La rara entereza de Lindaura Anzoátegui de Campero

Por Rossemarie Caballero Vega*

Lindaura nació en el Valle de Tojo (cantón de la provincia Avilés, departamento de Tarija), nieta del aristócrata  marqués de Tojo. A sus 16 años quedó huérfana de madre y también a esa edad perdió a su hermano. Más tarde se comprometió y casó con el coronel Campero, con quien viajó a Europa cuando el coronel fue designado embajador en Francia, en 1888. A su retorno, quizá influenciada por la cultura europea, publicó su primera novela…. Utilizaba dos seudónimos para escribir. El Novel y Tres estrellas, llegando a publicar el total de cinco novelas: La madre, 1891; La mujer nerviosa, 1891; Luis, 1892; Cuidado con los celos, 1893; Huallparrimachi, 1894; Don Manuel Ascencio Padilla, 1976; el ensayo Cómo se vive en mi pueblo. Estampas, 1892, y varios poemas, según el libro Más de cien escritores bolivianos (2017) de combate cívico, entre ellos el emblemático Bolivia, dedicado a su esposo, develando el sufrimiento de una mujer y madre en tiempos de la Guerra del Pacífico.
El por qué del título del presente ensayo se explica con el fragmento de Urquidi: Los azares de la política y lo precario de la situación económica (…) siempre la hallaron de rara entereza de carácter, a prueba de vicisitudes. Sufriendo el general Campero hostilidad encarnizada… (1919, 83), fragmento que rescato como base del título de este documento “La rara entereza de Lindaura Anzoátegui de Campero, primera novelista feminista boliviana”.
Virginia Ayllón (2006) señala: “Primera dama por su doble  característica  de  ser  esposa  del  presidente  Narciso  Campero  (presidente  entre 1880 y 1884), pero también por ser la primera narradora boliviana,  la  primera  en  usar  la  pluma  para  la  denuncia  de  la  situación  del  indio  en  la nueva República, la primera en impugnar las vicisitudes de la vida política  y la primera en cuestionar la situación de la mujer en el nuevo país denominado Bolivia”. Y con toda razón complementa que “el carácter de la literatura de  Lindaura Anzoátegui de Campero es fundacional en las letras bolivianas”. Asimismo, en otro estudio, Ayllón & Olivares la declaran escritora “suicida”, junto a las pioneras autoras bolivianas Adela Zamudio, María Virginia Estenssoro e Hilda Mundy: “Este ensayo se acerca a la vida y obra de cuatro escritoras que se suicidaron frente a la sociedad, aceptaron, cada una a su modo, ponerse en boca de las demás, o sea hacerse palabra pública” (2010:149). Unas más que otras sufrieron por su atrevimiento, las cuatro optaron por caminos vedados para su época.
Si recurrimos a la cronología de autoras bolivianas nos encontramos con pioneras y el género en el que destacaron, a saber: Josefa Mujía (Sucre, 1812, poeta);  Mercedes Belzu Gorriti de Dorado (La Paz, 1835, poesía); Lindaura Anzoátegui (Tarija, 1846, novela); Hercilia Fernández de Mujía (Potosí, 1860, poesía); Adela Zamudio (Cochabamba, 1854, poesía);  Virginia Estenssoro (La Paz, 1902, novela) e Hilda Mundy (Oruro, 1912, poesía), entre otras. El texto Bolivianas ilustres; heroínas, escritoras, artistas; estudios biográficos y críticos, de José Macedonio Urquidi (1918) la identifica como literata eximia, la mejor novelista acaso de la República, cantora de sus tradiciones de gloria.
Casi un siglo después, los descendientes de Anzoátegui Campero de Campero, en 2006, publican Desafío de mujer, vivir sin el velo de la ilusión, por Editorial Plural de La Paz, en cuya contratapa se lee: “Al igual que la de otras, la de Lindaura Anzoátegui de Campero forma parte de la rica tradición de mujeres bolivianas, quienes desde la cultura han abierto brechas para la activa participación de la mujer en la vida contemporánea de nuestro país. Sara Romero de Salamanca, en su discurso de presentación del libro Don Manuel Ascencio Padilla (2006), señala: “Creo que en el Año Internacional de la Mujer es oportuno que una de las grandes escritoras bolivianas merezca el homenaje de dar la estampa su novela histórica inédita. Será un doble reconocimiento: a Lindaura Anzoátegui de Campero y  su personaje preferido y admirado, Juana Azurduy de Padilla, refiriéndose a ella como: “La guerrera americana más ilustre (1919). La heroica amazona de la gran guerra, la libertadora de Bolivia, la gran Juana Azurduy de Padilla, de donde las mujeres bolivianas heredamos la valentía y el denuedo de mujer patriota”. En la obra Huallparrimachi, la denominan ‘endemoniada viuda’ por el terror que inspiraba la fortaleza y lucha de Azurduy, nacida el siglo XVIII en Alto Perú.
Urquidi (1919) destaca su inteligencia descollante y excepcionales virtudes. Narradora y detallista. Sus escritos tienen originalidad, hay variedad en la trama que interesa, los diálogos son naturales, espontáneos. El lenguaje es fácil y correcto. Ahí muestra la autora talento de amplias vistas, genio vivaz e intuición rápida, su estilo es ágil, sobrio y pintoresco en éstas como en todas sus obras (p.84) Mientras que al general Campero describe como “uno de los presidentes más patriotas, más abnegados y más honrados que ha tenido la República de Bolivia, comparado con Sucre mismo, hizo la transmisión legal del mando supremo en 1884 en la capital”.
Ayllón (2006) lo confirma: “Es con su obra Cuidado con los celos que Anzoátegui ha logrado su conciencia de ser escritora y el oficio que esto implica: a través del ser mujer y el ser indio en la Bolivia del siglo 19. En esta novela, mujeres e indios comparten dos características en su deber ser: la lealtad/fidelidad y el sacrificio. Ambos llegan a ser cuando se sacrifican” (…) En Bolivia, indios y mujeres no tenían derecho al voto, la gran Adela Zamudio (1854) lo denuncia en su poema Nacer hombre: “Vota el pillo peor, permitidme que me asombre, porque es hombre”. La revolución de 1952 concedió a la mujer el ejercicio de sufragar en las elecciones de 1956; es decir, un siglo y 31 años después del nacimiento de la República de Bolívar, hoy Estado Plurinacional de Bolivia.
El carácter pionero de Lindaura, más allá de su rol como primera dama o primera narradora, es en palabras de Ayllón: Denunciar la situación de la mujer, el deber ser femenino construido en la Bolivia del siglo XX, porque avizora los que después Zamudio nombra e instaura, crea a la mujer boliviana. Como se advierte, Anzóategui percibió algunos elementos de la estructura del Estado colonial y los nombró desde el reclamo de la atención a la mujer, habida cuenta de su aporte a la construcción de la nación y también intuyó la estructura colonial jerarquizada del nuevo Estado (Ayllón, 2016). Estos elementos nos muestran fehacientemente la preocupación y lucha de Anzoátegui por los derechos de la mujer durante el siglo XIX. Es en virtud a esa lucha que me animo a distinguirla como la primera narradora feminista de Bolivia.

*Poeta, ensayista, narradora y docente cochabambina