El deslumbrante centro ecoturístico llamado Villa Tunari

Cambio
El ingreso al municipio Villa Tunari, sobre la carretera Cochabamba-Santa Cruz.

A los pies de la cordillera de los Andes, en medio de los ríos Espíritu Santo y San Mateo, y entre los valles altos, se encuentra Villa Tunari, que también besa la amazonia.

El paisaje tropical es deslumbrante y el encuentro con la noche amazónica es inolvidable. Pese a que hace 16 años el lugar tenía mayor extensión de verdor y la selva se entremezclaba con las pequeñas casas, el silencio era el compañero ideal de sus habitantes sobre todo cuando se veía el ascenso de la luna.

En la actualidad, las cosas cambiaron, la avenida que rodea la plaza se ha entregado al asfalto y poco a poco deja el empedrado. El mismo ornamento de todo ese paseo no envidia a ninguno existente en las capitales de departamento.

Villa Tunari tiene un clima tropical húmedo y cálido, la temperatura llega a los 35 grados centígrados en días en que el calor está en su plenitud, pero también llueve con frecuencia, aunque el agua que cae es el riego que necesitan sus entrañas y sirve de consuelo a los aymaras que han resignado las frías alturas y se han ido a vivir allí donde la brisa caliente abraza la piel.

Todo el municipio se extiende en 21.700 kilómetros cuadrados y tiene 11 distritos. La mayoría de los pobladores son colonos, muchos de ellos mineros relocalizados en 1985 o las familias que quedaron de éstos. Pero la historia de Villa Tunari data desde tiempos inmemoriales.

La plaza principal emula a sus migrantes, pues lleva el nombre de El Colonizador, donde lucen altos y coloridos árboles, un parque para los niños, dos fuentes de agua y el piso de mosaicos finos. Al fondo, la iglesia María del Rosario es testigo de la conspiración de las parejas de enamorados.

Villa Tunari aún no tiene muy bien definidas sus fronteras por su conflicto con el departamento de Beni en los territorios del Parque Nacional Isiboro Sécure. El cinco por ciento de su población todavía la representan principalmente los pueblos trinitarios, moxeños y yuracarés.

Fundada en los años 20 del siglo pasado con el nombre San Antonio, fue históricamente dominio de los yukis, chimanes y en mayor cantidad por los yuracarés, quienes desarrollaron su existencia a través de la caza, la pesca y la agricultura. Vivían generalmente cerca de los ríos característicos del Chapare y basaron su estructura social en la familia nómada.

Los misioneros franciscanos del colegio de San José de Tarata emprendieron la tarea de la evangelización católica. En 1797 fueron fundadas Cliza y Chimoré. También se hicieron algunos caminos para mantener comunicados a los pueblos nacientes en la Colonia.

La dispersión de los pueblos que habitaron el Chapare y lo que ahora es Villa Tunari desde tiempos remotos se debió a la colonización y ocupación española de ese territorio.

Debido a la actividad minera en Potosí y a la demanda de la hoja de coca para abastecer a los indígenas que trabajaban como esclavos en los socavones, en los Yungas del Espíritu Santo, situado al ingreso al Chapare, aparecieron los primeros cultivos del arbusto en la zona.

Aunque el masticado y utilización de la planta data de tiempos precolombinos.

Si en principio los cocales pertenecían a los aymaras y a los incas, cuando se produjo el auge de la minería en la Colonia, éstos pasaron a ser propiedad de los españoles. Los invasores explotaban de manera inhumana a los indígenas en los campos donde se producía el arbusto, tanto que muchos de ellos preferían irse a las minas a morir.

En el bosque, los indígenas corrían la mala suerte de contagiarse cualquiera de las enfermedades mortales y de tormento como la anemia, la desnutrición aguda y la malaria.

A partir de 1930, los quechuas y aymaras de los valles y el altiplano migraron a Villa Tunari y a las poblaciones aledañas. A través de la expansión de los cultivos de hoja de coca aparecieron nuevos asentamientos y se desarrollaron otras actividades económicas, como la pesca de especies, entre ellas el pacú, el surubí y la crianza de trucha.

Con grandes cocales se ha convertido en el lugar más extenso en Bolivia de plantaciones de cítricos con más de 12.000 hectáreas. 

Esta región también produce plátano. Una de sus mayores actividades es el ecoturismo y los deportes de aventura.

En el río de Cristalmayu se sabe que se han encontrado piedras preciosas. Para cruzar las aguas del San Mateo y llegar a la selva húmeda y montañosa se utiliza un cable suspendido. Allí, en medio de la impresionante vegetación, se encuentra una cueva de escasa profundidad en la que habitan aves nocturnas.