Juan Wallparrimachi, el poeta guerrillero de la independencia

Cambio
El poeta guerrillero Juan Wallparrimachi.

“Juan Wallparrimachi no fue un gato de siete vidas”, por el contrario, muere con la cabeza destrozada “por el arcabuz colonial, mirando el infinito”, describe Néstor Taboada Terán, el fin de quien es considerado el primer poeta del mundo andino. (Capítulo III de su libro Juan Wallparrimachi).
Integró el Ejército guerrillero que comandó su padrastro Juan Manuel Ascencio Padilla, durante la Guerra de la Independencia.
Nació en 1793, en Macha, departamento de Potosí; murió en 1814 en el cerro de Las Carretas, Chuquisaca, a los 21 años de edad. Fue adoptado por la familia Padilla, tras quedar huérfano de padre y madre. La valerosa Juana Azurduy de Padilla fue su protectora.
Según Taboada, “aprendió de oídas las lecciones que aprendían los hijos de Padilla de un profesor particular”.
Este joven criado de la familia se expresaba en quechua, sin embargo hablaba perfectamente el español, “pero nunca quiso componer un verso en ese idioma”.
Al formar parte de las tropas que lideró su padrastro, donde era conocido con el nombre de “Teniente Hondero”, conoció del fragor del combate; pero su alma estaba cimentada en la ternura.
MANUSCRITOS
El futuro del Waraquero Arawiku se lo podrá ver en alguna plaza de chullperío destinado a las celebridades, refiere Taboada Terán, para describir que el material de este juglar andino fue hallado en su choza, en la que vivía la familia Padilla.
“Hallaron cantidad de manuscritos y en toda clase de papeles (...) dedicados a la guerrilla, a la madre y a las mujeres sentimentales. Todos aquellos materiales literarios creados cotidianamente después de sus labores de labrador”.
Todo ese material fue reunido por la familia Padilla, la que preservó de entre “todos los peligros”.
Los manuscritos, refiere, tienen su propia crónica personal. Es el propio José Manuel Ascencio Padilla quien escribió en sus memorias, que a su hijo adoptivo lo instruyó con afecto especial, “para combatiente de la libertad”.
De esas memorias se describe el instante del ataque español: “El enemigo atacó en el punto de Las Carretas donde resistíamos con 30 fusileros y más de 800 indios guerreando cuatro días, murieron 30 Tablas, se ganaron cinco fusiles y una espingarda de cañón de tres varas... Y después se retiró Padilla a tres leguas de distancia solo con la pérdida de un Teniente Hondero donde permaneció tres días”.
“Su muerte lo descubre como poeta. El guerrero y el poeta. El que no renuncia a su liberación y por el contrario esgrime como arma la honda, que se convierte en mortal, porque su convicción le da la fiereza que en los momentos de la guerra, a muchos convierte en héroes, cuando existen las causas más sagradas, como son la libertad y la dignidad de los seres humanos”, escribe Taboada Terán. 
Wallparrimachi tradujo al quechua la proclama de Tiwanaku, del comandante Juan José Castelli.
Según el escritor, “Wallparrimachi era un indio puro que decidió escribir solo en quechua, consecuente con su lucha anticolonialista”. Además, tenía de la vida: “El valor de un redentor. Sabía que su existencia corría peligro y cada día se hallaba más expuesto por la represión selectiva chapetona. Buscaban para matarlo...”.