El plátano es el pan de cada día en los Yungas

Fotos: Archivo
Vendedora de plátano en la localidad Coroico.

El frondoso árbol de gigantes hojas da el fruto que es infaltable en la mesa de los hogares de las familias yungueñas.

jocelyn giovanna chipana lópez
El fiel compañero del yungueño no es un perro, sino el plátano, en sus diversas variedades, que está presente durante todo el día en la alimentación de las familias, además de otras utilidades que le brindan ingeniosamente.  

Cinco plátanos al día consume mínimamente un yungueño, pues esta fruta está presente tanto en comidas saladas como dulces.  

En los Yungas, región situada a cien kilómetros aproximadamente de la ciudad de La Paz, los lugareños hicieron del plátano un producto de primera necesidad  que está presente en sus actividades cotidianas.
Esta íntima amistad comienza con los primeros rayos del sol, en el desayuno.
“El maduro (nombre que se le dio al plátano en su variedad de fruta) es fácil de incluirlo en la primera comida, en un jugo con leche o simplemente acompañado con pan, es lo más cercano que tienen los niños antes de ir al colegio”, señaló Ximena Estrada, vecina del municipio Chulumani.
Apenas se termina con el desayuno en los hogares yungueños, lo primero que se pone en las ollas, ya sea en el fogón o en la cocina a gas, es el plátano de cocinar.
En la región es más conocido como puti (palabra de origen nativo que significa acompañamiento).
Las mujeres preparan la merienda del día que usualmente se la lleva al cocal o a las chacras con este infaltable producto.
“La comida más usual para llevar al trabajo es arroz blanco con charque o queso; sin embargo, se puede llevar cualquier cosa siempre y cuando esté presente el plátano verde o el dulce, en su mayoría hervidos”, comentó Fidelia Chávez. 
Cuando se trata de preparar una merienda, que en muchos casos es también el alimento que los niños se llevan a la escuela por la lejanía de sus hogares, el puti es el preferido antes que la papa, ya que es agradable consumirlo tanto frío como caliente, manifiesta Fidelia. 
“Cuando está cocido, nunca hace daño al estómago, inclusive se puede comer al día siguiente, además en muchos pueblos es difícil encontrar pan, pero el puti siempre está a la mano”, señaló.
Para los negocios de comidas, el plátano es vital, sea cual fuere el menú siempre debe haber en la mesa de las pensiones un platillo con puti caliente.
“El yungueño está acostumbrado a eso, de lunes a viernes tenemos que poner plátano en el almuerzo familiar, ellos nos exigen. De igual manera sucede con los platos fuertes, se trate de una fritanga, una sajta o un chicharrón, un plátano bien amarillo no solo le brinda un contraste dulce de sabor, sino que le aporta un toque de color con amarillo brillante que lo caracteriza”, contó Lucy Tellería, propietaria de una pensión en Chulumani. 
Gastronomía tradicional
Con tal exigencia, no es sorprendente que dentro de la gastronomía yungueña se innovaran preparaciones que contengan este producto.
“Uno que es conocido casi por toda la región es nuestro tradicional lojro, una sopa con chalona (carne de cordero deshidratada), guineo rallado, que es una especie de plátano enano verde, maní molido y el toque de la hierba buena con perejil; se lo cocina en días de fiesta y es sumamente agradable”, afirmó Inés de Figueroa, oriunda de la población Ocobaya.
Sin duda, otro de sus peculiares platos es el amor oculto, que también tiene al plátano como producto base. 
“Consiste en dos lonjas de plátano dulce frito que en medio tienen una ralla de queso rebosado con harina y huevo, y freído nuevamente, una combinación de salado, dulce y el sabor neutro que crea un alimento completo. Esta preparación se puede comer tanto fría como caliente y tiene un sabor agradable”, añadió Inés.
Múltiples especies
Los yungueños tienen acceso a las diversas variedades del alimento, como el plátano manzana, bastante robusto y con cáscara roja; el guayaquil, sin manchas negras; el puti dulce, que es de freír, aunque también se lo consume en su estado inmaduro, verde; el guineo, que crece en una planta enana y su tamaño es más pequeño que lo habitual, entre otros.
“Es fácil que prenda la planta de plátano, en nuestro clima no requiere de mucho cuidado ni riego; sin embargo, el peligro radica con los amigos de lo ajeno, ya que como es tan requerido es fácil que cualquier persona troce el árbol y se lleve el fruto antes que su dueño lo coseche”, contó David Chipana, ingeniero agrónomo y yungueño.
Por ser tan preciado es también causa de conflictos y preocupaciones.
“Si la planta está en el borde del camino o de un sendero, el propietario debe estar vigilante para que otro no se lo robe. En mis épocas de corregidor tuve que atender varias demandas por causa de los robos de los plátanos y también fui causante de que los vecinos se conviertan en enemigos en muchos casos”, comentó David.
Pese a que el alimento crece en cualquier parte de los Yungas, los precios de este insumo en esa región están por los suelos.
“Según el tamaño y la calidad, los precios oscilan entre Bs 0,50 y Bs 2, la razón es porque a las vendedoras nos cuesta encontrar  para revender, usualmente es complicado transportarlo porque al mínimo golpe ya se torna negro y se madura”, arguyó Marcelina Tupa, comerciante del mercado de Chulumani.
El plátano podría ser la producción alternativa, pero el mal estado de algunos caminos evita que pueda ser comercializado con facilidad.
“Cuesta llevarlos hasta la ciudad de La Paz, primero porque resulta costoso transportarlos en los camiones, pero también porque es un producto muy delicado y no tenemos la facilidad de trasladarlos colgados como se hace con la producción del Chapare”, comentó la comerciante Ana Roque.
Aspectos negativos
Al parecer, los altos precios no son lo único negativo para los yungueños. De acuerdo con Ariel Alanoca, dentista del hospital local, el masivo consumo del plátano está afectando la salud dental de la población. 
“Es verdad que el plátano aumenta los niveles de calcio en el organismo y es bueno para corregir los calambres musculares; sin embargo, también contiene azúcares que al combinarse con los gérmenes produce ácidos que dañan la capa externa de los dientes, ocasiona caries e incrementa la posibilidad de contraer gingivitis, dañando las encías”, explicó el experto.
Pero no necesariamente se puede contraer este mal solo por consumir plátano, pues todo ello es producto de malos hábitos de higiene. 
“Es recomendable lavarse los dientes antes de que transcurran siete minutos después de consumir el plátano en cualquiera de sus variedades. No obstante, la mayoría no sigue estos hábitos, es por eso que gran parte de la población yungueña pierde las piezas dentales”, dijo Alanoca. Sin duda, el perder los dientes también afecta emocionalmente al paciente con este problema.
“Principalmente en los pacientes jóvenes, perder dientes frontales afecta a su seguridad y su autoestima, además de que se mastican mal los alimentos y sufren problemas digestivos, de ahí la importancia vital de cuidar los dientes”, añadió el médico.

