Las velas, el rincón bohemio donde termina la noche

Fotos: Cambio
Los silpanchos, un plato tradicional en Las Velas.

Entre sándwiches de chola, anticuchos y silpanchos, en este mercado se atiende todas las tardes, noches y trasnoches. 
Es un punto de encuentro para los paceños.

Víctor Hugo Chambi Ocaña
“Cuando sientas hambre en la noche, ven a Las Velas a servirte entre amigos lo que más tú quieras”, dice la letra de una canción de Arturo Valdivia dedicada a este mercado del centro de la ciudad, que es un referente de las noches paceñas por la comida rápida tradicional que se sirve hace más de 60 años.

“Con cariño te están esperando las caseritas, con silpanchos, anticuchos, sandwichs de chorizo, chicharrones, refresquitos, sandwich de chanchito, ayayayay ven a Las Velas”, sigue la letra de este huayño que hace referencia a  uno de los puntos tradicionales de la sede de gobierno: el mercado gastronómico situado en el ingreso al Parque Urbano central, sobre la avenida Simón Bolívar.
Cientos de espectadores que asisten a los partidos de fútbol que se realizan en el estadio Hernando Siles de la zona Miraflores pasan por este mercado y no pueden resistirse a consumir uno de los tradicionales platos de comida rápida.
Lo mismo ocurre con los bohemios, que por las noches encuentran en Las Velas un refugio para consumir algún alimento o incluso para encontrarse con amigos o hacer unos nuevos.
Las Velas lleva ese nombre debido a que hace más de medio siglo atendían a sus clientes en pequeños puestos cubiertos de chiwiñas (toldos) y con mecheros y velas, por ello los transeúntes la nombraron como ‘las velitas’.
Julia Morales, una de las 36 vendedoras de este comedor popular, recuerda que en la década del 60, alrededor de 50 ‘comideras’ conformaron el mercado Zalles, en cercanías del estadio Hernando Siles.
En los 80 fueron trasladadas al actual sector, “con chiwiñas y mecheros vendíamos en la noche, encima del barro que había en el lugar, aquí sufrimos mucho porque no teníamos un techo, la lluvia nos mojaba. Cuando vinimos a vender aquí, esto era un cenizal y nosotros tuvimos que limpiar todo, la construcción no era como ahora, sufrimos bastante y la gente malentretenida siempre rondaba por la zona”, recordó. 
De ese primer sitio, colindante con el Parque de los Monos y el zoológico, los vendedores se trasladaron a la actual infraestructura, que fue inaugurada el 15 de julio de 1990 por el entonces alcalde, Ronald MacLean. 
Las comerciantes de este baluarte de los paceños no recibieron más apoyo, pues incluso las vendedoras tuvieron que aportar dinero para hacer mejoras en la infraestructura, en 2012. 
Esa gestión, las comerciantes tuvieron que invertir los recursos que reunieron durante ocho años para hacer las mejoras en los pisos y techos, además de instalar los servicios higiénicos, rememoró Arminda Vásquez, otra de las vendedoras del patio de comidas más tradicional de la sede de gobierno.
Cada 6 de enero se celebra el aniversario del mercado y también se realiza el cambio de la mesa directiva, que recurrentemente en los últimos años tiene la meta de conseguir un nuevo local para atender a sus clientes. 
Comensales piden mejoras 
“Yo venía desde chico, tendría 10 u 11 años cuando mi papá me traía a tomar café con sándwich de chola después de los partidos del Bolívar, desde entonces siempre vengo, ahora que ya tengo 40 años,  traigo a mis hijos”, contó Elías Escobar, uno de los hinchas ‘celestes’ que se aprestaba a servirse un sándwich de chancho acompañado de una taza de café.
“Es necesario que lo refaccionen porque ya se ve que los años pasaron”, continuó Escobar.
“Este espacio es popular, la gente es amable y la comida es rica. Pienso que al ser un comedor tan concurrido y tradicional de La Paz deberían mejorar un poco su infraestructura, instalar otros baños y mayor espacio para las vendedoras”, manifestó María Martínez, comensal del puesto de silpanchos. 
“Me gustaría que las autoridades les den comodidad a las vendedoras y comensales porque ésta es una tradición, la infraestructura se remodeló, pero debería ser mejor”, dijo entusiasmado Carlos Villanueva, asiduo visitante del patio de comidas.
Los visitantes llegan de todas partes, dijo Vásquez, quien  mencionó que ese mercado es como la casa del jabonero, “el que no cae, resbala en Las Velas”, frase que está incluida en la canción Livi’n en Las Velas, del grupo de rock urbano El Último Cocalero.

Artistas y políticos se rindieron al sabor de la comida

Artistas de talla internacional como Manolo Otero y políticos como el expresidente Jaime Paz Zamora se rindieron a los sabores que se expenden en Las Velas.
Exponentes de todos los géneros musicales pasaron por sus pasillos y acudieron a los puestos de comida para degustar los platos de comida rápida, entre ellos se recuerda a Carlos Palenque, quien siempre se servía un sándwich de chola.
Mercedes Camacho, una de las vendedoras más antiguas del patio de comidas, aún mantiene en la retina aquella noche en la que Manolo Otero ingresó al mercado, se sirvió un silpancho y un anticucho, y manifestó su complacencia por los sabores de la carne de corazón de res asada a la parrilla y acompañada del ají de maní.
El exalcalde Ronald MacLean apetecía también los anticuchos, al igual que el expresidente Hugo Banzer Suárez, mientras que el exmandatario Jaime Paz Zamora tenía su preferencia por los chicharrones ‘pintaboca’ que consumía con bastante frecuencia, inclusive cuando ejerció la primera magistratura, rememoró Celia Marcos.
Mucha gente pasó por allí, por lo mismo también le dedicaron un par de canciones y filmaron sus videos musicales en los mismos predios y con las caseras como protagonistas. La Familia Valdivia interpretó un huayño en honor a este centro bohemio, además de los grupos de rock El Último Cocalero y los Hijos de Rocha, que compusieron un hip hop  en el que relatan la historia de las noches paceñas, que terminan en Las Velas.
Mercedes Camacho, Betty Márquez, Guadalupe Llanco, Aida Rocha, Bertha Machicado, Miriam Morales y Nancy Candia están entre las más antiguas, inclusive desde la época en que vendían los alimentos en la llamada pampa del estadio.
Betty Márquez recordó que todavía siendo niña bajaba la avenida Illimani con unas canastas de sándwiches de chancho junto con su tía, media hora antes de que terminen los partidos del Sudamericano de 1963, cuando Bolivia fue campeón.
Los puestos de venta pasaron de generación en generación, ahora inclusive ya existe la tercera generación de vendedoras en el patio de comidas.