Pandillas, un problema social de larga data

" Jorge Medina Barra"
No es la primera vez que miembros de una pandilla están involucrados en hechos delictivos. ‘Cartel Family’, cuyos integrantes golpearon a una pareja en la ciudad de La Paz hace unas semanas atrás, es una de las tantas agrupaciones de antisociales que buscan, a partir de la violencia, generar zozobra en la población para ganar respeto frente a otras pandillas.
Fue siempre así. Las cámaras de vigilancia que filmaron la agresión de cuatro miembros de la pandilla mostraron la cruda realidad que abunda en varios barrios y zonas no solo de la ciudad de La Paz, sino del país en su conjunto, donde jóvenes asaltan, atracan, roban y agreden —al verse superiores en número— a gente inocente que se encuentra desamparada a la hora del hecho como tal.
El problema de las pandillas es como la hierba mala que crece en el jardín. Existe y está presente entre nosotros. Uno no se puede deshacer fácilmente de ella, pero está consciente que está ahí. Es necesario combatirla y erradicarla, porque si no se lo hace, crece y se esparce y contamina nuestro entorno, incluso con el riesgo de tragarnos a nosotros mismos o a nuestros allegados.
Es menester saber que el problema de las pandillas proviene del mismo entorno o, en algunos casos, de la misma familia que tenemos. Nuestras hijas e hijos deben estar prevenidos respecto a la conformación de estos grupos que, sobre todo, apuntan a los colegios y centros juveniles como espacios donde reclutar gente o manifestar su violencia.
El Gobierno saltó inmediatamente ante la alerta y las imágenes que circulaban por internet respecto a la agresión de los miembros de ‘Cartel Family’. Pero me pregunto: ¿tendremos las suficientes cámaras de seguridad como para filmar los tantos hechos que protagonizan las pandillas en las calles? No lo creo.
Veo por conveniente elaborar un programa o política nacional, que involucre a todos los niveles de gobierno en una lucha frontal contra este mal, que no solo busque eliminar la presencia de los grupos antisociales, sino que se trabaje desde el seno mismo de la familia, la escuela y las redes sociales. No se trata de hacer campaña, sino de poner a disposición todos los mecanismos con los que cuenta el Estado para evitar que los próximos pandilleros sean nuestros amigos, vecinos o hijos.