“Denunciar la violencia me salvó la vida”

Foto: Cambio
Muchas veces un feminicidio está precedido por un proceso donde la violencia va en aumento, desde gritos hasta los golpes.

Gabriela Ramos
Blanca fue golpeada y abusada por su esposo sistemáticamente durante tres años. Ella relata que al principio solo fueron empujones, pero en cada pelea éstos se convirtieron en sopapos, luego puñetes, patadas, y finalmente una suma de todo eso. Las agresiones pararon hace siete meses luego de que la mujer inició una demanda contra su agresor. 

“Creo que  cuando le llegó la notificación del proceso que le inicié recién se asustó y vio que era en serio, que ya no me iba a dejar pegar, porque él incluso amenazó con matarme a golpes”, relata la mujer en un pasillo cerca de las oficinas del Servicio Plurinacional de Asistencia a la Víctima (Sepdavi), donde aguarda al abogado que le proporcionó la entidad estatal, dependiente del Ministerio de Justicia.
Blanca cuenta que cuando conoció a su esposo, Mario C.Q., éste no parecía ser una persona violenta, aunque sí era de carácter fuerte y explosivo. “Cuando teníamos peleas de enamorados, no sé por qué, pero me daba miedo sus reacciones, pensaba que en cualquier momento iba a reaccionar, pero no lo hacía. Recién lo conocí bien cuando nos casamos y me fui a vivir con él”. 
Las agresiones generalmente eran porque ella no hacía los quehaceres del hogar al gusto del marido y por eso él comenzó a gritarle y con el pasar del tiempo el hombre empezó a golpearla. 
Algunos vecinos que conocían a su familia un día le contaron a su papá: “Parece que el esposo de tu hija le pega”. Ante la revelación, el progenitor encaró a su hija, pero Blanca solo atinó a negarlo porque “sentía vergüenza, y pese a que me pegaba yo ni pensaba en separarme”.
El padre no se quedó conforme con la respuesta de su hija y una noche en que Blanca había sido golpeada el papá se apareció en la casa con policías y sacó a su hija del lugar. 
“Nos llevaron a la Brigada de la Familia y allí las oficiales me preguntaron si iba a denunciarlo, pero yo no quise porque me dio pena. ¿Cómo podía estar tranquila sabiendo que mi esposo iba a estar en la celda? Porque mi papá lo denunció y lo hicieron quedar, mientras mi papá me llevó a mi casa para sacar todas mis cosas”, contó. 
Blanca pensaba que su matrimonio había terminado, porque en la Policía su esposo le dijo: “Esto no te voy a perdonar nunca, has dejado de ser mi mujer, no quiero saber nada más con vos”, pero no se imaginó que el hombre seguiría buscándola para golpearla por venganza. 
“Una vez me agarró en la noche en la esquina de la casa de mi papá, no podía ni gritar porque me daba puñetes en el estómago, me decía que me iba a reventar a golpes para que recién me anime a llevarlo a la Brigada. Ahí fue que me asusté y recién me animé a ponerle la denuncia”. 
La mujer llegó a la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV), sentó la denuncia y cumplió con todo el protocolo, incluyendo la revisión médico forense. Por orientación de las oficiales de la fuerza antiviolencia llegó a oficinas del Sepdavi, donde le asignaron un abogado público que impulsó el proceso por violencia intrafamiliar. 
De acuerdo con el balance de la gestión 2015 de la Fiscalía, de cada cuatro denuncias que reciben una es por violencia intrafamiliar. En total en la gestión se recibieron 112.904 casos, de los cuales el 25 por ciento corresponde a delitos penados por la Ley 348 de Lucha Contra Toda Forma de Violencia. 
El 40 por ciento de las 2.390 demandas que atiende el Sepdavi corresponde a víctimas de violencia intrafamiliar. 
El director de la entidad estatal, Julio Américo Araníbar Zegarra, señaló que los abogados que brindan apoyo legal a víctimas de violencia y abuso sexual lograron cuatro sentencias por violencia intrafamiliar y dos por violación en el departamento de La Paz. 
En Santa Cruz se alcanzaron dos sentencias por violencia intrafamiliar, en Oruro una por cada delito y en Cochabamba se está trabajando con varios casos para lograr sentencia en la vía judicial. 
Araníbar destacó la importancia de que las víctimas de violencia intrafamiliar denuncien su situación; o que por lo menos su entorno, ya sea familiar, amigos o de la zona, denuncie el hecho para sacar a la mujer de ese circuito brutal. 
Al respecto, la abogada Paola Barriga afirmó que una denuncia puede salvar la vida de muchas mujeres gracias a la Ley 348, que es una ley integral y que valida no sólo la denuncia de la víctima, sino también la de los padres, hermanos, amigos o vecinos. 
“Sabemos que es difícil para la víctima iniciar un proceso, pero es necesario que denuncien”, señaló la abogada, quien destaca los avances logrados en materia de legislación para proteger a la mujer. 
Sin embargo, Barriga observa que falta mucho para aplicar la normativa en su esencia, pues varios de los operadores de justicia, policías, médicos y personal que interviene en los casos de violencia intrafamiliar, no están especializados en la materia y precisan de una mayor sensibilización frente a la problemática para atender a la mujer que acude a denunciar a su pareja, así no haya recibido maltrato físico. 

La Ley 348 no solo valida la denuncia de la víctima directa, sino que la intervención de sus familiares, amigos o vecinos puede poner fin a la violencia que sufren las mujeres.

La Policía Boliviana y la Fiscalía General del Estado elaboraron protocolos específicos de atención a casos de violencia.  

Cómo sentar una denuncia ante la FELCV

La FELCV interviene de manera directa en el hogar de la víctima, aunque también se recogen denuncias verbales o escritas e incluso vía telefónica. La queja se puede hacer en cualquier oficina policial, no necesariamente ante la fuerza antiviolencia. 
El personal debe sostener una entrevista reservada con la víctima y valorar el grado de riesgo al que puede estar expuesta, aún si la mujer no quiere hablar. La valoración también incluye su traslado a un centro médico si ella requiere atención.