Dios en la poesía de Vallejo (Parte II)

César Vallejo

Gaby Vallejo Canedo (*)

Dios mío, si tú hubieras sido hombre, 
hoy supieras ser Dios,
 pero tú, que estuviste siempre bien, 
no sientes nada de tu creación. 
Y el hombre sí, te sufre: el Dios es él. 

Se evidencia las siguientes connotaciones: el dolor es creado por Dios y dado al hombre y es siempre mucho, Dios se mantiene indiferente, sin “sentir nada de su creación” porque está “siempre bien”. Le es suficiente haber creado al hombre y al dolor. Pero el hombre va más allá del hombre. Es Dios porque conoce y soporta lo que no puede Dios: el dolor. Dicho esto a quema ropa se traduce en un Dios que debería sufrir el dolor del hombre creado por él mismo, para ser mejor, más perfecto. Bien, hemos visto la doliente soledad del hombre abandonado por Dios. Una cara de Dios en la poética de Vallejo. Suavizando esta distancia desesperante está Cristo que es amor, que es dulzura, que es redención. Por contraste, son pocas las veces que lo nombra y a veces disfrazado  Vemos  un fragmento de “Yeso”

y que muere sangriento de amar mucho, 
como un croquis pagano de Jesús.

Como vemos, morir “sangriento de amar mucho” como Jesús. 
En el poema “Ascuas”, existe un Cristo sugerido:

Tilia tendrá la cruz
que en la hora final será la luz 

La cruz, sin duda, es Cristo implícito y como tal, verdadero vínculo de salvación en  “la hora final”. La luz después del sufrimiento cristiano.

Encontramos contenidos sugeridos del mismo modo en “Avestruz”.

No acabes el maná de mujer que ha bajado, 
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz.
Mañana que no tenga yo a quien volver los ojos, 
cuando abra su gran O de burla el ataúd.
Busca la cruz, quiere que le nazca una cruz capaz de ayudarle a soportar las circunstancias de no tener “a quien volver los ojos”. Una cruz que le salve mañana “cuando abra su gran O de burla el ataúd”, una cruz a qué  agarrarse.

En el texto  “El poeta y su amada” dice:

Amada…
Tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, 
Y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

“Jesús ha llorado”, “viernes santo más dulce que ese beso”, son expresiones que traducen la ternura  que inspira a Vallejo la palabra o la identidad de Jesús. Es la ternura más grande que sobrepasa a la dulzura de un beso de amor humano.

Reconocida  está  suficientemente  la dualidad Dios-Jesús. Dios como alejado, incógnito, implacable, malo y Jesús como amor, dulzura, redención, luz.  

(*) Escritora y maestra