La violencia abandona incluso el instinto maternal

Foto: Archivo
Unas 60.000 mujeres y niñas son asesinadas cada año, con frecuencia como una escalada de violencia doméstica, según un informe de ONU Mujeres.

Fernando Del Carpio Z.

Un hecho registrado en Argentina, que involucró a una pareja de bolivianos y a su pequeño hijo, conmovió al vecino país y tuvo repercusión en Bolivia. La madre fue condenada a 10 años de cárcel por no defender a su bebé de la brutal golpiza que le dio su padre, sentenciado a 14 años de presidio por el Tribunal Oral Nº 2 de La Plata.

La sentencia, tipificada por tentativa de homicidio agravado por vínculo y alevosía, se dictó el 28 de octubre de 2015. Pero el caso volvió a la palestra noticiosa después de que la Cámara de Casación de esa ciudad argentina determinó recientemente absolver a Maritza Bejarano porque era una ‘madre sometida’. 

Su cónyuge, Paulino Ortega Villa, oriundo de Potosí, al igual que ella, no solo bebía sino que cuando iba a trabajar a una quinta (como cosechero) la encerraba en la habitación con candado. 

El día que ocurrió la alevosa agresión al bebé, a quien posteriormente el agresor llevó a un policlínico de la localidad Olmos, la mujer lavaba ropa. El pequeño Elías estuvo tres meses en terapia intensiva y quedó con lesiones irreversibles. Un año después, Maritza está libre, la Sala IV de Casación provincial decidió absolverla porque era víctima de la violencia de su pareja.

‘Sometimiento’

Casos semejantes también se dan en algunas ciudades del país. El comandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV), coronel Miguel Narváez Baldivieso, atribuye ese tipo de hechos al consumo de bebidas alcohólicas y a que algunas mujeres se someten a las agresiones.

“Lamentablemente, algunas mujeres lo permiten, no denuncian por temor a que las dejen porque son el sustento del hogar. Les prohíben salir, les quitan a sus hijos, les obligan a tener relaciones sexuales, las amenazas son verbales, físicas, llegan a extremos; algunas los denuncian, pero por presión familiar desisten y levantan la denuncia”, dijo la autoridad policial.

Además de agredir a su pareja, algunos también se estrellan contra sus hijos, por lo que el coronel Narváez recomienda a las mujeres que conozcan sus derechos, así como la vigencia de la Ley 348 y que no olviden que “si la agredió una vez lo hará en forma frecuente”.

‘Familia tóxica’

Ante esta clase de hechos, Marcos Fernández Motiño, director de la carrera de Psicología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), habla de la ‘familia tóxica’, que se la percibe por conflictos, falta de apego emocional entre la pareja, no hay compatibilidad a nivel de carácter, conducta ni personalidad.

Todo ese contexto genera cierto tipo de violencia que se expresa desde la psicológica, enmascarada y oculta por un rechazo a agresiones de tipo físico y utilizar artefactos para agredir.

“Estas ‘familias tóxicas’ pueden establecer relaciones patológicas cuando la relación es enfermiza. Otro aspecto que se debe estudiar es la personalidad del agresor, si tiene antecedentes de haber ingerido bebidas alcohólicas, que normalmente está acompañado de otras sustancias”.

También se debe considerar si en su infancia el agresor perteneció a una familia aversiva, donde recibió maltrato físico, falta de carencia afectiva o un problema de conducta, por lo que la agresión desemboca en alguien y agrede a la persona con la que vive. El síndrome de Kempe o del niño maltratado es por haber recibido este tipo de trato por su progenitor. 

Reconocen avances

El psicólogo Fernández dice que puede que el agresor tenga antecedentes de revictimización al pertenecer a un núcleo familiar totalmente aversivo en su infancia, haber recibido maltrato físico y psicológico, lo que lo lleva a “agredir a otro porque llevó un antecedente negativo en su vida”.

Para Fernández, la absolución de la Cámara de Casación argentina fue mucho más sabia que la sentencia porque consideró “la dependencia emocional (de Maritza) hacia el agresor, lo que genera incapacidad para manifestar el sufrimiento y dolor hacia otras personas”. 

“Hay dependencia emocional porque es incapaz de tomar decisiones de manera autónoma. Hablamos de una clara alteración del estado psicológico en la persona. Es una relación enfermiza, patológica, que migra al exterior, donde refuerza los sentimientos de soledad porque no hay familiares, compatriotas”, apunta.

Otro aspecto que el psicólogo considera importante reconocer es que “el maltrato nace porque las personas así lo permiten. Si satisficiera su condición afectiva emocional y pusiera límites, no tendría que haber este extremo de utilizar la agresión, falta pasar por un proceso de concientización, que las familias aprendan a convivir respetando al otro y generando una escuela de padres para la sociedad”.

Que una persona vele porque se respeten sus derechos es importante para protegerse “a sí mismo y no permitir que otro invada su privacidad psicológica ni física”.