El jugador que apagó la luz en el Maracaná

El festejo de Ghiggia después de anotar el gol que decidió el título en el estadio Maracaná, en el Mundial de Brasil 1950.
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Madrid / Fútbol táctico / Agencias / AFP

Treinta segundos. No más. La carrera de Alcides Ghiggia queda reflejada en ese tiempo. “Solo tres personas en la historia han conseguido hacer callar el Maracaná con un solo gesto: el Papa, Frank Sinatra y yo”, comentó en varias ocasiones el jugador ‘celeste’. Fue un gol que llegó después de una galopada en un Maracaná lleno hasta la bandera, con un remate raso con la derecha que entró pegado al palo. Un gol que cambió la historia de un país (Brasil), silenció al mundo y llevó al éxtasis a Uruguay.
Alrededor de ese tanto de Ghiggia en la final del Mundial de 1950 también hay miles de historias paralelas que convergen en ese instante. Con distintos personajes y en distintos escenarios. Roberto Muylaert, autor de la biografía de Barbosa, comparó las imágenes en blanco y negro del gol de Ghiggia con las del asesinato del presidente de Estados Unidos John F. Kennedy. “Tienen el mismo dramatismo, los mismos movimientos, la misma precisión... pero en vez de ser el disparo de un rifle fue el gol de Gigghia”. Un gol que provocó el ostracismo de Barbosa, portero de la selección ‘canarinha’ en ese Mundial y quien pasó a ser odiado y tachado de gafe (que trae mala suerte) por su país. El propio Ghiggia lo intentó defender afirmando que “Barbosa había hecho lo lógico” y él “lo ilógico”, pero no sirvió de nada. Otro de los grandes personajes que convergen en el gol de Ghiggia es Pelé. Lo vivió por televisión, mientras jugaba al fútbol en la calle. Ese gol le hizo prometer a su padre que sería futbolista y le daría a Brasil un Mundial. Por supuesto, cumplió su palabra.
“AL PIE”, FUE LA CLAVE
Son miles de historias más las que se amontonan sobre uno de los grandes momentos en la historia del fútbol. Según cuentan los diarios de la época, fueron muchos los brasileños que se suicidaron tras la derrota. Un gol que comenzó en el vestuario de Uruguay en el descanso. “Dígale a Julio Pérez que me la dé al pie”, le pidió Alcides Ghiggia a Juan López. El técnico habló y resultó: un balón en largo, pase atrás y el gol del empate de Schiaffino. El 1-1 hizo temblar a Brasil, que no contemplaba otro escenario que el de ganar el campeonato del mundo.
Al igual que todos, incluidos la FIFA (Jules Rimet tenía preparado ya el discurso del ganador) y la prensa, que ya había dado por campeón a Brasil, esperaban el final del juego con la victoria brasileña. 
“Nosotros lo veíamos desde nuestro hotel de concentración. Los periodistas ya habían hecho sus titulares para las portadas de los periódicos, solo faltaba poner el resultado del partido”, contó Ghiggia en una entrevista para la FIFA días después. Ni siquiera Uruguay, una selección llena de coraje, creía en lo que se consideraba un milagro.
“La noche antes del partido los más veteranos del equipo se reunieron, entre ellos Obdulio Varela, y nos dijeron que nosotros ya habíamos cumplido con nuestro trabajo, que nos comportáramos bien sobre el campo y que intentáramos que nos metieran los menos goles posibles”. Un escenario muy distinto al que realmente se dio sobre el campo.
En el frente, Brasil contaba los minutos para celebrar otro título, esta vez en casa.
 “LA GENTE LLORANDO”
El definitivo 1-2 dio origen al titular más repetido en la historia del fútbol: el Maracanazo. De repente, el gran estadio de Brasil, con 200.000 almas, se quedó en silencio. La tragedia se había echado encima de todos, con Ghiggia como verdugo. “Recuerdo acabar el partido, mirar las gradas del estadio y ver a todo el estadio llorando”, recordó Ghiggia, quien a pesar de ese tanto siempre se ha sentido “respetado” en Brasil.
“Es algo que no olvidarán nunca. Recuerdo que una vez viaje a Rio de Janeiro y a la hora de desembarcar le entregué mi pasaporte a una joven de poco más de 20 años. Ella me miraba y miraba mi documento. Le pregunté si pasaba algo, y ella me dijo: ‘¿Usted es Ghiggia?’. Yo respondí que sí, pero que había pasado mucho tiempo de eso, aunque ella me contestó que no, que aquí ese gol ha pasado de generación a generación, y es cierto. En Brasil, a pesar de que han pasado más de 60 años, todo el mundo conoce ese gol. A pesar de eso, cada vez que voy la gente se comporta muy bien conmigo, me piden fotos, autógrafos, para mí es muy importante”, contó el uruguayo.

