La calle de los deseos, donde los sueños están al alcance de las manos

Foto: Archivo
Puesto de amuletos para la buena suerte.

Víctor Hugo Chambi Ccaña / Cambio

Cientos de personas visitan a diario por las calles Linares, Santa Cruz, Sagárnaga y la avenida Illampu, donde encuentran los elementos necesarios para hacer realidad sus deseos, sueños y anhelos, además de buscar los remedios para atender sus malestares y dolores. Es el tradicional mercado de Las Brujas o también llamada calle de los Deseos.

Durante la Colonia, esta zona de la ciudad de La Paz —a dos cuadras de la iglesia de San Francisco— era parte de la llamada ‘ciudad de los indios’ y ruta obligada para llegar a los tambos y mercados en los cuales los indígenas comercializaban sus productos. En ese punto se encontraban las ‘mesas’ (ofrendas) para los rituales andinos, usadas para curar algunas enfermedades y como artilugio en pos de la felicidad.

Desde entonces era conocida como la calle de los Deseos, denominativo que se mantiene hasta la fecha, aunque recientemente se le agregó el mote de mercado de Las Brujas.

En este microcosmos cultural se ofertan productos nativos, como plantas medicinales, amuletos de la suerte, ofrendas a las deidades andinas, talismanes para el amor, el trabajo, la salud entre otros, además de pomadas para el dolor, parches naturales, ungüentos de víbora, hierbas aromáticas, coca, alcohol, cigarros y otros.

Además de las comerciantes, en las aceras de estas empinadas y ondulantes calles se encuentra una variedad de amautas, yatiris y kallawayas, personajes preparados con un conocimiento ancestral, especialistas en tratar males del alma y el cuerpo, como también predecir el futuro de las personas por medio de la hoja de coca y naipes.

Comercio de esperanzas

Las ofrendas que se preparan en este mercado esotérico son para ritos de agradecimiento y de purificaciones a los dioses andinos, como la Pachamama y los Achachilas (montañas protectoras).

“Se los armo todo completo (la mesa), ahí tienen que aumentar 12 hojas de coca, dos cigarros Astoria, canela y azúcar; eso nomás, con eso se encomiendan ellos, lo hacen pasar challando con poco de alcohol y vino”, explicó Martha Flores, una de las vendedoras de los objetos para rituales.

La tradición andina señala que todo emprendimiento que se vaya a encarar, como la construcción de una casa, la compra de un bien, el cambio de trabajo y otras actividades cotidianas, necesita del ‘permiso’ de la Madre Tierra o Pachamama, por lo que se debe hacer una ofrenda —ya sea enterrada o incinerada— para que dicha tarea no tenga contratiempos.

Esta es la razón que motiva a cientos de paceños a visitar cada día las calles que conforman este centro comercial de los espiritual.

Invierno es la época alta

Si bien los rituales a las deidades ancestrales se realizan casi todo el año, la temporada de invierno es considerada la época alta, ya que desde finales de mayo hasta inicios de septiembre, la población creyente acude para comprar las ‘mesas’.

“Señoras, campesinos y artesanos vienen a hacerse preparar un ofrenda, ya sea para el trabajo, para que les vaya bien, para sus comercios”, comentó Anselma Góngora, anciana que comercializa y prepara las ofrendas para los rituales, oficio que aprendió de sus antecesores y que en un tiempo más pasará a alguna de sus descendientes.

Amuletos para la suerte 

Si una persona considera que no le va bien en algún aspecto de su vida, puede acudir a este mercado, donde encontrará figuras que, según la creencia, ayudan a revertir estos males y encontrar el camino a la felicidad.

Chela de Cortez explicó que son siete los amuletos de la cosmovisión andina: el cóndor para los viajes, la tortuga para la salud, el monolito para el trabajo, el sapo es para llamar la fortuna, el búho para la sabiduría, la pareja para el amor y el sol para mejorar o purificar la energía.

Si bien estos siete amuletos  rigen todos los aspectos de la vida, existe el amuleto más poderoso, la representación de la Pachamama, que resume los siete aspectos y que también es un símbolo de la fertilidad.

“Para cambiar la suerte tenemos la costumbre de comprarnos una mesa y lo hacemos pasar en una cumbre, aquí hay sullus (fetos) de llama y alpacas. Un yatiri lo prepara con incienso, lanas de colores y dulces, con eso cambia nuestra suerte para el trabajo, para tener más dinero y para que la familia no se enferme”, contó Martín Nina, guía de turistas, en una explicación que hace a un grupo de europeos que visitan las calles.

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Hierbas medicinales contra enfermedades y malestares

Para curar un resfrío, hasta atender malestares y enfermedades más críticas como la diabetes, las várices y dolencias de los distintos órganos del cuerpo, existen un sinfín de plantas y hierbas medicinales que en el llamado mercado de Las Brujas se las encuentra sin dificultad.

“La sábila es para curar las úlceras, también las várices, para eso hay que hacer un tratamiento de 15 días tomando el líquido de la planta con agua hervida”, explica Zenobia Llanque, vendedora que está sobre la calle Santa Cruz. 

Tiene un puesto bastante surtido con plantas, flores, hierbas, hojas y raíces, como la jankowarmi, que es rara y buscada para calmar las dolencias de la matriz femenina, junto a ellas están los pétalos secos de la rosa blanca para atender los males del corazón y de los nervios. 

Los nombres de las plantas suenan a misterio: tojlolo, huairuro, curucuru, khoa, huillca, lampaya, tillicoa, pupusa, tikacoa, aluzema, chijchipa, keakea, chachacoma, airampo, huirahuira o unos espinos llamados amor seco están presentes en los estantes y mesas de las comerciantes.

Si los nombres de las plantas en idioma aymara o quechua no son reconocibles, todos conocen las enfermedades que se supone curan: cáncer, presión alta, gripe, diabetes, infecciones respiratorias e incluso afecciones dérmicas como el acné.

Pero las hierbas y plantas no solamente sirven para atender los males físicos, sino también los problemas del alma. “Las retamas son para protegerse de maldiciones, hay que bañarse los martes y viernes y todas las maldiciones van a desaparecer”, indicó Carmen, una adolescente que acompaña a su madre en la venta de estos productos y ya conoce todos sus secretos.

La ruda y el romero son otras plantas andinas que se utilizan para protegerse de las maldiciones, mientras que flores como las rosas y los claveles son utilizadas para la buena suerte. “En ese caso hay que bañarse los miércoles, jueves y sábado”, puntualizó. 

Pero si existe el odio y la venganza, éstos se vuelven contra el enemigo si se recibe un baño de flores aromáticas con el tojlolo en remojo, una semilla con la forma del cráneo humano.