lo que hacemos. Debutamos con un resultado adverso, pero vamos a reencaminarnos porque tenemos gente para honrar nuestro trabajo a lo máximo.

—¿Cómo fue la transición de futbolista a entrenador?
—No tuve mucho problema. Una tarde ya no quise ir a entrenar con mi equipo, me cansó, no el jugar fútbol, sino el manoseo de los dirigentes de esa época y decidí no jugar más fútbol por las muchas mentiras que te desilusionan.
Después estudié dos años para ser técnico en el ISEF (Instituto Superior de Entrenadores de Fútbol) de La Paz, que estaba a cargo del profesor Luis Orozco. Luego dirigí divisiones menores en Santa Cruz, volví a estudiar, esta vez en Argentina, por otros dos años y saqué mi título ATFA (Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino).
Cuando volví, dirigí a Bancruz Piraí. La dirigencia de Guabirá vio nuestro trabajo y nos contrató, lo sacamos campeón, ascendimos, y después vino la condicionante de los dirigentes, quienes me dijeron: “Yo te traigo los extranjeros, vos trae los nacionales”. Les respondí que eso no era lógico, que era un trabajo del entrenador y su cuerpo técnico, eso no les gustó y me despidieron. Lo único que les pedí fue que me paguen por el trabajo que hice.
Salimos por no ser sumisos a un dirigente. Está bien que pongan las condiciones de trabajo, pero que no exijan más de lo que pueden dar. Después dirigí a Ciclón, de Tarija, salimos campeones, no jugamos la Copa Simón Bolívar por falta de recursos económicos. Luego entrené a Real Santa Cruz, con éste estuvimos a un paso de subir a la Liga en 2012.
Después paré cuatro años, aunque dirigí divisiones menores en el club Nuevos Horizontes. Jugamos partidos con Destroyers, los dirigentes vieron el trabajo que hacía y se dio el acercamiento, arreglamos y ascendimos a la Liga.

—¿El manoseo es un problema del fútbol boliviano?
—Es un problema del técnico, no del dirigente, porque si un entrenador se deja manosear, los profesionales nos devaluamos. Si uno le hace caso al dirigente y el equipo no funciona, el técnico es el culpable. Si un DT trae sus jugadores y el equipo no funciona, el técnico es el culpable, entonces de una u otra manera te van a botar.
Es recomendable que esa labor se haga en equipo, donde haya una comisión deportiva, gente del directorio y cuerpo técnico para definir si contratamos a tal o cual jugador.
 
—¿Qué cambios sintió?
—Ninguno, el dirigente se molesta cuando uno es frontal y no se deja manosear, y dice de uno que “es un camba que no sirve para nada”, pero cuando ocurre lo contrario “es buen muchacho”. Yo soy como soy porque nací en el fútbol, me crié en la gradería del estadio, toda mi niñez la pasé ahí, trabajé vendiendo empanadas, mocochinchi, y estoy orgulloso de mis padres porque me enseñaron a ganarme el peso diario honradamente.

—¿Cómo llevó a Destroyers a la Liga?
—Unas de las principales armas es que nosotros, con todos nuestros problemas y cargas, nos encomendamos a Dios, le hicimos una promesa y cumplimos con fe, y Él nos ayudó, nos dio otra manera de pensar, de trabajar, ideas nuevas para ir adelante, porque ante todo Él está primero, por eso hemos ido por buen camino.
Hace seis años que soy creyente, y mi vida ha dado un vuelco de 180 grados, y gracias a Él llegaron los éxitos.

—¿Cómo le dejó el debut ante el equipo de su hermano Álvaro?
—Yo defiendo los colores de Destroyers, y Álvaro de Wilstermann. Él juega a ganar, yo también. Esta vez le tocó salir vencedor a él. En el fútbol no porque sea el más chico me voy a dejar meter más goles o porque mi hermano necesita los puntos me voy a dejar ganar. No, no soy así.
Perdimos, es el inicio, y tenemos que mejorar para los siguientes partidos. Somos mansos como palomas, pero somos astutos como las serpientes.

