La Isla del Sol y el descanso del ave

La vista de un templo del imperio incaico.

Jaime E. Buitrago Romero

Las primeras luces ya se ven en la noche. El santuario de Copacabana se ha llenado de peregrinos y también de turistas. El lago se abre inmenso y el anochecer parece darle un azul más profundo.

En el muelle, la pequeña embarcación está por zarpar, es la última lancha que irá rumbo a la Isla del Sol, navegando por las aguas del Titicaca.

Las olas están altas y la lancha tambalea a cada instante. Algunos casuales pasajeros dejan de sonreír y se agarran de donde pueden. “A veces es peor. Esta noche no está muy fuerte la marea, pero (el lago) está un poco enojado, hay que ir con cuidado,  no hay que tener miedo”, dice en tono tranquilizador el balsero, mientras cae una leve llovizna. Las luces de Copacabana ya se ven como pequeños puntos luminosos.

A medida que nos alejamos del santuario, el lago se vuelve un gigante y hace tambalear con más frecuencia la precaria lancha. La oscuridad ha llenado esa parte de mar que hace miles de años ha quedado aprisionada entre las montañas. En sus aguas se reflejan las estrellas del cielo y la vista es realmente hermosa. 

Cerca de las 21.30, llegamos a la Isla del Sol, las luminarias son muy débiles y desembarcamos en el principal puerto del lugar, al final el enojo del lago no afectó a la embarcación. 

A unos metros del muelle están las mil escalinatas que se hacen interminables en la cúspide de la inmensa montaña. El viento golpea a la escasa vegetación que rodea las gradas de piedra.

Son las mil escalinatas de Saxamani. El inca ascendía cargado por sacerdotes del imperio en una silla bañada con el metal amarillo, el oro, relata el guía, mientras la iluminación, a medida que subimos, se hace más tenue. 

Cada temporada, el inca se dirigía en una gran embarcación de Totora hacia la Isla del Titicaca y ascendía por las gradas hasta la Fuente de las Tres Aguas. El soberano tomaba el líquido, que servía para purificar su alma y como fuente de vida y eterna  juventud.

La Fuente de las Tres Aguas queda a unos 60 metros hacia arriba desde el muelle. Las aguas rebalsan y chorrean por las escalinatas de baldosas. Tomo un chorro para saciar la sed provocada por el ascenso de Saxamani o quien sabe para purificar mi alma o prolongar mis años de vida. La llovizna ha cesado y el frío en el cuerpo ha aminorado gracias a la caminata. 

La fuente está construida con piedra cincelada, a ésta llegan tres chorros de agua, es por eso que los lugareños le han dado su nombre, está rodeada de distintos arbustos que hacen del lugar un verdadero jardín incaico.

Subimos hasta la cúspide, allí hay una planicie, pero unos 100 metros de frente se puede ver el otro lado que parece tocar el cielo.
La Isla del Sol está enclavada en el lago y está constituida por las comunidades Challa, Challapampa y Yumani. Su extensión es de 14 kilómetros cuadrados y es la más grande en esas aguas sagradas. Su nombre original es Isla del Titicaca. Esta última palabra significa ‘puma de piedra’. 

Mucho antes de que el español llegara al continente americano, el lugar, según cuentan, era habitado por pumas. Ahora solamente queda uno.

Sin embargo, los lugareños dicen que algunas personas han visto otro felino corriendo por la planicie y entre los arbustos del jardín de Saxamani.

El Titicaca o Puma de Piedra se encuentra a 3.810 metros sobre el nivel del mar, es el lago más alto del mundo y se dice que hace miles de años se desprendió de lo que ahora se conoce como océano Pacífico. 

Es el más grande de Latinoamérica. Tiene una extensión de más de 8.710 kilómetros cuadrados, de los cuales 3.450 pertenecen a Bolivia y 5.260 a Perú. Tiene 36 islas, la más importante es la Isla del Sol.

Ya en la mañana, con la luz del día se ven casas de una arquitectura única. Las viviendas, hostales y pequeños restaurantes se levantan en la montaña como si colgaran en las empinadas y angostas callejuelas, varias de ellas de tierra apisonada y de piedra de distinto tamaño.

El relieve es bastante accidentado y con terrazas que sirven para el cultivo.

En la época incaica, la isla era un santuario cuidado por ñustas, vírgenes de 12 a 18 años dedicadas a la adoración del sol o Inti. 