ALGO MÁS QUE UN GOL
Ese gol en el Maracaná convirtió a Ghiggia en héroe nacional con apenas 23 años, cuando todavía a uno lo domina el ímpetu. Tanto que hasta el técnico de Uruguay, López, le tuvo que frenar tras marcar el 2-1. “Ese loco quería hacer el tercero”, comentan que señaló el técnico ‘charrúa’ después del encuentro.
Pero detrás de ese gol en el Maracaná hay mucho más. Hay una carrera en algunos de los más grandes equipos. Ghiggia nació el 22 de diciembre de 1926 en una familia acomodada con un marcado carácter patriarcal. No vio a la primera Uruguay campeona del mundo, pero sí escuchó la leyenda de la selección ‘charrúa’. En sus primeros años jugó al baloncesto y fútbol, sin tener claro cuál iba a ser el camino. Pero Ghiggia acabó decantándose por lo segundo. “Su zancada era larguísima, era un galgo. Era casi imposible de derribar y tenía un coraje a toda prueba. Cuanto más le pegaban, más se agrandaba. Nunca volvió a haber un puntero como él”, señaló sobre él en algunas líneas Franklin Morales, periodista uruguayo. 
Dio sus primeros pasos futbolísticos en el modesto club Institución Atlética Sud América de Montevideo, donde estuvo hasta el 22 de abril de 1948, fecha en la que se incorporó a la disciplina del equipo de sus amores: Club Atlético Peñarol de Montevideo.

‘ESCUADRILLA DE LA MUERTE’
Ghiggia formó parte de un equipo inolvidable: la Escuadrilla de la Muerte. Además de por su juego, el ‘celeste’ destacó también por su temperamento dentro del campo.
En un Peñarol-Nacional de 1952 fue suspendido durante 15 meses luego de agredir a un árbitro. Una sanción que precipitó su salida a Italia en 1954, a la Roma, un equipo que volvía a reconstruirse tras la Segunda Guerra Mundial.
El uruguayo llegó como una estrella mundial, aclamado por la afición capitalina. Allí vivió ocho años llenos de grandes momentos, siempre sobre la banda derecha. Era la ‘dolce vita’, con sus tres Alfa Romeo y enamorado de las romanas. “Era muy cortejador, pero tenía un corazón y una generosidad excepcionales”, recordó su compañero, Giacomo Losi. Una etapa en la que el uruguayo, con orígenes italianos, jugó con la ‘azzurra’ desde su debut en 1957 hasta el 28 de febrero de 1959, jugando su último partido ante España. 
A pesar de ganar solo una Copa Ferias, contra el Birmingham, Ghiggia fue el gran ídolo de la afición romana. Su otro gran título a nivel de clubes lo conquistó en su único año en el Milan: el Scudetto.
Con 37 años y dispuesto a retirarse, volvió a Uruguay, donde se fue de gira con otras viejas glorias del pasado para recaudar fondos para un hospital de niños. El fútbol profesional parecía que se había acabado para él, hasta que los dirigentes del Danubio lo llamaron para que volviera. Ghiggia se lo pensó una y otra vez, venciendo al final su gen competitivo. Su carrera se prolongó cinco años más, para retirarse con 42 años.
Tras su retirada, solo estuvo como entrenador unos meses (en 1980 lo volvió a intentar con Peñarol) y posteriormente, gracias al triunfo en el Mundial de 1950, el Gobierno de Uruguay le dio trabajo como inspector público en el Casino de Montevideo.

