El 21F y la democracia intercultural

Foto: Cambio
El pueblo acudió a las urnas el 21 de febrero de 2016.

Juan Carlos Pinto Quintanilla

Estamos en una nueva batalla, la de redituar victorias o derrotas hace ya un año con el referéndum del 21 de febrero. El debate de fondo que se planteó entonces y en el que la oposición insiste ahora es que la alternabilidad es el fundamento de la democracia liberal. 

Esta afirmación vertida por sus opinadores académicos es relativa, y busca confundir a la ciudadanía, pues si doctrinalmente se afirma, la realidad en Bolivia y en el mundo nos muestra que la alternancia funciona según los intereses que existen en las clases dominantes en el poder, que incluso, más allá de la propia democracia, optaron demasiadas veces por el autoritarismo militar para preservar sus intereses. 

En ese sentido podríamos interpretar la alternancia como el pasanaku de sectores dominantes para tomar parte de lo que ellos asumen como botín del poder, y privilegiar a su sector en las políticas de Estado por aplicar. Esta realidad no pretende invalidar a la democracia  que ha sido parte de una construcción universal, sin embargo, su sentido fundante es el de mejorar la vida de la ciudadanía y su convivencia, no la aplicación de recetas o generar normas válidas para todos, según los intereses de algunos. 

La realidad del mundo y de nuestro país nos da pauta de la universalidad, pero también de la particularidad que significa emprender el camino institucional de construir una Democracia Intercultural, que nos exprese como somos y lo que queremos para definir el Vivir Bien como horizonte de país.

En Bolivia, para analizar la temática hoy en discusión con el cambio constitucional para la repostulación del presidente Evo debemos partir de la afirmación de que en 2005 con la primera elección con amplia mayoría no estaba ocurriendo tan solo un cambio de gobierno en el marco de la democracia liberal, sino el inicio de una nueva condición histórica para reconstruir el país, en definitiva una revolución democrática intercultural que empezaba con una elección liberal. 

Han pasado 11 años y la mayoría de la ciudadanía ha respaldado con su voto militante la gestión del presidente Evo durante ya tres elecciones;  porque más allá del liderazgo, ésta es una revolución de la representación y la inclusión mayoritaria en marcha. 

Cabe pues preguntarse con la historia mundial y del país si la alternancia verdaderamente democrática no pasa porque la mayoría sea ahora realmente protagonista luego de siglos de abandono y opresión; si no es una verdadera alternancia democrática el hecho de que la mayoría hoy decida los destinos del país y si no es un grito de resentimiento el que la minoría política pida la alternabilidad política cuando no ha existido en el país antes ni siquiera al interior de sus propios partidos, ni tampoco en el mundo. 

Es como si quisieran pensar que esa palabra mágicamente les permitiría volver al pasado que añoran, donde ellos dirigían el país y lo hipotecaban a nombre de todos. Repetir machaconamente el mismo argumento matizado nos plantea definitivamente que esa minoría política no confía en el pueblo boliviano; todavía más que ese pueblo, según ellos,  “es ignorante e incapaz de gobernarse” porque insisten en elegir al mismo presidente. 

Por eso ocurrió un 21 de Febrero, en el que, mientras la campaña mostraba el cambio del país en los 11 años con el libreto de logros y con el Estado movilizado para defender la gestión; la oposición, ante la impotencia de haber sido relegada del poder, cambió el libreto y no con propuestas alternativas, sino con la invención de una novela que nos involucró en un laberinto moral que tenía como fundamento político el desprestigio del liderazgo y del proceso. Volvieron los argumentos racistas en la ofensiva política anti-Evo como una no propuesta, y eso se volvió en votos. Unos de apoyo militante, otros de reflexión y finalmente otros de desconcierto junto a la minoría opositora. Entonces, la victoria electoral del No evidentemente no es de la oposición (ellos sí ganaron en la manipulación de medios). Sin embargo, una vez más se pusieron de manifiesto los argumentos no democráticos, sino racistas y excluyentes de quienes entre líneas pretenden llamar a la cordura al pueblo, para que civilizadamente elijan a otro de los de siempre, para cumplir con su mentada receta de que solo con alternabilidad cumpliremos con la democracia. Cabe preguntarse ¿la democracia de quién? y ¿la doctrina al servicio de quién?

Estos argumentos, contra la posición oportunista y racista de los sectores de oposición, no nos deben impedir ver, porque el desconcierto y la falta de argumentos generaron, principalmente en las ciudades, un cambio en la decisión del voto. 

Tenemos que asumir autocríticamente que hemos idealizado la dinámica revolucionaria de las organizaciones sociales y del propio Instrumento, dejando de lado la formación política. Por eso es que hoy más que nunca y con las lecciones aprendidas, al interior del proceso de cambio existe la necesidad imperiosa de trabajar por tener cuadros políticos y de gestión que permitan un proceso de sostenibilidad y de recambio  en la revolución democrática y cultural en marcha. 

El país plurinacional en el tiempo que corre ha constituido un liderazgo fundamental que es consecuencia de la manera en que hemos abordado las transformaciones en nuestra historia. Tal condición nos obliga a trabajar políticamente el liderazgo para que Evo, que es un referente esencial de la transformación, sea un líder que sea seguido y multiplicado en cuanto a compromiso, entrega, autoformación y ética política, por los que ahora acompañan y promueven el proceso revolucionario en ciernes. 

Lograr este propósito no está dado por la inercia del proceso, sino por la intervención decidida de los actores políticos para organizar e institucionalizar procesos de formación  que apuntalen el esfuerzo de miles de dirigentes y bases de las organizaciones sociales, que tendrán la posibilidad de ser autoridades en este Estado Plurinacional y los que no,  sean promotores políticos y sociales en su sector, para que la revolución genere una movilización permanente que cuente con propuestas y compromiso en torno al objetivo estratégico de la Democracia Intercultural y el Vivir Bien.