La lepra, la enfermedad que nunca desapareció 

Foto: Cambio
El virus de la lepra.

 

AFP

Para la OMS, la lepra no es un problema de salud pública, con un índice de prevalencia inferior a un caso por cada 10.000 personas.

Cuando llegó al centro médico en Pobe, en el este de Benín, Folahan tenía el rostro cubierto de nódulos, un síntoma de la lepra. Esta mujer forma parte de los 210.000 pacientes diagnosticados en el mundo con esta enfermedad, que se creía erradicada. 

Esta campesina, que no conoce su edad, fue puesta inmediatamente bajo tratamiento. Si toma correctamente la medicación durante un año y no tiene reacciones, logrará curarse. 

Su hijo de 4 años también tendrá que ser tratado porque esta enfermedad es muy infecciosa.

Asociada generalmente a la Edad Media, la lepra ataca la piel y los nervios y crea lesiones irreversibles en manos, pies y ojos.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la lepra no es un problema de salud pública desde el 2000, con un índice de prevalencia mundial inferior a un caso por cada 10.000 personas.

En Benín, sin embargo, la enfermedad no está erradicada y se registran cada año entre 150 y 200 nuevos casos, de los cuales 10% son niños. Se trata de una cifra estable desde hace 10 años.

El Centro de Diagnóstico de Pobe fue construido en 2000, alrededor de una antigua leprosería situada en pleno centro de la ciudad por la Fundación Raoul Follereau, un organismo caritativo privado francés. 

Llegan demasiado tarde

Pobe está un una zona endémica fronteriza con Nigeria, el país más poblado del continente, que registra 4.000 casos de lepra cada año. 
“Los pacientes llegan siempre demasiado tarde, cuando tienen heridas con gangrena”, se lamenta el doctor Thierry Gateau, director del centro de Pobe. 

En esta zona rural, los leprosos son casi siempre campesinos como Pascal Boton. 

Este hombre cuenta que fue diagnosticado hace unos 20 años. “Los enfermeros venían a darme el medicamento, y luego ya no vinieron más”, explica. 

Sin seguimiento regular, las secuelas empeoraron. Uno de sus pies acabó retorciéndose. Sigue trabajando la tierra, su único recurso, pero cuando se hace daño, no siente nada. 

El objetivo es detectar la lepra lo antes posible.