SU PARTIDA DEJÓ UN VACÍO
Alcides Ghiggia murió el 16 de julio de 2015 a consecuencia de un paro cardíaco. El destino quiso que el héroe de aquella tarde histórica en el Mundial de 1950 muriera el mismo día en el que se celebran 65 años del recordado Maracanazo.
Ghiggia, que tenía ya 88 años, luchaba hace 10 años contra un cáncer. Había ingresado una noche anterior a un hospital en Montevideo. La familia informó que su corazón ya estaba cansado y no aguantó el fuerte infarto.
En diciembre de 2013, Alcides Ghiggia participó en el sorteo del Mundial Brasil 2014. Estuvo acompañado por el español Fernando Hierro y la bella modelo Fernanda Lima.
Nieto de italianos, Ghiggia obtuvo la ciudadanía de ese país e integró también la selección ‘azzurra’, con la que anotó un gol. Fue “un honor jugar en una selección que no era la mía”, recordó en una entrevista de 2010 con AFP.
“La única vez que yo me puse la camiseta celeste fue en ese Mundial (1950). Después no me citaron”, seguramente porque “yo estaba en Italia y en aquella época los repatriados no se usaban”, sostuvo entonces el exjugador.
El expresidente uruguayo José Mujica dijo que”el nombre de Ghiggia va a ser imborrable” porque “no hay duda de que ese gol marcó la hazaña deportiva más grande de la historia de Uruguay y probablemente la mayor hazaña que se haya escrito”. 
Mujica recordó que escuchó la final del Campeonato Mundial de 1950 en “una vieja radio Edison, de aquellos muebles cuadrados grandes con lámpara”, y que mientras transcurría el partido “estaba poco menos que metido dentro de la radio”.

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88 años

Alcides Edgardo Ghiggia Pereyra nació el 22 de diciembre de 1926 en Montevideo, Uruguay. Murió el 16 de julio de 2015.

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“Soy una persona como cualquiera”

Alcides Ghiggia fue un hombre modesto y sencillo hasta su partida. “Me recuerdan como héroe, me dicen ‘Maestro’. Yo les digo que no soy ningún maestro, soy una persona como ustedes. Tuve la suerte de jugar al fútbol, hacer un gol en la final de la Copa del Mundo y nada más. No soy nada del otro mundo. Pero no hay nada que hacer, la gente te aprecia, te abraza... es lindo, una linda emoción”, dijo en una de sus últimas entrevistas.

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Cuando jugó en el fútbol italiano fue hombre del jet-set

La plata buena y abundante que ganó en Italia se le escapó como agua entre los dedos. En su pasaje por el fútbol italiano, Alcides se subió al jet-set de la época. Estrella indiscutida se dio los gustos. Amante de los ‘fierros’ y los autos de carrera, lo convocaban a la pista de Monza para probar los Ferrari de la escudería de Maranello. Fueron años de beberse la vida a borbotones. “Los amigos que el oro me produjo” —vieja, triste y real sentencia tanguera— le tendieron una celada complicada en la cual se vio envuelto con un final tan aciago, como no deseado... Pero Alcides Ghiggia nunca se quejó. Lo archivó en su memoria como una mueca del destino.
Poco a poco, con el paso de los años, la gloria del ‘Maracanazo’ lo fue eternizando. Uno a uno, los 43 jugadores que integraron los planteles de Uruguay y Brasil en la Copa del Mundo de 1950 se fueron. Quedaba él. Solo él. Él, el autor del ‘gol del siglo’. Él que se regodeaba siempre que llegábamos al Maracaná en su compañía, con la misma broma: “este estadio lo silenciamos tres personas. Frank Sinatra, el Papa y yo...” Fue el último campeón del 50 en irse.
Vivía modestamente en un pequeño apartamentito, al fondo de un corredor, en el corazón de la ciudad de Las Piedras. Hace más de tres lustros lo acompañaba Beatriz, su joven esposa, quien fue el apoyo y el sustento espiritual para prolongar una digna vejez. Percibía mensualmente el equivalente a cuatro salarios mínimos por concepto de pensión graciable, otorgada por el Estado a los campeones del mundo.

