En memoria de María Márquez

Ramón Rocha M.
Trabajo del autor. Una recopilación de Mujeres destacadas

Por Ojo de Vidrio

Cumplió 92 años y murió el 19 de julio de este año. Tenía 89 y era un motor andando cuando le hice una entrevista de homenaje por el bicentenario de La Coronilla. Se llamaba María Rosa Márquez Lafuente viuda de Decker. Pertenecía a la familia Márquez, de Sacaba. Nació un 29 de agosto y su vida es increíble, insospechada, como la de toda mujer, porque fue profesora de ruso en la Universidad de San Simón, estudió un tiempo en el Instituto Lomonosov, de la extinta URSS y en su casa se escondieron cinco guerrilleros del ELN sobrevivientes de Ñancahuazú.
La historia ha recogido el nombre de su esposo, el Dr. José Decker Morales, abogado civilista y magistrado de la Corte Suprema de Justicia que obedeció a sus convicciones y ocultó a cinco personas en los momentos de más intensa persecución; pero pocos recuerdan a doña María, que pasó momentos indecibles atendiendo cada día a huéspedes tan peligrosos y más tarde sufrió allanamientos y persecuciones. 
Uno diría que ella y su hija Amalia son las primeras actoras de esta historia familiar. Su hija Amalia consiguió escapar gracias a la familia Márquez; el Dr. Decker fue tomado preso en varias oportunidades por los agentes de la represión oficial, pero a doña María le tocó la tarea más difícil: la de continuar viviendo y cocinando, y peregrinando en busca de la libertad o del paradero de  sus seres queridos.
“les gustaba comer picantito”
“Estuvieron aquí antes de partir a Oruro”, recuerda doña María. Esos hombres traían dinero, alrededor de 20.000 dólares, pero no tenían equipaje; doña María les dio pantalones, camisas y sacos que usaba el Dr. Decker y su hijo José. Había que preocuparse de alimentarlos y atenderlos. “Les gustaba comer picantito”, recuerda doña María; la entrevisté junto a su hija Amalia (Amalia y José son los únicos hermanos Decker Márquez; el doctor tuvo en un primer matrimonio dos hijos conocidos por su actividad periodística y literaria: Carlos e Iván Decker Molina).  
“La Niña Amalia, le decían después de escuchar a la Victita, la empleada que los había criado a mis dos hijos. El Pombo escuchaba y desde entonces le dijo niña Amalia. Una carta nos había mandado de agradecimiento. Mi hijo Pepe no sabía; vendió el living, y allí, en el sofá, la habíamos ocultado”, recuerda. 
Amalia conserva otra carta de Pombo. “De alguna manera yo fui reclutada por Pombo. Yo tenía 13, 14 años. Me dijo: Yo me comprometo, Niña Amalia, que alguien va a buscarte para que vos seas guerrillera. También estuvo Inti. Esta casa era un desfile”, recuerda Amalia.
“esta casa corre mucho peligro”
Un día el doctor Decker reunió a la familia y anunció que quería contarles algo: los guerrilleros que escaparon de Ñancahuazú estaban en Cochabamba y él se había comprometido a ocultar a dos de ellos. “Esta casa corre mucho peligro; nada puede escaparse de ustedes, ni a su mejor amigo, porque cae el ejército y nos va a matar a todos”, les previno el doctor. “Nos habló del compromiso con la revolución y de esa manera, por la noche, Roberto Arnez trajo a Pombo, primero al bufete de mi papi, que funcionaba aquí mismo, y luego directamente se fue al cuarto de arriba. No había ni baño privado, era una casa precaria y había que llevarles bacinica para que hagan sus necesidades. Ni mis tías podían enterarse. Pero un día mi primo René los había visto. “Un alto negro está viviendo en tu casa y  baja por las noches”, me dijo. Ahí tuvo que participar mi tía y mantuvieron la boca cerrada. 
“Tenían mucha solidaridad entre hermanos”, recuerda Amalia. Entonces comenzaron los sobresaltos: Amalia no estaba todavía muy metida en el movimiento, pero en esa casa se costuraban mochilas, carpas y otras vituallas para la guerrilla. “Esto era una factoría; mi mamá, Marina Rocabado, hermana de René Rocabado Alcócer y Elena Zannier, la esposa de éste, venían a costurar”, recuerda Amalia. “Don Jesús Lara tenía unos terrenitos y toda su cosecha la traía aquí para darles a los guerrilleros”, recuerda Amalia, y aclara: Por aquí pasó Pombo, luego Inti con el Negro Omar, lugarteniente de Inti.
Desde que llegó Pombo, yo empecé a recortar periódicos con información sobre la guerrilla. Un día salió la foto de cinco guerrilleros que habían logrado llegar a Santiago, desde Oruro, y el único ausente era Inti. 
Él llegó aquí con el nombre de Juan. Apenas regresaba a la casa desde el colegio, corría arriba para que me cuenten de Ñancahuazú, y él contaba que había estado allí. Le mostré la foto y le pregunté por qué no aparecía. Entonces deduje que era el Inti y él se mataba de risa. Luego llegaron Ricardo y ‘Chato’ (Osvaldo Peredo Leigue),  y luego el Max (Tineo Leigue); de la plana mayor Pombo, Inti, Negro Omar, Ricardo  y ‘Chato’. 
El Dr. Decker fue Presidente de la Corte Superior del Distrito de Cochabamba y la gente del MNR lo respetaba mientras duró ese régimen, pero en 1964 se inició el ciclo de dictaduras militares con el general René Barrientos y entonces comenzaron las preocupaciones, porque don José y doña María tuvieron que irse a su casa de Sacaba y abrir una panadería. 
El doctor aprendió a sobar la masa y a repulgar empanadas; en poco tiempo se convirtió en un panadero diestro. Cuando subió Barrientos lo habían tomado preso junto a Jesús Lara, Manuel Guerra, el Titico Sempértegui (que murió hace poco a los 95 años, ginecólogo) y otros. Doña María tenía que llevar el almuerzo todos los días a los presos. 
Luego vino la dictadura del entonces coronel Banzer, en 1971, y otra vez comenzaron las persecuciones. Allanaron la casa de los Decker en busca de Amalia y, como no la encontraron, se lo cargaron al Dr. Decker. Doña María nació el 29 de agosto de 1923 y se casó un 8 de septiembre, en la fiesta de la Virgen de Chuchulaya. 
DESCANSA JUNTO A SU ESPOSO
El 21 de julio depositamos sus cenizas en el sitio de honor reservado para su esposo, el Dr. Decker. Fue una mujer valiente, de mucha garra y ejemplo de lo que puede ser la mujer boliviana.

(*) Ramón Rocha Monrroy