Bambolla Bambolla

Foto de estudio de Laura Villanueva (Hilda Mundy)

Jackeline Rojas Heredia 

Bambolla Bambolla, la gracia irónica de Hilda Mundy se plasma en la palabra y en la repetición de la misma. La obra recopilada y cuidadosamente editada por Rodolfo Ortiz es una especie de tesoro único, fino y delicado, un intento directo de combinar con el espíritu de aquella pequeña creadora veinteañera en los años 30.
Volver en el tiempo a través de cada palabra. El inicio de su escritura pública combinada con la privada descubierta por su sobrina Carmen Bedregal, cartas a su amigo Jorge Fajardo, una correspondencia mantenida  y alimentada en una especie de amor ingenuo, “amor botón” como ella misma dice.
Laura Villanueva, conocida por su seudónimo Hilda Mundy, abría su corazón y compartía sus percepciones cotidianas con aquel que creía, podía entenderla. Y gracias a esa delicada y elegante escritura uno puede vivir la emoción inmensa de recibir una carta, el hambre provocada por la espera y la saciedad en la lectura que exige repetir muchas veces.
Leer y escribir cartas y abrazar los sobres y olfatear el aroma del papel que llega de lejos, que trae no solo las palabras, sino también aquellas partículas imperceptibles de la persona que se añora o ¿se ama?, vibración, energía, encantamiento que corta el tedio y da paso a un ramillete de emociones conjugadas en un mismo nombre de hombre, de sueño, de amor.
Tan conmovedora y reveladora correspondencia en una época bélica, la Guerra del Chaco, un trozo de historia amarga para el país, con jóvenes y adolescentes en la línea de fuego, con el riesgo de morir a diario. Ésa es la respuesta a la pregunta que asoma ni bien uno concluye la lectura a la primera carta. Mundy no podría sentir violada su privacidad cuando lo que nos ofrece, a través de ella, es la vivencia frenética e injusta de una guerra que dejó a Bolivia mutilada.
Y luego de esa corta vida en correspondencia o a la par de ella surge la heroína, una mujer íntegra que no requiere de un lenguaje soez para lanzar sus primeros Dum Dum, (balas de la India) Nombre de un semanario que publica para responder a la canallada de ese mundo político que ella descubre, mezquino, inhumano al borde de exigencias y lujos como aquel curioso telegrama oficial que llega a sus manos. En esa misiva se ordena la adquisición de 5.000 barriles de vino cinteño, 250 cántaros de chicha clizeña, etc, etc…para el alto mando.
 Y entonces, uno puede sentir el ardor en las tripas secas, la rabia de saber que jóvenes mueren de sed en el frente, mientras  las autoridades saborean caprichitos de toda clase. Hilda no duda entonces en llamarlos “Mercachifles”, la palabra quizá más grosera de su vocabulario, que, junto a la ironía al referirse al reciente nuevo presidente Tejada Sorzano, provocó su exilio. La censura a una joven mujer que protestó abiertamente por el desastre que se provocó a su generación y a otras. Jóvenes que retornaron mutilados, enfermos con tuberculosis, locos o no retornaron.
Bambolla Bambolla, el papel se hace corto para describir la belleza y el encantamiento de Mundy en 316 páginas. Gracias a la Mariposa Mundial por este regalo al lector.