Movimiento indígena, una historia de lucha

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El movimiento indígena es protagonista de las transformaciones del Estado.

La historia del movimiento indígena en lo que llegó a conformar Bolivia, es de larga data y se tendría que escribir para varias publicaciones.
El “Día del Indio” que ahora se denomina “Día de la Revolución Agraria Productiva Comunitaria”, para estudiosos como Eduardo Paz o Gonzalo Vargas, es importante porque representa la historia del movimiento indígena, plagado de una permanente lucha en la perspectiva de lograr su verdadera liberación y autogobierno.
Las luchas registradas a lo largo de los últimos 200 años, protagonizados por movimientos indígenas fueron, exclusivamente, para recuperar su territorio y reclamar el derecho a la tierra, indisolublemente ligada a su forma de vida y existencia.
El sociólogo y docente universitario Eduardo Paz afirmó que a lo largo de la historia la resistencia al colonialismo español surgió en varias regiones del continente, “muchas de ellas, espontáneas, pero sin lugar a dudas concentran la atención y son el principio del proceso de la independencia”, como los levantamientos de Tupac Katari.
Paralelo a ello, estuvieron otros luchadores como Tupak Amaru en la región sur del Perú, Micaela Bastidas, Bartolina Sisa; y a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, aparece la figura del “temible” Zárate Willka, que luchó al lado del liberal José Manuel Pando en la perspectiva de lograr la liberación de los sectores explotados campesinos, sin embargo, luego fue eliminado por sus eventuales aliados tras exigir los derechos por los cuales tomaron las armas.
En ese sentido, Paz Rada afirmó que el 2 de agosto y la Reforma Agraria, tienen una significación “muy importante”, porque a partir de medidas como el voto universal (emancipación del indio) se producirá la emergencia del movimiento indígena y campesino en el país que paulatinamente ganará presencia en la política nacional, hasta tener un punto descollante en los primeros años de este siglo, que consiguieron una nueva revolución: La Revolución Democrática y Cultural.
Para el viceministro de Autonomías Indígena Originario Campesinas, Gonzalo Vargas, los movimientos indígenas lucharon a lo largo de la historia (desde la colonia y la república) por su derecho a la propiedad comunitaria de la tierra. “Nos estaban hablando de territorio, no de tierra, parcela o fracción de tierra, no como objeto patrimonial”.
LEY DE REFORMA AGRARIA 
La toma de tierras en el occidente del país con el liderazgo de revolucionarios campesinos fue el complemento que se dio, luego de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952, cuando se destruye la estructura minero feudal que gobernaba la República de Bolivia.
“Esta Revolución que fue el levantamiento de un pueblo encabezado por sindicatos, tanto obreros como campesinos, y el MNR, consiguió destruir toda la estructura de poder de la oligarquía terrateniente y minera, y en ese contexto, una de las medidas fundamentales es la reforma agraria”, sostuvo el sociólogo Eduardo Paz.
Para el viceministro Gonzalo Vargas, la revolución de 1952, hace pensar en dos conceptos: el de campesino y el de tierra, a pesar de que con anterioridad hubo avances en el tema de derechos de lo que se llamó “campesino respecto a la tierra”.
“Pero esto coloca al movimiento social indígena en el marco de preceptos que corresponden al modelo de Estado republicano y de modelo capitalista”.
Explicó que el concepto de campesino está relacionado con la ubicación en la estructura social del Estado boliviano, y en lo económico que tiene que ver con el sistema de producción; no como un conglomerado que tiene una identidad relacionada a una pertenencia ancestral.
Lo otro es la consolidación del concepto tierra desconociendo el concepto de territorio. “Entonces estos derechos consolidados en 1952, configuran la órbita de modelo de Estado republicano liberal capitalista que hace aguas por las protestas que emergen en nuestro país”. Aquello, mencionó, se consolida en el manifiesto de Tiwanaku (1973), en el que se hace observaciones profundas a la Reforma Agraria del modelo de configuración que el Estado daba al movimiento indígena campesino.
“Ahí refiere de que los pueblos indios luchan por la propiedad comunitaria de tierras y que basan en su autonomía las decisiones para futuro. Solamente nuestra autonomía nos va a permitir lograr una total liberación”, afirmó.
Lo que en su interpretación se debe entender que el concepto de campesino no era la adecuada para el carácter de identidad que asumieron los pueblos indígenas originario campesino y por otro lado, el concepto de autonomía, es decir, que el modelo de Estado social que el liberalismo y el modelo capitalista desarrollaron en nuestro país no fijaban las perspectivas para una verdadera liberación de los pueblos indígenas.
Ese cúmulo de protestas y levantamientos a inicios del siglo XXI (2000) las protestas dejan de ser aisladas, como señala el vicepresidente Álvaro García Linera: “Lo local se articula en torno a una demanda general movilizadora: la defensa de los recursos públicos, de los recursos comunes, del sistema de necesidades vitales como el agua. En torno a esa demanda los liderazgos, ya no de clase media, ya no intelectuales ni académicos como venía sucediendo antes, ni siquiera obreros, sino los liderazgos indígenas campesinos lograron articular a indígenas, a trabajadores, a  campesinos, a jóvenes estudiantes, a pobladores migrantes urbanos, luego a profesionales y a la clase media”.