—¿Se reúnen para analizar el fútbol y tienen coincidencias en la idea futbolística?
—Un hijo es distinto a otro, un hermano es diferente a otro. Por ejemplo, nuestro papá era boxeador y nosotros salimos futbolistas, pero nos sentamos y hablamos de fútbol. A nosotros nos costó trabajar. 
—¿Con qué cosas raras se topó en el fútbol?
—En Destroyers no recibo ni un peso del jugador, el empresario o dirigente para acomodar jugadores. Tengo que ser limpio porque es parte de la naturaleza que el mundo no conoce, pero Dios sí.
Al presidente de Destroyers (Pedro Rivero) lo admiro mucho, porque es un tipo muy ordenado, un empresario exitoso, al punto que nosotros hemos cobrado ya el sueldo de febrero, y todo es parte de un trabajo. Así que cuando se entra a la cancha tiene que ser para ganar, olvidando quién está al frente, porque a mí en casa me enseñaron a ser primero, no segundo, con mucho respeto.

—¿Esa forma de pensar no le trajo problemas alguna vez en su carrera?
—Mire, en el fútbol mucha gente quiere estar aunque sea de llevachuteras. Le cuento que perdí un amigo de 40 años. Un día me llevó a su hijo de 27 años, nunca había jugado en el fútbol profesional ni siquiera en un equipo de la A, y me dice “trata de hacérmelo contratar en Destroyers porque vos decides”, le dije que todo dependía de sus condiciones. Cuando le hice la prueba, el chico no sabía ni correr, así que le dije que no podía porque no reúne condiciones, y el muchacho se puso a llorar como un niño, entonces mi amigo se enojó.
Si no aprendo a cuidar mi trabajo, voy a ser un fracasado, como lo fui cuando era joven, porque me metí en drogas, alcohol. Pero Dios fue bueno conmigo porque me dio la posibilidad de jugar en Colombia, Copa Libertadores, salir campeón, subcampeón, teniendo una vida desordenada, por eso los entrenadores tenemos que ser ejemplo.

—¿Es una ventaja o desventaja que Santa Cruz tenga seis clubes en la Liga?
—Para mí es ventaja porque solamente voy a tener tres salidas y un interserie contra Royal Pari, es decir ocho partidos en casa, tomando en cuenta que ir a La Paz, Potosí, Oruro, es difícil, aunque no imposible.
Les dije a mis jugadores que no tenemos que perder en casa ni con Bolívar, Wilstermann, Oriente Petrolero. Ganando todos los partidos agarramos Copa Sudamericana.

—¿Cuál es el objetivo?
—El objetivo es no volver a la A, después miraremos más arriba. Tampoco podemos pedir más cuando no estamos en condiciones.

—¿Cómo ve el fútbol profesional?
—Nuestro fútbol está manejado por dos o tres equipos que elevan los precios de los jugadores por las nubes, por eso nos costó armar el equipo, ya que el que menos pedía era cuatro mil dólares y así no se puede competir de igual a igual. Por eso también hay un desequilibrio, unos son buenos y otros malos, al margen de la falta de fomento en divisiones menores, que para el dirigente es una inversión, no un gasto, pero lo entienden al revés.

—Cuéntenos una anécdota.
— En mi equipo tenía un muchacho, que ahora ya no está por un tema económico. Jugó dos partidos del ascenso, en Yacuiba y en Santa Cruz. 
Le dije: “Vos tienes que cuidarte, cuidar tu físico, no puede ser posible que hasta ahora no pares con la comida, ponle un cierre a tu boca. Todos los días le molestaba, lo amenazaba con echarlo del equipo porque no enflaquecía, y en dos meses no bajó ni 10 gramos. Entonces comencé a controlarlo, antes de pesarse me pedía ir al baño, una vez lo seguí y se estaba metiendo los dedos a la boca para vomitar y pesar menos. Comía mucho, fue muy gracioso y penoso al mismo tiempo.

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Perfil

José Enrique Peña, exjugador y entrenador de fútbol cruceño de 49 años. Es el actual técnico de Destroyers. Cuenta sobre los objetivos que tiene.