La OTAN: ¿alianza defensiva o entente imperialista?

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Alejo Brignole

Si la Alianza Atlántica fue creada en 1949, durante los años del mundo bipolar, cuando la confrontación este-oeste obligaba a contener un eventual avance soviético sobre la Europa democrática… ¿Cuál sería su papel actual ahora que no existe la amenaza comunista y la Unión Soviética desapareció?
Esta es la gran pregunta que los países integrantes comienzan a murmurar con desagrado, pues no está claro qué significa pertenecer a la OTAN. Sobre todo porque las masas europeas ya perciben que existe una intencionalidad hegemónica e imperialista en las intervenciones de la Alianza y que no se ajusta a los postulados defensivos de sus estatutos. En igual sentido, la vulneración de las resoluciones de la ONU en repetidas oportunidades desde inicios de años 2000, sumado a la tutela inapelable de Estados Unidos (país que paga las tres cuartas partes del presupuesto anual de la OTAN, que en 2015 superó los mil millardos de dólares = $us 1.000.000.000.000) han convertido a la OTAN en una cuestión incómoda para los electorados integrantes de la Alianza.
La crisis de los refugiados sirios que ha desestabilizado las fronteras europeas y ha dejado al descubierto las tensiones subyacentes en una Europa xenófoba y con poca tolerancia a los extrañamientos es atribuida, atinadamente, a las intervenciones preventivas de la OTAN en Medio-Oriente, sobre todo en Libia, Siria e Irak.
A falta de nuevos argumentos y enemigos visibles que sustenten su existencia, la OTAN ha encontrado en el ISIS, el ahora llamado DAESH (Estado Islámico) un motivo para justificar semejante dispendio militar y económico, y así proseguir su despliegue global, el cual no es otra cosa que una amenaza larvada al resto de mundo que no pertenece a la OTAN.
La renovación de los enemigos (el comunismo, el narcotráfico, el terrorismo, la piratería costera, etc.) ha sido siempre la tendencia dominante para justificar desplazamientos y acciones hegemónicas de los países militarmente más poderosos. He aquí que muchos ven en los atentados del ISIS una verdadera veta de oro para continuar una escalada militarista de proporciones globales que tenga a la OTAN como su principal protagonista. Es decir, un avance disuasorio de tintes imperialistas y neocoloniales encubiertos bajo razones defensivas y de protección democrática. Sin embargo, los críticos de la OTAN piden a gritos que si se desea desarticular al ISIS, la primera medida sería inhibir el flujo de armas que el Estado Islámico recibe de Arabia Saudita y de Turquía, dos naciones estrechamente aliadas de EEUU (y tuteladas en sus estructuras militares).
Incluso comienzan a existir sospechas de que la ola de atentados que vienen produciéndose en Europa desde inicios de 2015 podrían no ser atribuibles al ISIS, sino producto de operaciones de ‘bandera falsa’ llevadas a cabo por cuadros de Inteligencia y comandos secretos de la misma OTAN. ¿El motivo? Justificar el despliegue global y unilateral de la Alianza, instalar el miedo y así poder aprobar leyes democráticamente retrógradas, cuya finalidad es conculcar derechos ciudadanos en Europa y EEUU. Y ya sabemos que cuando se rebajan los derechos colectivos ganan las corporaciones y los concentradores de la riqueza.
Quizás el mayor fundamento para este tipo de sospechas sobre un terrorismo fabricado Made in NATO se sustente en el oscuro recuerdo de la llamada Operación Gladio en la década de 1970, que fue realizada por la OTAN, el MI5 británico y la CIA en toda Europa, con el fin de amedrentar a la población y evitar los votos de la izquierda filocomunista ganara elecciones en diversos países como Italia. La Operación Gladio fue la responsable de atentados con bombas, secuestros políticos (incluido el secuestro y muerte del democristiano Aldo Moro en 1978, que estaba a punto de pactar con los comunistas italianos una alianza electoral).
El criminal atentado con bomba en la estación de trenes de Bolonia (Italia) en 1980, y en donde murieron 85 personas, fue realizado por un comando especializado a las órdenes de la OTAN en el marco de la Operación Gladio, pero adjudicado a las denominadas Brigadas Rojas italianas (grupo guerrillero de extrema izquierda), como una manera de horrorizar al ala izquierda del electorado de ese país. El terrorista Vincenzo Vinciguerra (vinculado al ataque de Bolonia y que actualmente cumple cadena perpetua) declaró en los juicios que se llevaron a cabo que una “estructura oculta dentro del Estado mismo y vinculada con la OTAN” estaba dando una “dirección estratégica” a todos esos atentados. 
¿Podríamos, por tanto, sospechar hoy sobre vinculaciones no declaradas entre el fenómeno del terrorismo global y el beneficio de una cruzada militarista que avanza sobre el control mundial y que fortalece a una Alianza de las proporciones de la OTAN?
Y lamentablemente, quizás la respuesta sería un Sí.