Ancestral ciudadela perdida en el lago guarda aún mayores tesoros

Uno de los buzos excava para extraer una pieza.
Foto: CTB

 

Jackeline Rojas Heredia  / Cambio

El hallazgo de diversos objetos arqueológicos confirma la existencia de una ciudadela que posiblemente se halla en las profundidades del lago Titicaca. Un equipo multidisciplinario trabaja en una investigación desde 2014.

Un puerto y templetes que confirman una antigua actividad comercial en la zona de Escoma, más vasijas, cocinillas, hornos para metalurgia y otros objetos en la región de Ojjalaya, cerca de Tiquina, suman  piezas al rompecabezas que posiblemente reconstruya la historia de una ancestral ciudad perdida en el lago Titicaca.

La causa, según estima un equipo de investigación arqueológico en el Lago Sagrado de las culturas prehispánicas andinas, fue una enorme inundación hace más de tres mil años.

El equipo multidisciplinario de científicos de varios países europeos, entre ellos Bélgica, Francia e Italia, realiza hace cuatro años estudios y excavaciones en el lago Titicaca, el más alto del mundo, a 3.800 metros sobre el nivel del mar.

Son liderizados por el antropólogo Christopher Delaure y apoyados  por la Cooperación Técnica Belga (CTB) y el Ministerio de Culturas gracias a la firma de un convenio en 2014.

El proyecto prevé extenderse hasta 2018, si antes no se consigue financiamiento adicional que permita ampliar la arqueología subacuática.
La responsable del proyecto Lago, Cécile Roux, destacó el apoyo de la Armada Boliviana, que vigila la zona, del Gobierno nacional y la voluntad de las autoridades de 13 municipios involucrados en el proyecto.

Entrada al Lago
El miércoles 14, un grupo integrado por la ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca, periodistas, funcionarios de la cooperación externa y algunos pobladores inspeccionaron la zona.

A bordo de los botes a motor Ollanta y Katari, el grupo llegó hasta el lugar marcado por botellas de agua y otros plásticos. “Es el corazón de las excavaciones subacuáticas”, afirmó Delaure. Carmen Calisaya, secretaria de Cultura de la comunidad, y Susana Cortez, asambleísta de Ojjelaya, acompañaron el recorrido junto a otras autoridades originarias.  

Calisaya cree que la ciudad existe, según  una historia que fue narrada por los abuelos de la comunidad. Sostiene que varias ancianas y abuelos conocían incluso los lugares donde podía estar sumergida la ciudadela.

Cortez tiene la esperanza de que a partir de ahora se puedan implementar proyectos de turismo en los que trabajen sus nietos. “Todo lo que estamos haciendo lo van a heredar ellos, todo esto va a crecer”, pronosticó.

Las lanchas se detienen y los buzos se lanzan al agua, la comunicación es a gritos y en francés.

El grupo de la Panoramique Terre (PT), empresa belga de cine y documental despliega sus equipos, el sonidista se mueve de un lado a otro con el micrófono y el camarógrafo se mantiene sobre la cubierta del bote. Frederic Cordier, director de la producción, recuerda que los científicos provienen de distintos países, aunque no todos aceptan que la ciudad exista; sin embargo él, con una amplia sonrisa, sostiene que “sí cree”.

“Bolivia es un país hermoso, si a 300 metros existen animales extraños, por supuesto que existe una ciudad sumergida”, dijo. La empresa ya grabó el pasado año un documental sobre el inicio de la historia y el trabajo que realizó el antropólogo Delaure. Actualmente se está concluyendo una película de la que se tienen 50 minutos de edición sobre la hipótesis y la historia de la ciudadela perdida. Esa producción se proyectará pronto en la ciudad de La Paz.

Explicó, mientras observaba a los buzos: “Somos un equipo de seis personas, tenemos dos cámaras bajo el agua; es increíble bucear en el lago a 15 o 20 metros de profundidad, pero el trabajo es más difícil para ellos, bajar dos metros sobre el sedimento del lago no es fácil y el trabajo es peligroso.  Ellos tienen un entrenamiento especial para bucear en altura. El tiempo límite depende de la profundidad, pero solo se pueden quedar una hora y media bajo el agua”, dijo.

En la claridad de las aguas se pudo observar las totoras agitadas y unos tubos acuáticos que parecían brillar con los rayos del sol. Se le consultó: ¿qué hacen los tubos que se desplazan como serpientes? “Son parte del equipo con el que se hacen los sondeos”, respondió.

“Hay dos sondeos diferentes a profundidades varias. Hay una parte en la que se busca con los tubos, luego se aspira el sedimento para ubicar lo que esté enterrado, eso hacen los diferentes tubos que ingresan en el agua, de esa forma se hallan huesos, piezas de cerámica, oro y otros objetos”, refirió.

 Mucho de lo que se descubrió, admite, se debe en gran parte a la tradición oral que tienen las comunidades y municipios paceños que viven a orillas del Titicaca. Otro tanto a libros sobre investigaciones anteriores e información de satélite para divisar las posibles infraestructuras.

Cooperación Belga
La responsable del proyecto Lago, Cécile Roux, recordó que se estrenó el equipamiento hace un par de semanas para el laboratorio de conservación y restauración en el Museo Arqueológico en la ciudad de La Paz. También se ha contratado a una experta belga en conservación que se quedará un año para colaborar con el Ministerio de Culturas en todos los hallazgos futuros.

Roux lamentó que en Bolivia no exista la carrera de conservadores, como sí hay en universidades en Bélgica. “Para abrir una carrera especializada en la conservación se necesita por los menos 200 estudiantes y un cuerpo docente muy especializado y eso implica una gran inversión”, dijo.

Ésa es la razón por la que Bélgica contrató a dos jóvenes expertas en conservación que integran el equipo de científicos en el lago.