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Datos

En sus últimos años, Alcides Ghiggia fue homenajeado en innumerables ocasiones, en 2010 viajó a Sudáfrica, invitado por la FIFA, y en 2014 a Brasil, invitado para el sorteo de la última Copa del Mundo.
Contrajo matrimonio en dos ocasiones. Tuvo dos hijos en su primer matrimonio. Como ganó mucho dinero, así también lo gastó.

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En 2009 volvió a Rio de Janeiro para recibir un lindo homenaje

En 2009 volvió a Rio de Janeiro para dejar una nueva marca en el Maracaná, esta vez en la Vereda de la Fama del estadio. “Nunca pensé que sería homenajeado en el Maracaná, estoy muy emocionado. Mis sinceros agradecimientos al público brasileño”, indicó Alcides Ghiggia, cuyas marcas quedaron entre las de Eusebio, el exentrenador brasileño Telé Santana y el bicampeón mundial Djalma Santos (1958-1962).
En 2010 celebró su cumpleaños número 84 en el Museo del Fútbol uruguayo, a instancias de un empresario que impulsó además la apertura de cuentas bancarias a su nombre como gratificación a su trayectoria. “Ni cuando era joven tuve tantos reconocimientos como a esta altura de mi vida, es un honor, una satisfacción y hasta una sorpresa que la gente te siga recordando”.
Expresó que en la actualidad se valora más el ‘Maracanazo’ porque “nunca hubo un triunfo como ése en el que se le gana una final al dueño de casa y por eso tiene más valor que otros campeonatos”

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La noche previa a la final hasta los carros recolectores de basura tocaban bocina para no dejarlos dormir en Rio

La noche previa al partido final, los hinchas brasileños no dejaron dormir a los jugadores uruguayos en su hotel porque en las afueras metían bulla. Esto recordó Alcides Ghiggia de ese día...
—¿Qué pasó ese día?
—Ellos (los brasileños) son bravos, son muy fanáticos. Y nos lo hicieron sentir de varias maneras. Por ejemplo lo que les suele ocurrir a equipos de otros países que les toca jugar en Brasil: los hinchas locales se pasan durante la noche haciendo ruido frente al hotel para no dejar descansar a los visitantes, y a nosotros también nos pasó.
Otra cosa, cuando la gente se dispersaba un poco, los recolectores de basura, que pasaban muy temprano por la puerta del hotel, tocaban bocina, hacían ruido, gritaban que nos iban a hacer cinco goles. Incluso parte del periodismo había entrado en ese juego. Tengo bien presente que, el día anterior a la final, vinieron al hotel varios periodistas brasileños para hacernos notas, y más de uno, mientras acomodaban la cinta para empezar las entrevistas en unos grabadores grandes que habían traído, se hacían los “equivocados” y nos pasaban parte de los goles de Brasil ante España y Suecia, a los que habían goleado... Además, a todo esto, hay que sumarle que cuando íbamos a los entrenamientos, veíamos varios puestos de ventas de remeras y gorros con la leyenda “Brasil campeón del mundo”.
—¿Y cómo les caía todo eso?
—Y... nos reíamos, pero en el fondo nos daba mucha bronca. No podíamos creer cómo se adelantaban a los hechos. Teníamos claro que era una parada dificilísima, pero no imposible.
—¿En qué basaban la confianza?
—En que los conocíamos muy bien. Meses antes del Mundial habíamos jugado tres amistosos y en uno les habíamos ganado. Sabíamos bien cómo jugaban, cuáles eran sus puntos fuertes y también sus puntos débiles.