Totora, la ciudad de los 200 pianos, acoge un festival musical

Foto: JRH
La ciudad colonial de Totora presenta un misterioso encanto.

Jackeline Rojas Heredia

Totora, que acogió al primer piano que llegó a Cochabamba, es sede del Festival del Piano por décimo tercer año consecutivo. Durante cuatro días, cada rincón de la ciudad se llenó de música conjuncionada con ese aire de misterio y de antigüedad que reina entre sus calles y casas coloniales. 

La entrada al legendario valle de Totora fue acompañada por las notas musicales del piano en la plaza central del pueblo. Entre el 6 y 9 de octubre del presente año se realizó la 13ª versión del Festival de Piano. Muchos intérpretes de varios lugares del país llegaron junto con sus familias, maestros y algunos turistas que aprovecharon la oportunidad para conocer Totora.

Es un valle templado, con vientos moderados y fuertes. Sus calles, empedradas y asfaltadas, dan la sensación de habitar en un tiempo lejano. Y si uno afina el oído escucha gemidos, gritos y susurros, sonidos que se agudizan cuando cae la noche.

El municipio cochabambino, escogido para la filmación de la reconocida película boliviana El Día que murió el Silencio y conocido por la leyenda de la Cruel Martina, se destaca por ser un pueblo cuya riqueza cultural gira en torno a las narraciones de fantasmas y duendes. Historias que se incrementaron luego del terrible terremoto que sufrió Totora en mayo de 1998, episodio que afectó en gran medida también su rica arquitectura colonial, que se logró restaurar en gran parte. 

Totora es el municipio colonial de Cochabamba por excelencia, pues su historia se remonta más allá del siglo XIX, al tiempo de familias españolas pudientes y luego hacendados que hasta muy entrado el siglo XX practicaron la costumbre esclavista del pongueaje.

Se dice que la primera vez que llegó un piano a la Llajta fue destinado a la población de Totora. De ahí que existen familias que son amantes de las notas que produce este instrumento. 

“En otros tiempos, Totora fue conocido como la ciudad de los 200 pianos”, comentó María Teresa Escobar, presidenta del comité organizador del Festival del Piano. 

Pese a la felicidad que le provoca la participación de 195 pianistas de todas las edades, se siente afligida por el recorte del presupuesto para el festival, lo que no les permitió alojar gratuitamente a algunos familiares de los músicos.

El festival, organizado también por la Gobernación, brinda transporte gratuito desde Cochabamba hasta Totora, ida y retorno, además de alojamiento y alimentación por los cuatro días que dura. 

Existen dos modalidades para la participación de los pianistas: interpretar entre dos y tres piezas de elección o prepararse para el concurso en las categorías infantil, juvenil y prejuvenil. 

“Este año hemos tenido participantes de menos de 6 años y eso nos enorgullece porque vemos el esfuerzo de padres, sus maestros, así como de las academias donde los forman”, dijo Escobar. 

Un jurado integrado por los mejores músicos del país se encarga de escuchar con la mayor disciplina posible todas las interpretaciones, que van desde composiciones de gigantes como Bach, Schumann, Chopin, Mozart, hasta cuecas de Simeón Roncal, Gilberto Rojas, entre otras magistrales composiciones.

Después, los músicos, entre niños, adolescentes y jóvenes, comparten paseos amenizados por las terroríficas leyendas propias del lugar.

Por ejemplo, visitan la piedra de la fertilidad y el árbol donde supuestamente fue ejecutada la Cruel Martina. 

Cada participante busca un piano para practicar hasta que llegue su turno de ponerse ante el jurado. Y para eso, las casas coloniales abren sus puertas sin temor para que los chicos y chicas ingresen y despierten el fino instrumento dormido en hermosos salones coloniales. 

Carmiña Calderón Condori, responsable de la Unidad de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Totora, explicó que el festival fue declarado Patrimonio Cultural de Bolivia luego de las gestiones del exdiputado y exgobernador valluno Edmundo Novillo. 

Lleva el nombre de Hernán Rivera Unzueta, un pianista totoreño, quien se esforzó por unir a los artistas y luego del terremoto levantar el pueblo con recursos de los conciertos musicales. 

La funcionaria no puede aguantar las ganas de narrar la historia de una de las aparecidas. “Dicen que en la mayoría de las casas hay duendes o se los ve pasar por los puentes. Cuando los borrachos caen en uno de los puentes creen ver a una mujer muy hermosa, se acercan y se transforma en un monstruo”, dice, mientras sonríe orgullosa de que los borrachos sean espantados. 

Emilio Aliss, maestro e integrante del trío Apolo, dijo que hace tiempo el festival es “una experiencia mágica. Totora, un pueblo pequeño pero mágico, lleno de anécdotas y experiencias ricas. Me ha emocionado mucho ver la participación de una estudiantina de Totora, están haciendo esfuerzos lindos, se ve el brillo en los ojos de los niños al interpretar la música, ahora difícil que se aparten porque dentro de ellos ha empezado a arder el fuego de la música”.

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La música es narradora de historias y experimento de sensaciones

El artista y director del coro de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Jorge Ricardo Villarroel, participó por primera vez en el festival del piano y con una emoción que no pudo disimular dijo: “Es maravilloso estar aquí, no tengo palabras, las casas, la plaza y la arquitectura son lindas, es impecable la organización. El festival de Totora es un referente para quienes estudian música”.

La maestra Aleyda Álvarez, del Instituto Eduardo Laredo en Cochabamba, compartió: “Yo vengo hace ocho años, casi desde que se inició el festival, y es lindo ver cómo ha crecido, pues ya tiene alcance nacional. Es uno de los pocos que organiza el Gobierno, vienen pianistas de toda Bolivia y es lindo ver que la música está en todo el país”.

Mentalmente, Alondra Morales repasa las notas de la pieza central que tocará, dura más de tres minutos y lo hace todo de memoria, es decir, no lee partituras. Para eso ha tenido que memorizar todas las notas. La pieza titula: Impromptu, de Franz Shubert.  Ante la pregunta de qué significa la extraña melodía, explicó que quiere decir “de repente”, es como una improvisación sin que se entienda, por esto que es algo improvisado, jamás hizo eso Schubert, pero para interpretar se debe escuchar”, afirmó. En efecto, la combinación de notas, de repente suaves y luego duras, fuertes y rápidas, provoca la sensación de experimentar diversos sentimientos a la vez, entre rabia, amor, alegría y movimiento acelerado.