El golpe de Banzer fue financiado por los agroindustriales

Cambio
Víctor Paz Estenssoro, coronel Hugo Banzer Suárez y Mario Gutiérrez.

El golpe de Estado del 21 de agosto frustró el reinicio de sesiones de la Asamblea Popular, que en septiembre debía retomar la discusión en sentido de dar un nuevo rumbo a Bolivia nacionalizando la banca y los recursos naturales.

Gonzalo Pérez Bejar

Con el soporte político del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR-Víctor Paz Estenssoro) y Falange Socialista Boliviana (FSB-Mario Gutiérrez), además del económico que brindaron los terratenientes y agroindustriales de Santa Cruz, se gestó el golpe de Estado del 21 de agosto de 1971, cuya cabeza más visible y representativa fue el coronel Hugo Banzer Suárez.
El golpe tenía como principal objetivo evitar que en el mes de septiembre se reinstale la Asamblea Popular que debía culminar sus sesiones y definir el futuro del país, que era la constitución de un gobierno socialista.
Para el rector de la UMSA, exdefensor del Pueblo y activista de Derechos Humanos, Waldo Albarracín, “vivimos el terror implantado desde el Estado a través de un gobierno de facto”.
Esa política de Estado, afirmó, se tradujo en la represión “de ese régimen fascista” e impidió que en el país se asuman tareas de justicia social, que tomó un gran impulso con la presidencia de Juan José Torres, quien el 24 de junio de 1971 determinó estatizar la industria azucarera, medida que fue rechazada por el empresariado cruceño, que a la larga se volcaría en apoyo de Banzer.
“Pero eso no era el interés de Banzer, sino de la imposición externa proveniente desde el Pentágono y obedeciendo intereses imperialistas”, sostuvo.
El periodista Carlos Soria Galvarro describió esa época como “especial”, en la que los jóvenes se sumaron a las posiciones de izquierda y quedaba latente lo hecho por el Che Guevara, asesinado el 9 de octubre de 1967.
“En ese proceso también de alguna manera se expresa una suerte de nacionalismo militar manifestado por los generales Alfredo Ovando o Juan José Torres”, éste último llegó a ofrecer armas al pueblo para consolidar un gobierno socialista.
Según Soria, en esa época lo que faltó era una mayor coordinación entre el gobierno de Torres y las principales organizaciones que lideraban las movilizaciones, como la Central Obrera Boliviana (COB) y la Asamblea Popular.
Todo eso complotó a favor de los sectores de la derecha “instrumentados por Estados Unidos, Argentina y Brasil, alentó el golpe liderado por Banzer”.
En tanto que para el docente universitario Remberto Cárdenas, el golpe de 1971 se gestó en medio del “ascenso de masas” que continuó con Juan José Torres. “Un proceso llamado progresista”. 
Identificó a los empresarios del oriente (Santa Cruz) que hizo campaña en contra, que la Asamblea del Pueblo anunciaba que en Bolivia se iban a instalar los soviets. “Y que muy pronto habría en Bolivia un gobierno soviético”.
Soria Galvarro, que en ese entonces era activista político vinculado al Partido Comunista de Bolivia, relató que el principal centro donde se concentraron estudiantes, mineros, fabriles y pueblo que se oponía al golpe de Estado, era la zona de Miraflores.
“Ese hecho dejó un gran hueco en la impunidad. Luego vino el general Luis García Meza, cuyo régimen era la continuidad (de Banzer), fueron los mismos operadores, esbirros que trabajaron, organizaron la desestabilización, el asesinato de Luis Espinal y colocaron la bomba en la clausura de la campaña de la Unión Democrática Popular (UDP)”.
Julio Llanos relató que  ese día se reunieron en Miraflores tras enterarse del movimiento golpista. “Supuestamente ahí nos iban a repartir armas. Ahí estaban Marcelo (Quiroga Santa Cruz), Lechín (Juan) y otros dirigentes”, contó.
Luego mencionó que las armas la tomaron de la Intendencia Militar donde sobrepasaron a la guardia y se apropiaron de armas, municiones y granadas de guerra. Con todo eso se dirigieron al Cerro de Laicacota, donde se produjeron los más duros combates que se prolongaron hasta el día siguiente, cuando fueron derrotados por efectivos del Regimiento Tarapacá y la FAB que se sumaron al golpe de Banzer.
“Nefasto”
Para el sacerdote Jesuita, Xavier Albó, lo ocurrido esos días de agosto de 1971 fue “nefasto, es para ponerle el nombre”.
En esos días Albó se encontraba en La Paz, trabajaba para el CIPCA (Centro de Investigación y Promoción del Campesinado). Asimismo, los jesuitas tenían que comunicarse en catalán para evitar que sus mensajes sean descubiertos, porque los teléfonos estaban intervenidos.
Recordó, de ese período, la masacre de Tolata (en enero de 1974), que fue la conclusión de una severa elevación de los precios en los alimentos. La moneda boliviana fue devaluada de 12 a 20 respecto del dólar estadounidense. El Gobierno no quería reconocer los datos recogidos por CIPCA que reportó 80 muertos.
El Gobierno de facto de Banzer atacó con dureza al pueblo. Sin embargo no pudo con la fortaleza de cuatro mujeres, entre ellas Domitila de Chungara, quien con una huelga de hambre que se masificó a escala nacional, a fines de 1977, marcó el fin de la dictadura.
 

Varios periodistas fueron exiliados, torturados o asesinados durante el golpe

El periodista Carlos Soria Galvarro afirmó que el sector de la prensa fue uno de los más reprimidos durante el golpe de Estado. Producto de ello es que de al menos 420 trabajadores de la prensa, un centenar tuvo que sufrir las consecuencias del exilio, tortura o muerte.
Sin embargo, en lo general una gran parte de la prensa escrita y radial, siempre estuvo apoyando a los grupos oligárquicos, como fue el papel del matutino El Diario, lo que mereció la reacción de los universitarios.
“Recuerdo que cuando salíamos en manifestación por la avenida 16 de Julio, este matutino debía ser protegido porque casi siempre los universitarios cuando pasábamos por El Diario, lanzábamos piedras y se conocía que recibía financiamiento de los Estados Unidos”, afirmó Soria.
La autoridad aseguró que ése fue el papel que les tocó jugar a quienes tuvieron a su cargo el destino del país desde la fundación.
Como consecuencia de ello, es que los universitarios tomaron El Diario y la asamblea de trabajadores del propio periódico resolvió cooperativizarlo y tuvo que funcionar en esas condiciones durante nueve meses.
“El trabajador Pablo Arrieta fue elegido director de este matutino”, recordó el periodista.
Soria destacó que durante ese período  el matutino jugó un papel muy importante, porque defendía los intereses nacionales.
Antes de esa experiencia, el Sindicato de Trabajadores de La Paz, dirigido por el periodista Andrés Soliz Rada, y con el apoyo del Gobierno de Juan José Torres, sacaron un periódico los días lunes, se denominaba seminario “Prensa”.
“Los lunes eran como feriado para los gráficos y nuestro periódico salía casi sin competencia, en medio de una situación difícil de sostener porque los dueños de los otros medios iniciaron sus quejas y acudieron a la SIP”, refirió.
En lo que respecta a las radios, la única que se mantuvo al aire fue Illimani que tenía a periodistas como Roberto Cuevas y Coco Manto que aguantaron con los micrófonos al golpe de Banzer, pero al final la emisora cayó.