El proyecto de escuela ayllu que fue compartido en México

Fundadores: Mariano Ramos, Elizardo Pérez y Avelino Siñani

El modelo educativo comunitario, la mayor experiencia de educación rural en América Latina, un ejemplo del cual aprender y adaptar en países como México, todo eso representó la escuela ayllu de Warisata entre el 2 de agosto de 1931 y el momento en que fue cerrada, en 1940.
El 2 de agosto, el Museo Nacional de Arte (MNA) abrirá una muestra fotográfica  que resume en imágenes la historia del proyecto humano concebido por Abelino Siñani y Elizardo Pérez.
La escuela, situada a más de 3.900 metros sobre el nivel del mar, en las faldas del Illampu, cantón o pueblo de Warisata, provincia de Omasuyos, a 11 kilómetros de Achacachi y a 100 km de la ciudad de La Paz, fue creada en una época en la que niños y jóvenes indígenas representaban para los intereses de predominio gamonal y minero la fuerza de trabajo gratuita, y educarlos constituía un atentado a sus intereses. Por ese motivo, Warisata recibió varios ataques y sobrevivió nueve años antes de que el Gobierno de entonces le quite su apoyo y ordene su cierre total.
Arturo Vilchis, docente e investigador de la Universidad Autónoma de México (UNAM), en varios de sus escritos enfocados sobre todo en el legado de Gamaliel Churata (Arturo Pablo Peralta Miranda) hace énfasis en la escuela ayllu y destaca la importancia que, en esos años, tuvo para México el proyecto educativo. Vilchis menciona que los primeros esfuerzos para la creación de escuelas indigenales en Bolivia se dieron años antes de Warisata, esfuerzos que fueron reprimidos por latifundistas, autoridades y vecinos de los pueblos aplacados. Uno en particular fue el  caso de “Marcelino Llanqui, destacado cacique y profesor ambulante, quien en 1920 instaló dos escuelas indigenales en Jesús de Machaca, y quien un año después estuvo ligado a la rebelión de Jesús de Machaca (1921)”.
Luego de consolidarse Warisata, la experiencia es reconocida en el exterior y más aún cuando el entonces ministro de Educación de México, Lázaro Cárdenas, realiza una invitación para que seis becarios de la escuela intercambien experiencias en el país centroamericano.
La propuesta de becas surge a raíz de los comentarios que le hiciera a Cárdenas el entonces diplomático boliviano en tierra mexicana, Alfredo Sanjinés, quien a su vez mantenía correspondencia con Elizardo Pérez. El que sería después uno de los más populares presidentes de México, había implementado una reforma educativa (1934) con base en la educación socialista.
Los maestros de Warisata tenían grandes expectativas en ese encuentro con México; sin embargo, el Gobierno boliviano intervino y solo se otorgó una beca a un profesor warisateño, Carlos Salazar Mostajo, las otras cinco se otorgaron a intelectuales contrarios a la causa y a funcionarios del gobierno.
A su retorno al país, los cinco becarios del gobierno se encargaron de gestionar la destrucción de la escuela ayllu hasta conseguirla. 
La muestra del MNA llega acompañada de un prólogo escrito por el profesor tarijeño Carlos Salazar Mostajo: Warisata Mía!
“... La escuela, hecha con sangre, con infatigable y gigantesco esfuerzo, fue algo más que una obra de administración. En ella pusimos todas las palpitaciones de nuestra vida, toda la energía de nuestra juventud, toda la pujanza de nuestro espíritu. Fue obra de quijotes, fue poesía y drama. Nada tienen que hacer con ella los burócratas que hoy la ocupan...”