Estado republicano hizo todo para eliminar la organización comunitaria
La eliminación de todo vestigio de organización comunitaria fue el objetivo que se planteó el Estado boliviano desde su fundación (1825), afirmó el viceministro de Autonomías Indígena Originario Campesinas, Gonzalo Vargas (foto).
La autoridad aseguró que ése fue el papel que les tocó jugar a quienes tuvieron a su cargo el destino del país desde la fundación.
Consideraban que el modelo comunitario, correspondiente a los pueblos indígena originario campesinos, no solo del área andina, sino de los valles y de tierras bajas, porque son de la misma lógica, se convertía en verdadero obstáculo al desarrollo del capitalismo.
Guillermo Lora (dirigente trotskista), sostuvo Vargas, compartía estos criterios y habría afirmado que, “el Estado boliviano debe resolver, quitarse de encima el pesado fardo”, al alusión a las culturas indias del país.
“Este es el contexto en el que se desarrolló históricamente el modelo republicano en relación a los pueblos indígenas, lo cual hizo aguas”, afirmó.
Señaló que este criterio fracasó en Latinoamérica y países del mundo (Albania, Ecuador, Colombia y México), liderado por movimientos políticos en búsqueda de la reivindicación de sus identidades.
Estos movimientos emergentes, que demandaban su autonomía, obligaron a las entidades internacionales como el Banco Mundial y el gobierno de los Estados Unidos a plantear la estrategia del multiculturalismo liberal o denominado también “constitucionalismo multiculturalista”, que estaba destinado a aplacar los movimientos indígenas que se inició en Guatemala en 1988 con la reforma de su constitución, reconociendo el carácter pluricultural y multiétnico.
En Bolivia eso se logra en 1994 y abrió la posibilidad de corregir artículos constitucionales con el propósito de reconocer la diferencia indígena sin ninguna connotación política, pero reconociendo la tierra comunitaria de manera simbólica, fue importante porque dio pábulo a que los movimientos indígenas originarios se reorganicen y perforen la Ley INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria).

Warisata y la historia del 2 de agosto
El 2 de agosto de 1931 se creó la Escuela Ayllu de Warisata, impulsada por el profesor Elizardo Pérez y el jilakata Abelino Siñani.
La Escuela Ayllu de Warisata es un hito de resistencia educativa en la historia de ideas pedagógicas en Bolivia, porque ha iniciado y desarrollado la educación productiva-comunitaria.
La experiencia del aprendizaje productivo de la Escuela Ayllu en Bolivia, tuvo su expresión más alta entre los años de 1931 y 1940, donde se ha ejercitado el trabajo ligado no solamente a la economía, sino esencialmente a la sabiduría aymara – quechua.