Brasil: otro alfil caído en el ajedrez latinoamericano

Foto: AFP
Dilma Rousseff fue destituida el 31 de agosto

Por Alejo Brignole *

Los bolivianos debemos saber que estamos en guerra. Que somos objetivos a vencer. Que el Estado Plurinacional que supimos forjar resulta un germen contagioso para el resto de América Latina, pues conlleva el riesgo de la imitación y la propagación bienhechora. Debemos saber que ahora mismo, mientras leemos estas líneas, existen planificaciones muy detalladas y precisas para derribar los logros obtenidos en la última década, pues esos logros despojaron de riquezas a las corporaciones y pusieron freno a los intereses sumergentes de los países industrializados, que mediante el expolio de recursos bolivianos, la transferencia financiera fraudulenta y usuraria, y la explotación humana, obtenían plusvalías que no eran legítimas, pues eran adquiridas mediante el sufrimiento de millones de seres humanos. Proveían riqueza a sus sociedades opulentas a costa de nuestra educación plena y de una vida digna, con todo lo que ello implica: vivienda, salud, transporte y niños bien alimentados.
Generalmente en la historia, cuando han surgido guardianes de la dignidad de un pueblo, el poder hegemónico no ha descansado hasta derribar cualquier resistencia a su poder. Pensemos en Viriato resistiendo la conquista romana o a los habitantes de Numancia, en la Península Ibérica. Pensemos en Sandino resistiendo a los Marines norteamericanos ocupando Nicaragua. O más modernamente, en Cuba y Venezuela, hoy asolada por un caos inducido desde la Inteligencia estadounidense y sus agencias desestabilizadoras.
Los métodos son muchos y las formas variadas. A veces directas y otras indirectas. Unas mediante la violencia ilegal y totalitaria y otras con maquillajes políticos y democráticos, como acaba de ocurrir en Brasil, cuya destitución de Dilma Rousseff resulta la victoria de una táctica puesta en marcha, probablemente, desde mucho antes que asumiera como presidenta.
Los avances históricos que hizo Latinoamérica desde inicios de este siglo, quitándose algunas de las cargas coloniales que padeció durante todo el siglo XX, sin duda generaron contratácticas por parte del poder hegemónico estadounidense. Un poder que no descansa, que planifica y lleva a cabo, más tarde o más temprano, sus movimientos opresivos tendientes a malograr cualquier intento de cambio y de bienestar soberano de las naciones del sur.
Pero también debemos darnos cuenta que no solo Bolivia está en guerra (una guerra que aunque nos resulte invisible está y nos acecha), pues nuestra guerra contra el hambre, contra el subdesarrollo y la sumisión servil de las oligarquías locales se enmarca dentro de una guerra más amplia que se plantea a nivel global y cuyos contendientes son las potencias industrializadas y los bloques que las componen. Dentro de este marco bélico global que —por ahora— es de baja intensidad, la destitución de Dilma Rousseff jugó un papel fundamental para debilitar al Mercosur y así beneficiar el Área Transpacífico. Destituir a Dilma significó golpear en el nervio del Mercosur y a la locomotora económica latinoamericana, que es Brasil. ¿La estrategia de fondo? Sumar países latinoamericanos para que queden atrapados bajo la influencia económica del eje tripartito (EEUU, Japón y Europa) y no puedan virar comercialmente hacia la órbita del bloque conformado por China y Rusia.
La OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, actualmente mantiene una decena de guerras en África y Oriente Medio, que bajo el pretexto del terrorismo y otras formalidades estratégicas encubren la lucha por controlar zonas estratégicas de recursos escasos e indispensables para los países industrializados: petróleo, litio, coltán, opio para la industria farmacéutica, uranio, etc.
Los recientes ejercicios militares llevados a cabo entre Chile y Estados Unidos, en la zona de Antofagasta, denominados Estrella Austral, deben mirarse dentro de este encuadre: un ejercicio disuasorio en la frontera del que será —probablemente— el mayor productor mundial de litio en el futuro. Bolivia posee en el salar de Uyuni (provincia de Daniel Campos) el 80% de las reservas mundiales de este metal fundamental para la industria electrónica, debido a su uso en baterías de alto rendimiento. El mundo actual se parece mucho al escenario multipolar previo a la I Guerra Mundial, donde diversas potencias se disputaban recursos planetarios y zonas de explotación colonial. Y en ese ejercicio hegemónico, derribaban gobiernos, atacaban naciones y desestabilizaban sociedades enteras.
Hoy Bolivia está en la mira y tiene enemigos internos que colaboran con los adversarios para volver las cosas a un statu quo anterior a este modelo. En aquel modelo, el hombre boliviano era un esclavo de las transnacionales, y las transnacionales parecían las dueñas del Estado. Por eso, si estamos en guerra, pensemos en combatir desde nuestro lugar asignado en la sociedad. Y una manera de hacerlo es apoyar el combate que da nuestro Estado contra los enemigos internos, que conspiran para sabotear el crecimiento plural y colectivo de todos nosotros.

* Escritor y periodista