El tejido de totora es un arte en Santa Ana del Yacuma

Fotos: Cambio
Candida Chori, muestra como se realiza el tejido de hojas de palma a la gente.

Lionel  Magne Molina

Candida Chori tiene 70 años y lleva casi 60 en el oficio de tejedora de totora. Es una de las abuelas que participó de las Olimpiadas del Saber del Adulto Mayor, donde demostró que el pueblo Movima aún conserva los saberes ancestrales en la elaboración de artesanías y objetos de este material.

Su trabajo es una especie de legado de herencia que pasa de generación en generación, es dominado por toda su familia. Cándida no escatimó esfuerzo en transmitir sus conocimientos a hijos, nietos y sobrinos para elaborar artesanías como sombreros, abanicos y prendas de vestir, entre otros objetos.

Ella representa a la cuarta generación de su familia, que se dedica a este oficio, y lo práctica desde hace 60 años para contribuir económicamente con su familia, aunque también se dedica al cuidado de los animales, la agricultura y a los quehaceres domésticos.
Chori es el ejemplo de que los adultos mayores de los pueblos indígenas bolivianos son los depositarios de un conjunto de valores y costumbres que se manifiestan en sus formas de ver el mundo, la forma de organizarse, de generar arte, de producir, de vivir y sentir junto con la naturaleza.

Tejiendo historia
Cándida afirma que “hacer una estera no solo es tejer, sino expresar nuestra historia”. Las esteras son tejidos realizados a base de la totora y comúnmente utilizados en el oriente boliviano por su frescura y su resistencia a las altas temperaturas, por lo que les dan diversos usos.

“Las esteras que tejemos son utilizadas como tendido de cama, a veces como asiento en sillas o sillones, sobremesas, adornos, tapetes  u otro tipo de adornos”, detalla.

Cándida explica que para realizar estos tejidos la totora debe ser extraída de las  lagunas o ‘curuchis’, donde el tejedor o tejedora debe entrar fumando un cigarro de hoja de tabaco para ahuyentar a las víboras, lo que constituye una especie de ritual para evitar desgracias.
“Luego de sacarla de la laguna, la totora debe permanecer bajo techo y en la sombra. La tejedora no puede descuidar el tratamiento de la materia prima, si desea lograr un producto de buena calidad”, explica.

Cortar, acarrear el material a un lugar donde no haya agua, aparejar todos los tallos para formar los atados son tareas indispensables antes de trasladar la totora al lugar donde empezará a tejer.

Con esos atados, Cándida comienza la parte más delicada de su trabajo, darle forma a las esteras. No requiere de muchas herramientas solo un cuchillo y una piedra redonda. 

En su demostración, la hábil artesana corta las puntas de cada hebra de totora, cuida que todas guarden más o menos el mismo tamaño. Una vez que tiene las hebras definidas las coloca de manera vertical sobre el piso y comienza el trenzado con cuatro hebras o tallos. 

A medida que avanza suma más tallos añadiéndolos transversalmente hasta lograr el tamaño deseado. Para que la estera quede plana y lisa, Cándida coge una piedra del río, tan redonda como una esfera, y golpea cada lugar del tejido.

Sus dedos son tan prolijos que entrelazar las hebras horizontales y verticales es cuestión de segundos, al igual que golpear cada unión con esa piedra.

Para que la totora no se quiebre por la acción del golpe debe cuidar que el impacto no sea ni muy fuerte ni muy suave. La medida perfecta se halla con la práctica, dice. 

Estos tejidos son vendidos por su familia en Santa Ana de Yacuma a intermediarios, quienes llevan los productos a otras ciudades o poblaciones. Los turistas que llegan a ese municipio también son compradores asiduos de estas artesanías. 

Historia movima
La vida de los indígenas movima siempre estuvo relacionada a la naturaleza, que en el idioma tradicional de este pueblo originario se denomina Lakam’ba. “Nosotros no podemos vivir bien ni producir si es que no hay producción igualitaria entre todos en la comunidad, y siempre se debe cuidar que esta se haga en el marco del respeto a la naturaleza”. 

Cándida afirma que esta filosofía de vida señala que la producción debe servir para no pasar hambre y satisfacer las necesidades de la gente.

“Por eso nuestro sistema de producción consiste en la siembra de variedades de productos para tener alimentación variada. Incluso en un mismo terreno cultivamos diferentes productos para que el suelo mantenga su fertilidad y no se desgaste”, señala la anciana.
Los movima producen: variedades de maíz, camote, gualusa (papa de la amazonia), mayuse (piña), plátano, sandía, naranja, toronja, talum’ba (cayú), caña, entre otros. 

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Los pueblos indígenas se hacen fuertes gracias a la preservación de su cultura 

La comunicadora indígena Martha Zelady explica que los pueblos indígenas de Bolivia se hacen fuertes y preservan su cosmovisión, culturas y costumbres gracias a la transmisión de estos conocimientos de una generación a otra. 

“Existen pueblos fuertes como Movima o Tacana que van creciendo, es decir son pueblos que van a seguir adelante gracias a que preservan su cultura y formas de vivir. Pero hay otros pueblos que están mal, que les queda poca gente como Pacahuara, por lo que hay que tratar de preservar sus tradiciones y hacer que la gente que entrega estos grupos tome conciencia de la importancia de su cultura”, dijo. 

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12.000 son los habitantes que se encuentran en la región amazónica del departamento de Beni, provincia Santa Ana de Yacuma.