Kant, los indios y los negros

Por Ojo de Vidrio 

Gracias a Fernando Garcés pude incorporar en el estudio de la Filosofía Política la obra del profesor Emmanuel Chuykuwudi Eze, nacido en Kenia y docente de la Universidad de Duke, que se refiere a uno de los filósofos más apreciados de Occidente, Immanuel Kant. Kant dividió a los humanos en blancos (europeos), amarillos (asiáticos), negros (africanos) y rojos (indios americanos). 
Excepto los blancos, estos últimos tienen inclinación al mal y no son por tanto propiamente humanos porque carecen de principios éticos y de la capacidad de desarrollar el “carácter”; no tienen autoconciencia ni una voluntad racional, capaces de construir una moral a través de la educación, que desarrolla “la bondad latente en la naturaleza humana”. Como puso a los blancos por encima de todo, negros e hindúes son “incapaces de madurez moral” y carecen de razón. Los indios americanos son “completamente ineducables carecen del “afecto y pasión”, y los africanos sólo pueden ser “entrenados” como esclavos y sirvientes. Kant dice: La raza de los americanos no puede educarse. 
No hay fuerza motivadora porque carecen de afecto y pasión. Ellos no están en el amor, por eso tampoco tienen miedo. Apenas hablan, nada les importa y son haraganes. (Id. P. 353).En cambio, los negros “están llenos de afecto y pasión, son vivaces, conversadores y vanidosos. Ellos pueden ser educados pero sólo como sirvientes (esclavos), o sea que permiten ser entrenados. 

El Castigo
El “entrenamiento” para Kant es pura coerción física y castigo corporal, y en sus escritos sobre cómo forzar a los sirvientes o esclavos africanos a la sumisión, aconseja usar una caña de bambú partida en vez de un látigo para que el “negro” sufra mucho dolor (porque la gruesa piel del negro no recibiría suficiente agonía con un látigo) pero sin morir. Para golpear eficientemente a los “negros” se requiere de “una caña partida en vez de un látigo, porque la sangre necesita encontrar una salida de la gruesa piel del negro para evitar infectarse. Este entrenamiento es propio de los negros porque el negro es “exclusivamente haragán, vago y propenso a la duda y los celos; y porque carece de carácter racional y moral”. En otras palabras, para Kant lo diferente, lo otro, lo indio y lo negro, es malo y distinto a lo blanco, “lumínico y bueno”. Y los otros son más o menos humanos y civilizados en tanto se aproximen al ideal blanco europeo. Sobre los hindúes, dice que “ellos nunca pueden alcanzar el nivel de conceptos abstractos”, y este pensamiento es extendido a persas, chinos, turcos y a todas las comunidades de Oriente. Por tanto, la única raza capaz de progreso es la blanca europea. Kant dice: “La raza blanca posee en sí misma todas las fuerzas motivadoras y talentos” y es necesario estudiarla con exclusión de las otras, pero la humanidad europea en Kant se convierte en humanidad universal. Según su clasificación, que va de mayor (blanco) a menor (de la India), la especie humana se divide en género original: blanco moreno. Primera raza: muy rubio (Europa del Norte), de frío húmedo. Segunda raza: rojo cobrizo (América) de frío seco. Tercera raza: negra (Senegambia), de calor seco. Cuarta raza: amarillo olivo (India) de calor seco. (Sobre las diferentes razas de hombres, p. 23) O sea que las razas son más o menos superiores en tanto se aproximan a la raza blanca, “superior a todas las demás”, las cuales son “degenerativos del blanco original”.
Un absurdo de Kant es decir que “al nacer el color de la piel de todos los bebés de todas las razas es blanco, pero gradualmente a lo largo de algunas semanas, el cuerpo blanco del bebé se pone negro (o rojo o amarillo): “Los negros nacen blancos, excepto por sus genitales y un aro alrededor de su ombligo, que también es negro. Durante el primer mes, la negrura se desparrama por todo el cuerpo desde esas partes”. Kant jamás salió de Kônisberg y sin embargo habla de las distintas razas como si las hubiera conocido. Entre paréntesis, la superioridad de la raza blanca quizás fue tomada de Johann Friedrich Blumenbach, para quien hay cinco razas. 
“La Caucásica es la “más bella (…) a la cual le corresponde un lugar prominente”; las razas mongólica y etíope son la “extrema degeneración de la especie humana (la raza blanca); y las dos razas restantes, la americana y la malaya, son simplemente estados transitorios. (Sobre la variedad de la especie humana, 1775). Otro absurdo kantiano es que en 1785 decía que la piel se volvía negra debido a una sustancia inflamable que se llama phlogiston. Según el Diccionario Webster es el hipotético principio del fuego considerado como una sustancia material. Éstas y otras falacias sobre las razas humanas han sido compendiadas por Kwama Anthony Appiah en In my father’s house: Africa in the philosophy of culture, 1992, citado en la página 230 del texto que estudiamos. Otra de sus frases curiosas, es decir, sin el menor fundamento, es la siguiente: “La humanidad existe en su mayor perfección en la raza blanca. Los indios amarillos tienen una cantidad menor de talento. Los negros son inferiores y los más inferiores son parte de los pueblos americanos”. (Id. Pp.231). 

Justificación para someter
El orden racional y moral de las razas da a los blancos la posición más alta seguida de los amarillos, los negros y los rojos. Sobre la capacidad de razonamiento de un negro, al leer una declaración hecha por un africano, Kant opinó: “este tipo era bastante negro de arriba abajo, una clara prueba de que lo que dijo era estúpido”. (Id. P. 232). Y también decía que “los peruanos son gente simple porque se ponen todo lo que se les da en la boca”. (p.246). Para él la raza era una cualidad moral inalterable e inmodificable: La humanidad existe en su mayor perfección en la raza blanca. Los indios amarillos tienen una cantidad menor de talento. Los negros son inferiores y más inferiores son parte de los pueblos americanos. (Kant: Geografía Física). En el orden racional de las razas la posición más alta estaba ocupada por los blancos, seguidos de amarillos, negros y rojos. Kant representaba la idea de que Europa tenía de sí misma en un mundo colonizado, y su pensamiento fue un justificativo de la tarea “civilizatoria” de Occidente en el resto del mundo, al cual sometió al régimen colonial.
La teoría de las razas de Kant es esencialista y arraigada en términos biológicos; por eso el mestizaje o mezcla de razas le parece una contravención de las leyes de la naturaleza, pues la Naturaleza, como las Ideas de Platón, tiene estructuras inmodificables.