América y el reto de construir puentes

Foto: Cambio
La integración latinoamericana está en agenda.

La desigualdad en América Latina y el lento avance de los mecanismos de integración son los principales problemas que se viven entre los Estados, sin embargo también se constituyen en un desafío que debe ser abordado por los líderes políticos.

Ésa es una de las conclusiones del foro ‘Análisis de la integración regional’, en el que participaron el politólogo y docente universitario Patricio Navia y el excandidato a la presidencia de Chile Marco Enríquez-Ominami, el evento se llevó adelante en el Paraninfo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), el jueves 25 de agosto.

La oportunidad sirvió para que ambos expertos aborden la situación de la integración de los países y la vinculación de éstos con el resto del mundo.

Para Patricio Navia, en los últimos años América Latina vivió con problemas en temas económicos, como el decrecimiento de Brasil, a diferencia de lo que está ocurriendo con Bolivia, que en la última década tuvo un crecimiento promedio del 5%.

“Muchos países están haciendo más, pero están creciendo menos”, señaló Navia.
Mencionó además como otra característica de la realidad latinoamericana las profundas desigualdades. “Es un tema relevante y permanente en la región”, afirmó.

Navia explicó que estas desigualdades se producen en el interior de los países que tienen que ver con el ingreso, con la cultura de oportunidad y la estructura de la riqueza.

“La teoría nos dice que si tienes una democracia con altos niveles de desigualdad, esa democracia no va a durar”, sostuvo.

Señaló que si el 80 por ciento de las personas tiene ingresos inferiores al promedio y aparece un salvador que, cuando se hace cargo de la responsabilidad, se tropieza con la élite, que le impide efectuar una mejor redistribución de la riqueza, ocasionará conflictos con muertes.
“Pero existen señales de esperanza que nosotros los empíricos debemos recoger para que funcione bien”, afirmó.

Valores políticos
Marco Enríquez-Ominami, en su exposición, hizo hincapié en dos puntos: los valores y la buena vecindad.

Respecto del primer punto identificó el valor de lo común y de lo público. El valor de lo común cuando se consumen y hacen cosas comunes, frente al valor de lo público, que no supone hacer cosas en común, sino la sociedad es en sí misma y tiene un propósito.

Ello se define como “el arte de vivir”. “Ésa es la diferencia con los gobiernos más conservadores”, señaló.

Dijo luego seis cosas excepcionales que pasaron en América Latina desde el año 2012: la expansión de la democracia; la elección simultánea de gobiernos progresistas; tasa de crecimiento de cuatro puntos; inflación controlada y reducción de la pobreza; la expansión de los mercados y los distintos liderazgos.

Sobre la buena vecindad, señaló que pese a los intentos de consolidar la integración, hay sectores y líderes que tienden a generar “muros entre los países, en lugar de ampliar el diálogo”.

“Lo que hay que hacer ante esto es construir puentes, porque si uno pretende al otro, lo primero es conversar”, afirmó.

Puso como ejemplo lo que sucede entre Chile y Bolivia, y afirmó que en la actualidad se conversa poco y se oyen menos.
“Si estoy aquí es para subrayar el hambre de cambio. Estoy aquí para construir puentes y no muros”, expresó.

Dijo que entre Bolivia y Chile hay problemas similares que deben ser resueltos, pero utilizando como mecanismo el diálogo, en vez de enviarse mensajes por los medios de comunicaciones y las redes sociales.