La trascendencia del músico es proponerse y plantearse nuevos retos en la vida

Foto: Archivo
Edwin Castellanos y Fernando Torrico de Tupay.

 

Por: Diego Ponce de León M.

Entrevistado: Edwin Castellanos, artista y fundador de Tupay

 

¿Cómo te iniciaste en la música?

Mi vida artística comenzó de pequeño, probablemente tenía dos o tres años, estaba dedicado de pleno a la música, de tal manera que aprendí a tocar piano como autodidacta a los ocho o nueve años, a los 10 años la guitarra, y empecé seriamente con mi carrera artística a los 14 con la conformación de Proyección Kjarkas, con el que grabamos dos discos para la empresa Heriba. 

Posteriormente, a los 16 años fui invitado a Los Kjarkas, con quienes trabajé alrededor de 15 años. Hicimos el proyecto Pacha con cuatro de sus integrantes (Elmer, Gastón, Fernando y yo), que era parecido a esta agrupación, pero con una proyección internacional y arreglos orquestales. Contratamos al maestro Bebu Silvetti (productor mexicano) para producir 12 de nuestras mejores canciones para el primer y único disco de este proyecto. 

Lamentablemente duramos poco porque el trabajo era intenso, inclusive firmamos un contrato con EMI Music de México, lo que requería que nos quedáramos a vivir allá, por otra parte, Gonzalo (director de Los Kjarkas) se preocupó y dijo que Los Kjarkas no podía desaparecer, nos invitó a retornar. Elmer y Gastón volvieron, y Fernando y yo fundamos Tupay, la esencia de Pacha, y junto con Silvetti hicimos los dos primeros discos: América Latina y Buscando Paz. 

¿Sabes tocar varios instrumentos?

Sí, sé tocar el piano, el acordeón, la guitarra, el charango, los vientos, entre otros. Creo que es parte de la experiencia conocer todos los instrumentos para dirigir un grupo, poco a poco aprender a componer, producir, dirigir y arreglar las canciones, todo un proceso que perfeccioné. Debo estar dedicado 100% a la música por lo menos unos 35 años.

¿Con Tupay tienen 10 discos?
 

Sí, con este último, Rosas, ya sumamos 10 álbumes grabados, la mayoría con inspiraciones propias y un par de ellos (Antología de una cueca y Coplas del Carnaval del Nuevo Milenio) son discos concepto de otros autores, pero que le sumamos nuestras ideas.

¿Alguna vez pensaste en componer distinto, para nuevos fans?

Nosotros tenemos un estilo definido, un sonido marcado con un sabor a folklore boliviano y también ritmos latinoamericanos, pero los charangos y zampoñas siempre son los protagonistas a pesar de estar acompañados por grandes orquestas. Creo que es importante hacer propuestas musicales que sean composiciones inéditas y propias que le dan identidad a cualquier artista.
 

¿Qué piensas de las nuevas herramientas para grabar?
 

La tecnología avanzó muchísimo, en algunos casos facilita las cosas porque uno puede grabar en casa las canciones, pero no con la calidad de un disco internacional. Nosotros empezamos hace varios años, con las grabadoras análogas de cuatro a ocho canales, había solo cuatro posibilidades para grabar todos los instrumentos. 

Sin embargo, continuamos con el estudio, que es más moderno que nunca para grabar cómodamente, grabamos como cualquier artista en el mundo, instrumento por instrumento, voz por voz, lo mezclamos y se puede notar la fidelidad y la alta calidad del sonido. En este último disco experimentamos un poco más, no usamos muchos instrumentos electrónicos, solo el bajo, pero una vez terminado el original, lo enviamos por Internet a Venezuela, donde la orquesta de cámara de la sinfónica de ese país hizo su parte, lo mezclamos en Miami y lo masterizamos en Nueva York, de tal manera que el sonido sea completamente competitivo.

¿Te trabaste alguna vez en una idea o composición?

Ya cuando pasan los años, uno anda en constante búsqueda de nuevos retos. La palabra trabarse también cae muy bien a veces porque te replantea toda una canción, me pasó al hacer el tema Rosas, tuve que desechar un par de letras hasta que llegó la inspiración necesaria.

¿Tuviste apoyo para iniciarte en la música o fue difícil?

Fue muy notoria mi inclinación por la música desde muy chico, mi abuela y mi madre hicieron un esfuerzo grande para comprar un piano de cola, en el que comencé a chapalear y no sé en qué momento empecé a tocar. El apoyo en casa fue determinante, aunque no estaban convencidos. Creo que el hecho de que Los Kjarkas me hayan invitado a conformar al grupo más famoso de Bolivia fue un aval para que mi familia confiara más en mis deseos de ser músico.

¿Cuáles son los siguientes retos?

En mayo, Tupay inicia una serie de conciertos en Bolivia, el 4 y 5 en el Teatro 16 de Julio en La Paz, el 19 en el hotel Cochabamba, de esta ciudad, el 26 le daremos una serenata a las madres en el salón Mora Grande, en Santa Cruz, y luego continuamos con la gira internacional.