Canciller despistó a custodios y llegó al río Lauca

APG
El canciller Davis Choquehuanca pensó muy bien la estrategia para llegar hasta la construcción chilena que desvía las aguas del río Lauca.

Juan F. Cori Charca
Los únicos que conocían la ubicación precisa, eran el canciller David Choquehuanca y el vicecanciller Juan Carlos Alurralde. Por eso cuando las puertas del bus y de las vagonetas se abrieron, el resto de la comisión los tomó como su norte y los siguieron.
La polvareda de la árida zona se levantó en medio del paisaje, donde se aparecía imponente el volcán inactivo Parinacota.
Algunos no podían seguir el ritmo del Canciller, quien avanzaba cual adolescente tras la búsqueda de la pelota en medio de un campo deportivo.
“Por allá”, dijo uno de los colegas periodistas que alcanzó a ver la chaqueta oscura del Canciller, quien, con su habilidad, dejó en el mismo punto de partida a los cuatro agentes de seguridad (inteligencia) que le asignó el Gobierno de Chile.
Ahí también quedaron los carabineros, sin poder mover los vehículos que escoltaron a la comisión boliviana desde el paso fronterizo en Chungará.
Los uniformados estaban prácticamente desorientados de lo que sucedía.
“Estas son las obras que el Gobierno de Chile construyó”, dijo el Ministro de Relaciones Exteriores, parado en la infraestructura de concreto establecida a inicios de la década de los 60, para cortar el curso sucesivo y natural de las aguas del río internacional Lauca.
El 15 de abril, se cumplieron 54 años de esa acción unilateral del Gobierno de Chile para dirigir casi la totalidad del caudal del río internacional y así regar el Valle de Azapa, donde se producen varios productos agrícolas para el mercado interno y la exportación.
El interés del Gobierno chileno por consumir las aguas que nacen en su territorio, y que hasta antes de 1962 llegaban hasta el lago de Coipasa, en Bolivia, inició en la década de los 30.
El Gobierno expresó de forma firme su oposición sobre la utilización total por parte de Chile, de los recursos hídricos que eran compartidos, según normativa internacional.
“Estábamos a unos cuantos metros del Lauca, cómo no aprovechar (...) nos hemos detenido. Hemos visto por nuestros propios ojos la construcción de este trasvase que desvía las aguas que tienen que ir a Bolivia y ese desvío ha sido unilateral. Por eso rompimos relaciones diplomáticas en 1962”, expresó Choquehuanca.
Datos oficiales del Gobierno boliviano señalan que como efecto del desvío unilateral de las aguas, el país pierde alrededor de 600 litros de agua por segundo y en épocas de mayor caudal uno 2.500 litros de agua por segundo.
El Vicecanciller puso en cuestión a Chile, que busca con una demanda contra Bolivia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que se declare a los manantiales del Silala como un curso de agua internacional y un uso equitativo y razonable de las aguas, no muestre el ejemplo de ello.
“Este es el uso equitativo y razonable que hace Chile de las aguas del río Lauca, casi el 100 por ciento de las aguas son orientadas a Chile”, enfatizó el Viceministro.
La toma de aguas construida en el lugar es parte de un sistema de canalización hacia el Valle de Azapa, similar al que la empresa The Antofagasta (Chili) & Bolivia Railway Company Ltd (FCAB) construyó para llevarse las aguas de los manantiales del Silala.
La presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, comparó las obras como a las de una represa. “Está muy claro la intervención que ha habido con la obras”, dijo.
El canciller Choquehuanca señaló que ver la infraestructura fue como leer más de 100 libros escritos sobre el río Lauca, uno de los temas pendientes con Chile y que incluso fue consignado en la agenda de 13 puntos que el presidente Evo Morales y su similar de Chile, Michel Bachelet, acordaron en 2006.