Para muchos, este  producto es una bendición, pues su árbol crece en cualquier sitio de la región sin muchos cuidados.

DESDE LAS PRIMERAS HORAS DEL DÍA, EL YUNGUEÑO ESTÁ ACOSTUMBRADO A CONSUMIR EL PRODUCTO EN TODAS SUS DIVERSIDADES.
Las enormes hojas lograron que el lugareño desarrolle una amplia creatividad para convertirlas en diversas artesanías.

Los múltiples usos de la hojas 

Las enormes hojas del plátano, las más vistosas entre la extensa vegetación de los Yungas, conforman un paisaje peculiar que no se compara con ninguna parte del planeta, pero también son útiles para las actividades cotidianas del yungueño. 
“Con las gigantes hojas del plátano en los cocales se arma una especie de carpa para que se adquiera un espacio de sombra, es un material único porque es fresco, ya que si se utiliza calamina, el sol calienta el espacio y ya parece un  horno. En este sitio, las quichiris (cosechadoras de la hoja sagrada) descansan en intervalos para acullicar (mascar la coca), así reúnen energías para continuar con la faena”, contó Vidal Luna, poblador de la localidad Siquilini, cerca de Chulumani. 
En las escuelas también le dan otra utilidad a las hojas. Las maestras ingeniaron una serie de artesanías que  ponen a prueba la creatividad de los estudiantes. 
“Es práctico trabajar con el peciolo del plátano o lo que común mente llamamos el cojoro, utilizarlo como una especie de palma que es fácil de trenzar y crear diversos objetos, como tapetes, sombreros, fruteros, entre otros. Yo misma quedé sorprendida cuando algunos de mis estudiantes hicieron ollitas diminutas que sirvieron de recuerdos, es decir de colitas, para un bautizo que hicieron en el pueblo. Se les enseñó la técnica, ahora depende de ellos explotarla, ya que la materia prima se encuentra en todo lado”, comentó Virginia Arnés, maestra que hace años trabaja en la escuela de Chulumani.
En cada hogar yungueño, cada huerta e inclusive en muchos cocales, el frondoso árbol de plátano no puede estar ausente.