Cuenta una leyenda que cuando se anoticiaron de la llegada de hombres de otros mundos que arrasaban pueblos, mataban y esclavizaban a todo quechua que encontraban a su paso, rogaron a la deidad protegerlas para no ser víctimas de los abusos que cometían con las mujeres indias.

El Inti las reunió a todas cerca del sagrado Palacio de Pilkokaina y les dijo que continuarán habitando la isla, pero el hombre blanco nunca podrá aprovecharse de su belleza ni esclavizarlas. 

Al día siguiente, el lugar quedó poblado de hermosas llamas, eran las ñustas, que desde entonces gozan de los alimentos del jardín.
Pilkokaina significa lugar de descanso del ave. En realidad, el ave era el inca, para quien  se construyó un gran palacio que se encuentra a medio kilómetro del puerto de Saxamani. 

Desde la planicie bajamos por distintos senderos rodeados de arbustos y jardines incas que eran cuidados por las ñustas. Tras una caminata de aproximadamente una hora llegamos hasta la construcción de piedra rodeada por pastizales.

El tiempo ha debilitado las piedras que están sobrepuestas. Cada una de ellas levanta una construcción de varias habitaciones que se comunican entre sí. A las 11 de la mañana, el sol ha salido con todo su esplendor y alumbra el palacio. 

Al llegar se ve el techo de piedra casi junto a un sendero. Diferentes entradas hacen llegar a una misma habitación. El aire es fresco, sus paredes son de piedra.

La construcción está rodeada, además, de varias terrazas. Por un sendero, bajamos y llegamos hasta un pequeño acantilado, a orillas del lago, donde se encuentra una roca inmensa.

Es la roca sagrada o de los orígenes. Se cuenta que de allí emergieron Manco Cápac y Mama Ocllo para fundar el imperio y el Cusco.

Se hace tarde y todavía nos queda visitar la Chinkana, que es un laberinto incaico. Bajamos unos 200 metros y se ve que la costa tiene la forma de una media luna, a cuyo costado se hallan precisamente las ruinas.

Es el lugar denominado Oído de Dios porque, según cuentan los isleños, es el punto donde la tierra y el cielo atraen el eco de mensajes de otros mundos.

En esta costa y en la Chinkana, según la tradición, los incas recibían mensajes de los dioses y los chasquis llegaban hasta la isla por túneles subterráneos desde el Cusco hasta el lugar donde vivían las vírgenes del sol.

La Chinkana es una construcción semisubterránea con distintos pasillos que terminan en varias salas. Éstas a la vez tenían acceso a corredores cuyas paredes están casi destruidas por la voracidad del tiempo y el clima.

Según una adaptación del libro Uku Pacha, el mundo subterráneo de la hermandad Blanca, de Ricardo Gonzales, existía un túnel subterráneo de más de 400 kilómetros que unía el Titicaca con el Cusco y que incluso Manco Cápac siguió esta ruta desde la Isla del Sol hasta la ciudad peruana, donde fundó el imperio.

Existen historias de exploradores que han desaparecido en ese mundo intraterrestre. En 1624, Juan Hinojosa y Francisco Rueda, en compañía de un tercer hombre, entraron a la chinkana que se halla próxima a Sacsayhuaman del Cusco, un túnel de más de 2 kilómetros, nunca regresaron a la superficie.

Los incas separaban el universo en tres mundos: Uku Pacha o lugar de abajo o mundo subterráneo, Kay Pacha o nuestra superficie y Hanan Pacha, lugar de arriba o mundo de los cielos. 

Las chinkanas o túneles del gran laberinto conducían al Uku Pacha, es decir al mundo subterráneo, donde existía gran sabiduría.

Los incas tienen una profecía que menciona el ciclo del Pachacuti o los 500 años de purificación. Surgirá entonces un líder, un inca de Paititi o de El Dorado, desde el Uku Pacha o mundo subterráneo al  Kay Pacha o superficie, será el retorno de la luz y el inicio de un nuevo tiempo.

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Historia

  • La leyenda cuenta que los dos primeros incas, Manko Kápac y Mama Ocllo, hijos del sol, nacieron en la isla. Por eso para el imperio era el lugar más importante de las ceremonias religiosas. 
  • En esta mágica región se conservan las terrazas precolombinas que hasta ahora son utilizadas por los pobladores.
  • El clima es seco y su temperatura oscila entre los 9° y 10° C. 
  • En el apogeo del imperio, en este lugar sagrado se encontraba el templo Iñac Uyo o Palacio de las Vírgenes del Sol. Allí las mujeres aprendían tejido, artes religiosas y podían ser las concubinas secundarias del inca.