Banzer y Klaus Barbie

Se lo ve sonriente, levantando el dedo índice de la mano derecha desde el balcón del Palacio de Gobierno, festejando con sus aliados temporales, entre ellos Víctor Paz Estenssoro, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y Mario Gutiérrez, de la Falange Socialista, el inicio de su gobierno luego del golpe de Estado contra el también militar Juan José Torres.
Ese 21 de agosto de 1971, hace 45 años, el coronel del Ejército Hugo Banzer Suárez se convirtió en el nuevo presidente de facto en la historia nacional, en una asonada que se había iniciado dos días antes, el día 19, en Santa Cruz.
El Regimiento Rangers Manchego fue el primero en levantar las armas contra el gobierno de Torres. Los militares salieron al secuestro de los dirigentes universitarios y obreros, lo que con el paso de las horas se expandió a todo el país.
En La Paz, la noticia generó alarma. En la sede de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia se reunieron cientos de personas y se trasladaron al Palacio de Gobierno, donde le pidieron al presidente Torres que les entregue armas para enfrentar el ataque militar.
Junto con Juan Lechín, Marcelo Quiroga Santa Cruz, y varias personas más, estaba Julio Llanos Rojas, de 33 años. Con las pocas armas que se distribuyeron —la mayoría Mauser en malas condiciones, sin manivelas— se trasladaron al cerro Laikacota, donde las primeras escaramuzas habían iniciado muy temprano. Ya había bajas.
“El combate era feroz. Ahí estaban ya Simón Reyes y Víctor López, armados. Combatimos toda la tarde, hasta la noche, a eso de las ocho de la noche ya no había militares. Nosotros pensamos que habíamos triunfado, cantamos el Himno Nacional, recogimos muertos y heridos, pero luego nos informamos que el Regimiento Colorados se sumó al golpe. Ya no supimos qué hacer”, relata Llanos.
La mayoría numérica de los soldados —una buena parte de ellos sólo con armas sin saber disparar con precisión— se impuso ante la resistencia impulsada por los universitarios.
Los que no fueron asesinados eran detenidos y trasladados a los más de diez centros de tortura y represión que el Gobierno de Banzer activó.
Varios de los compañeros mineros de Julio Llanos desaparecieron. Otros tantos fueron trasladados y torturados en el Ministerio de Interior y Gobierno; en el Servicio de Inteligencia del Estado (SIE); en el Departamento de Orden Político; Regimiento Max Toledo y Bolívar de Viacha; Centro Las Piedras en Achocalla, entre otros más que se habían creado.
Banzer dio la orden puntual a los militares: apresar y matar a todos los agitadores e izquierdistas. Los militares y los agentes de inteligencia realizaron operativos continuos para dar con los “declarados comunistas”.
La persecución se extendía contra todas las familias. Los hijos y la esposa de Julio Llanos eran expulsados de las residencias temporales que encontraban por temor de los dueños a ser apresados o, peor aún, a perder la vida.
Klaus Barbie (El carnicero de Lyon), que con Banzer logró el cargo de teniente coronel, hizo sentir su agresividad en la aplicación plena del Plan Cóndor en el país, a tono de lo que sucedía en la región.
Banzer cerró decenas de medios de comunicación e implementó medidas como el toque de queda y la ley marcial, que impedía el libre tránsito desde las 19.00 hasta las 07.00. “Fue el Gobierno del terror”, resume Llanos.
El general se propuso permanecer en el poder hasta 1980, para recién impulsar un proceso de institucionalización.
Sin embargo, la resistencia popular fue más que la pretensión del dictador. Una masiva huelga de hambre, iniciada en La Paz a fines de 1977 por un grupo de mujeres mineras, entre ellas Domitila Chungara, a favor de una amnistía irrestricta y el retorno de todos los exiliados, marcó el camino al final del gobierno del dictador.