El retorno de la periodista Hilda Mundy en Bambolla Bambolla

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Hilda Mundy

Jackeline Rojas Heredia
Escribir y dejar oraciones sueltas, cual migas de pan para que los lectores sigan las pistas, tracen el camino y armen la historia es la tarea que hizo Laura Villanueva Rocabado, periodista y escritora que empezó a publicar sus columnas a la edad de 20 años. 
Villanueva, más conocida por su seudónimo Hilda Mundy (en referencia a una actriz londinense que llegó al auge por los años 30-40), se inició en 1934 con una columna en el periódico La Retaguardia de la ciudad de Oruro; dos años antes había comenzado la Guerra del Chaco.

“todas soy yo”
Hija del arquitecto Emilio Villanueva, quien hizo el Palacio Consistorial de La Paz, y esposa del poeta Antonio Ávila Jiménez, Mundy escribió varias columnas en varios periódicos. Un día, donde firmó Madame Adrián, firmó Hilda Mundy y en otra columna donde solía firmar Hilda Mundy, firmó Madame Adrián. En otra, donde dice Pimpett, firmó Madame Adrián, y así entrelazó el juego, cuyo grito silencioso dice: “Todas soy yo”, pero en distintos momentos. Ése, entre otros, forma parte de los hallazgos que se presentarán en el próximo libro: Bambolla Bambolla (cartas fotografías y escritos de Hilda Mundy), publicado por la editorial La Mariposa Mundial. La presentación será el 9 de agosto en el Espacio Simón I. Patiño.
La llaman precursora del periodismo femenino, definen su obra como ‘ácida’ y califican su trabajo, influencia y paso por este mundo como “fundamental para las letras bolivianas”.
Hilda Mundy fue varias veces investigada, estudiada, tema para tesis de doctorados y otros trabajos. Rodolfo Ortiz, editor de la mencionada editorial, es el artífice de este nuevo recorrido en la construcción de la periodista y escritora nacida en Oruro (1912-1982).

cartas inéditas
Ortíz narró lo difícil que fue en el principio trazar el camino hacia la producción de Mundy, primero por la muerte de los familiares directos, como el esposo, el poeta Antonio Ávila Jiménez, quien falleció en los años 60; la hija de ambos, poeta también, Silvia Mercedes Ávila, quien falleció al igual que el esposo de ésta, Guido Orías, que había dado su autorización para la segunda publicación de Pirotecnia en 2004.
Sin embargo, unas coincidencias le permitieron a Ortiz conocer a los sobrinos directos de Mundy, Juan Francisco Bedregal y su hermana Carmen Bedregal, hijos de la hermana Julieta Villanueva. Carmen Bedregal descubrió unas cartas que Hilda Mundy escribió a un compañero y colega Jorge Fajardo, quien estuvo en la Guerra del Chaco, y estas cartas se sitúan en 1934 y van hasta 1936. Es un conjunto de cartas de ida y vuelta halladas en un folder.
Material que se une a los resultados del arduo trabajo de investigación emprendido por Ortiz, quien halló la edición completa de Fuego, el último de los periódicos en el que Mundy escribió. El auge de la escritura de Hilda Mundy se da en el período 1932-1936, en la época marcada por la Guerra del Chaco.Es precisamente sobre ese tema que Mundy escribe y critica. 
La investigación lleva a Ortiz a comprobar la cantidad de imprecisiones que se escribieron sobre la periodista y a dibujar el arco escritural de la autora con mayor claridad. Aclaró primero que Mundy no fue fundadora del periódico La Retaguardia, tampoco tuvo seudónimos antes de Hilda Mundy.
En 1932, ella inició el opúsculo sobre la Guerra del Chaco, Las Impresiones de la Guerra, publicados en Cosas de Fondo, una compilación de parte de su obra que en los años 80 escribieron la hija Silvia Mercedes y la media hermana de Hilda, Nelly Villanueva Rocabado (amiga de Saenz). 
Ortiz narra en el nuevo libro que la compilación de la obra de Mundy la hacen de manera urgente a raíz del robo de una maleta en las puertas de la casa de la familia de Yolanda Bedregal, casa en la que vivió Mundy a su llegada a La Paz. La maleta robada contenía gran parte de su obra, coleccionada y guardada por Nelly. La hermana y la hija rescatan todo lo que pueden de Mundy, incluyendo algunos escritos dejados en la ONG Cidem. Lourdes Peñaranda, quien fue mucho tiempo responsable de la información en Cidem, confirmó el hecho.
pirotecnia, fuego y chispazos
Las primeras publicaciones salieron en La Retaguardia, luego aparecieron en el periódico La Mañana, donde publicó su famosa columna Brandy Cocktail, casi 100 textos que no se conocían. Ortiz aseguró que la periodista ya tenía un proyecto literario y político muy claro.
“En Pirotecnia, Mundy escribe: ‘El quijotismo de escribir un libro está consumado al final’, es como si nos tiraría un libro en la cara a esta cultura pacata en su época, pacata más que ahora”, dijo el editor. Unos meses antes de dejar esa columna en La Mañana, en 1935, crea un semanario fundamental que es Dum Dum, ella es la gestora. Una publicación absolutamente belicosa porque Dum Dum es un lugar de la India donde se fabricaban unas balas que tenían forma de cruz, diseñadas para destrozar cuerpos. Esas balas, a fines del siglo XIX, estaban prohibidas por un convenio. Sin embargo, y lo más curioso, es que en la Guerra del Chaco, tanto bolivianos como paraguayos utilizaron esas balas. Dum Dum volcó la metáfora misma de la destrucción hacia las destrucciones del lenguaje, de su trabajo como escritora, del periodismo corrosivo, contestatario. 
Debido al semanario, Hilda Mundy es exiliada, pero por influencia de su padre no sale del país, sino que se refugió en La Paz, donde conoció a quien fue su esposo y formó su familia. Poco antes del exilio publicó un texto en La Patria, que era Corto Circuito. En el periódico Fuego, una producción difícil de hallar, publicó otra columna que se llamó Vitaminas.
Fuego constituye un momento casi de transición porque es el último periódico en el que ella publica y se hace cargo de la página cultural. Ella hace una página y saca a veces tres columnas diarias con tres nombres distintos. Hay una que se llamó Chispazos, pero como criterio editorial no va en el próximo libro porque no está firmada, aunque el tono y la escritura parece indicar que la autora es ella. Rodolfo Ortiz anunció que existen otras 12 columnas de las cuales evitó dar sus nombres a manera de sorpresa para quienes reserven el ejemplar de Bambolla Bambolla mediante el Facebook de la Mariposa Mundial. Estos hallazgos, escritos, anécdotas y fotografías editadas en un libro constituyen un valioso tesoro para cualquier biblioteca personal.