Resistencia Social

Veamos hechos concretos que por sí solos muestran lo que cambió en Argentina y Brasil. Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 2015 y desde entonces ha sacudido la economía del país con un paquete de medidas neoliberales que van desde el incremento de la gasolina, el gas, el agua, la electricidad y el transporte (Telesur, 23 de agosto de 2016).
El Presidente argentino revisó todo el plantel estatal y dio marcha atrás con las contrataciones y las renovaciones en varios ministerios e instituciones públicas. Tras ello, miles de personas quedaron sin empleo.
También puso fin a un acuerdo entre el Estado y algunas universidades a través del cual accedieron a cargos públicos miles de personas sin concurso.
La decisión del Gobierno argentino tuvo un impacto social que certifica el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), entidad que a junio de este año reportó que la tasa de desempleo del país sudamericano está situado en 9,3 por ciento, lo que significa que un millón 165 mil personas están desempleadas.
Todo este escenario ha generado un malestar en la población argentina que tomó las calles para protestar contra el presidente Macri.
Wálter Córdoba, uno de los coordinadores de la asociación Barrios de Pie, organizadora principal de una protesta, señaló que “hay 1.500.000 nuevos pobres y la verdad que el 40% de los trabajadores en la Argentina es informal, son trabajadores en negro que no están cobrando en blanco como debieran”.
Las ideas de Michel Temer en Brasil no distan mucho de lo que se ha hecho en Argentina y aparentemente apuntan a revertir lo que se construyó en el tiempo que gobernó el Partido de los Trabajadores (PT), con Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff.
Luego de que Temer juró como presidente en sustitución de Rousseff se difundió un documento del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), organización política de Temer, en el que se señala: “El Estado debe transferir al sector privado todo lo que sea posible en materia de infraestructura”.
El informe, titulado Travesía Social, define las líneas maestras del PMDB en materia económica en caso de conquistar la presidencia, a la que llegó de forma interina el 12 de mayo, cuando Rousseff fue apartada por la Cámara Alta para afrontar un juicio político que el 31 de agosto le apartó definitivamente del poder.
Temer había anunciado la intención del Gobierno de estudiar la privatización de los aeropuertos de Congonhas (Sao Paulo) y Santos Dumont (Rio de Janeiro), que acogen la mayor cantidad de vuelos nacionales, pero la propuesta ha sido aparcada por el momento.
La intención del Gobierno de Temer está muy clara y los brasileños lo saben, pues desde su posesión no cesan las protestas que, bajo la consigna “Fora Temer” (fuera Temer), buscan la renuncia del presidente.
Y fue tal la fuerza de la movilización que se conoce a escala global que un empresario chino empleó la consigna de las protestas para saludar al presidente brasileño en la Cumbre del G-20, en China.
“¡Hola!, señor Fuera Temer” (Hi, mister Fora Temer)”, dijo el empresario asiático.
El malestar en Brasil y en Argentina es claro y escala de forma acelerada, sin embargo entidades como la Organización de los Estados Americanos (OEA) guardan silencio. No obstante, las fuerzas sociales cuenta con el apoyo de los pueblos de la región y, como sucedió en su momento, serán ellas las conductoras naturales de sus naciones y su historia.