Huyustus-Buenos Aires: El mercado de los paceños hace 40 años

Foto: Cambio
Los chicharrones de la avenida Buenos Aires, parte de la asociación.

Víctor Hugo Chambi Ocaña

Si uno busca calzados, toallas, ropa, alimentos, quesos o servirse un plato de chicharrón, tenga por seguro que lo encontrará en la avenida Buenos Aires, en la primera cuadra después del viaducto Vita. Allí, hace 40 años, la Asociación de comerciantes atiende las necesidades de las familias paceñas.

“Aquí había una parada de buses interprovinciales que llegaban de la región de Guaqui. Ahí había un periodiquero, estaban las compañeras ‘queseras’. Era ese sector donde los comerciantes vendían artículos de primera necesidad porque había habas, arvejas, chuño, papas; esas compañeras fueron las que fundaron. Se recuerda a doña Cata, a doña Inés, doña Ema, que ya falleció, también esta doña Sabina, doña Elena y doña Isidora, ellas son las fundadoras”, rememora Víctor Hugo Mancilla, dirigente de dicha asociación.

El 1 de junio de 1977 fue fundada la asociación, pero antes comenzaron a vender productos de primera necesidad a los eventuales transeúntes y viajeros, tanto de los buses provinciales como de los trenes que salían de la estación con destino al interior.

Doña Carmen, una de las comerciantes más antiguas, recuerda que en la década de los 80, la venta de alimentos era buena, “se acababa todo, yo tenía zanahoria, arveja, todo tipo de verduras y se vendía todo”.

Por ese entonces, la avenida Buenos Aires era empedrada y la vía férrea estaba custodiada por una alambrada, donde poco a poco los gremiales fueron asentando sus puestos, hasta llegar a los 230 afiliados, cantidad que de acuerdo con la normativa municipal no puede incrementarse.

Los propios comerciantes recuerdan a Ángel Quisbert, quien comenzó vendiendo lota, un juego de mesa similar al bingo, luego pasó a comercializar champús y finalmente puso el puesto de chicharrones, luego siguió otro y un tercero, y poco a poco la acera por la que dejó de circular el tren se fue usando para la venta de diversos productos.

Las comerciantes tienen autorización para comercializar sus productos, para ello realizan los trámites municipales con el fin de obtener la patente anual, como también la carnavalera y navideña, que les permite vender durante todo el año.

Solamente una vez al año no instalan sus puestos de venta (el 1 de junio), señaló la secretaria ejecutiva de la asociación, Gladys Flores, el motivo es el aniversario de la agrupación de comerciantes.

“Esa fecha hacemos una misa, tenemos a un niño, a quien le ofrecemos una misa y luego entregamos a los nuevos prestes para luego compartir entre los afiliados y festejar, es el único día porque después trabajamos inclusive en los días de las fiestas”, relató Flores.

Celia Torres, secretaria de Hacienda, recuerda que hace más de tres décadas, su mamá comenzó la venta de calzados en ese sector de la ciudad. “Mi madre era mayorista, pero hace 22 años ella falleció y yo tuve que hacerme cargo del puesto”, indicó.

Los gremiales de la Asociación Buenos Aires-Huyustus señalan que con el paso de los años la venta fue disminuyendo debido al creciente número de comerciantes ilegales que ambulan por esa avenida. 

“Inclusive ya se vienen en sus carros y hacen congestionamiento, venden todo lo que nosotras tenemos y lo hacen más barato, pero no sabemos la procedencia de esos productos, pueden ser adulterados, de contrabando o usados”, mencionó Mancilla.

Frente a esa situación, la directiva de la asociación sale a diario haciendo batidas para evitar que los llamados ilegales no les perjudiquen en sus ventas, pero lo que demandan es que las autoridades municipales no las dejen en el abandono y coloquen orden.

También están en preparación de talleres y cursos de capacitación en marketing y ventas para mejorar sus ingresos y la forma de vender.

Otro aspecto que demanda la atención de las autoridades es la seguridad ciudadana, puesto que a diario se tienen casos de grupos de antisociales que cometen sus fechorías y que amenazan a los gremiales, por lo mismo se organizaron en ‘patrullas de autodefensa’ para cuidar a sus afiliados y a los clientes.

La Asociación Buenos Aires-Huyustus cuenta con una oferta variada e invita a los paceños a acudir a ese sector de la ciudad para abastecerse con productos de calidad y precios económicos.

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Contra la ‘carnetización’ porque no les garantiza estabilidad

La Asociación Buenos Aires-Huyustus está afiliada a la Federación Departamental de Comerciantes Gremiales de La Paz, que manifestó su oposición a la intención de la Alcaldía de ‘carnetizarlos’ debido a que no les garantiza la estabilidad en sus puestos de venta.

Víctor Hugo Mancilla, secretario de conflictos de la asociación, señaló que la explicación realizada por las autoridades de la Alcaldía no es clara. 

“Nosotros ya tenemos carnet de identidad, ya tenemos patente ¿para qué otro carnet? La desventaja es que con el reglamento de la carnetización pueden quitarnos nuestros puestos de venta si no estamos vendiendo en el lugar, eso quieren hacer para entregar el puesto a otra persona, eso no queremos”, dijo.

Al ser un trabajo familiar, muchos puestos de venta fueron heredados de una generación anterior y en muchos casos los actuales comerciantes esperan dejar sus puestos a sus hijos, una vez que ellos ya no puedan trabajar como lo hacen hasta ahora y continúen con la actividad comercial.

“Con la ‘carnetización’ va a pasar que si uno fallece también el puesto fallece, no se puede dejar a la esposa, a los hijos, con eso no hay seguridad para nuestras familias”, agregó Mancilla.

Frente a esa situación, los comerciantes de artículos varios proponen que se mejore la actual patente municipal y se incremente el control de los comerciantes informales que a diario “invaden” la avenida Buenos Aires.

La directiva de la Asociación Buenos Aires-Huyustus (foto), además de velar por la seguridad jurídica de sus afiliados, trabaja por la salud, ya que realizó campañas en atenciones médicas y ahora prepara la atención en especialidades para sus afiliadas.

Con mucho esfuerzo se construyó la sede social, en la que se pretende instalar una guardería para que los niños y niñas de las comerciantes no corran peligro en la transitada avenida. 

La sede también cumple una labor social, pues sirve como albergue cuando algún afiliado o afiliada que es víctima de agresión no tiene un lugar para pasar la noche, y por supuesto también sirve para las reuniones de los afiliados, que antes se realizaban en las calles o en locales alquilados.