Belleza indígena en la fotografía de Hans Ertl

Luis Oporto Ordóñez  (*)

El 23 de octubre de 2000 fallecía en la chiquitania (Santa Cruz), un octogenario ciudadano alemán. Era Hans Ertl, fotógrafo, cineasta, escritor, inventor y escalador profesional. “En su Alemania natal fue el fotógrafo y cineasta personal del Mariscal Erwin Rommel en su campaña africana y director de fotografía y primer camarógrafo de la cineasta de Adolfo Hitler, la afamada Leni Riefenstahl”, revela Pablo Cingolani. Salió de Europa huyendo del nazismo, pasó por Chile y llegó a Bolivia hacia 1950. Dotado de seis cámaras (modernas S. Baldinette y Pentacon de 35 mm; usuales Rolleiflex 6x6 y Luxette 4x4; y una Technika 9x12); siete objetivos (Lichtagon 35; Cymat 7,7, Biotar 58, Xenar 75, Tessar 75, Planar 80, Astro 300) y filtros. Su pasión fotográfica lo llevó desde los nevados, al altiplano, los valles subtropicales, el oriente y la amazonia. recorrió el territorio palmo a palmo, registrando la sacrificada vida humana en su exuberante hábitat: inusuales fotos de la cultura tiwanakota, el lago sagrado, el indomable aymara; sorprendentes mujeres cosechadoras de té en San Carlos de Mapiri, la fantástica Torre del Portón (“cordón umbilical de Sudamérica”) en Corumbá, pintura rupestre de Roboré. Curas, fieles, documentos (“dominica palmarum”), partituras e instrumentos musicales (pentagrama y violín, del p. Schmidt) en las Misiones Jesuíticas de San Miguel, Santiago, San Rafael, Santa Ana. Descubre la cultura ganadera y caballar, propia de Beni, sus carretas con ruedas de madera tiradas por bueyes que vencen las pampas, pantanos y curichales, al mando del camba, al que le canta: “oiga carretero, ¿a dónde va usted?” Impacta al fotógrafo la hermosura de la mujer indígena “moliendo maíz”, su “salud, fuerza y gracia” y ve sorprendido en ellas a “portadoras de firme conciencia popular sudamericana y que no conocen antagonismo racial”. Registra el método de tala y roza para dar lugar a las plantaciones de azúcar; el trabajo del siringuero y al joven alemán dichoso en su segunda patria. Llega hasta Rio Verde, en la serranía Ricardo Franco y el Matto Grosso, observa la fauna (Tatú gigante en Rio Tarvo; Matamata, extraña tortuga en Rio Machupo) y la flora (bosques de Tahibos, gigantescas palmeras), que inmortaliza con su lente.
Su mayor aporte es su trabajo fotográfico con los pueblos indígenas Tsimane, Sirionó, Chané y Chiquitano. Lo cautiva la exótica belleza del mundo indígena: “mujeres únicas en su género, que ningún otro fotógrafo logró abordarlas en la magnitud de su belleza nativa”, afirma Cingolani. Pasa intensas jornadas con el pueblo Sirionó, los nómadas del arco largo que estudió Allan Holmberg: “maestros en disparar la flecha, una muestra de vigor y fuerza natural. 
Hans Ertl dejó un legado invaluable: su libro Arriba Abajo (con glosas en español, alemán e inglés), editado en Múnich (Alemania) por F. Bruckmann, en 1958, uno de los documentos fotográficos fundamentales para comprender la pluriculturalidad de Bolivia. 

(*) Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Plurinacional