Seis horas de encierro

Afka
El canciller permaneció, con más de diez personas, retenido en el ingreso a la TPA.

Juan F. Cori Charca
Las declaraciones del canciller de Chile, Heraldo Muñoz, advertían que la visita de la comisión boliviana a los puertos de Arica y Antofagasta no sería nada fácil, pero a nadie se le pasó por la mente qué tipo de frenos se impondrían.
El lunes 18 de julio, la comisión boliviana, liderada por el canciller David Choquehuanca, llegó a la hora pactada con los administradores de la Terminal Puerto Arica (TPA) para realizar la visita al puerto.
Junto a él arribaron el presidente del Senado, José Alberto Gonzales, la titular de Diputados, Gabriela Montaño, la senadora Patricia Gómez (PDC), el senador Omar Aguilar, los diputados Franklin Durán, Lucio Gómez, Edmundo Polo y Aniceto Choque, y la delegación de periodistas.
Los carabineros se apostaron en la parte frontal de ingreso a la terminal junto con un grupo numeroso de periodistas, y a unos metros un carro similar al Neptuno que se emplea en Bolivia para dispersar las protestas.
Personal de la Administración de Servicios Portuarios Bolivia (ASP-B), que gestionó la visita, ingresó junto con el Canciller.
La suerte de antesala de la terminal colapsó. Parte de los visitantes quedó fuera del lugar, junto con algunos periodistas. En el otro frente, los funcionarios de la TPA y ciudadanos chilenos y bolivianos se aglomeraron para intentar ver al Canciller boliviano, que no creían que llegaría al puerto.
Minutos después, los administradores de la TPA anuncian al Canciller que la delegación no podrá ingresar al puerto porque las autoridades de la Cancillería así lo ordenaron, contradictoriamente a lo que el ministro Muñoz, quien alegó en simultáneo que la visita de la comisión era privada y que, por tanto, el ingreso a la TPA depende de la empresa. 
“Estas son las consecuencias. Lo que están viendo es una muestra de la obstaculización del libres tránsito, del Tratado de 1904, que se registre, que sepa la población, el pueblo chileno, que sepa el pueblo boliviano, que sepa Latinoamérica, que sepa el mundo de la violación que estamos sufriendo en este momento”, denunció el Ministro notoriamente indignado.
Señaló, además, que funcionarios de la TPA le impidieron el paso para ingresar a las oficinas de la ASP-B y anticipó que esta situación “tendrá consecuencias”.
A las 09.48, el jefe de seguridad de la TPA, Mario Tashima, le envió una nota a la administradora de la ASP-B, María del Carmen Pozo, en la que le comunicó que la visita de la delegación boliviana se la podrá cumplir recién a las 15.30 y que de las más de 50 personas, solo podrán entrar 26.
Choquehuanca anticipó que la delegación no dejará la antesala de la terminal. Así fue. Y en el lugar, de un metro y medio de ancho por tres metros de largo se acomodaron, además de los legisladores, el vicecanciller Juan Carlos Alurralde, la cónsul general en Chile, Magdalena Cajías y el embajador Benjamín Blanco.
Todos permanecieron de pie durante casi seis horas. Ni el baño les ofrecieron los funcionarios de la TPA a las autoridades bolivianas. Los que necesitaban hacer uso de los sanitarios acudieron a las oficinas de la Aduana Nacional de Bolivia (ANB), instalada a unos metros de la puerta principal de la TPA.
Los periodistas bolivianos permanecieron en afueras de la terminal, y, al igual que las autoridades, comieron algunas empanadas con refrescos.
Mientras tanto, del interior del puerto salían apresurados varios camiones con carga, según los choferes, que estaban demorados desde antes de la primera quincena de julio.
Pasada las 15.00, el movimiento volvió en las inmediaciones de la TPA. Los funcionarios pidieron la documentación, mientras la comisión esperaba en fila para ingresar a la terminal.
Uno por uno pasó, previa verificación de la identidad y de los elementos de seguridad, mientras los funcionarios evitaban los registros fotográficos, dirigiendo todo, además de que eludían las consultas.
El jefe de seguridad de la TPA, Mario Tashima, habló sobre lo que se debía hacer en el puerto. Dijo que “esta es una zona 10 y tiene una alta probabilidad de ocurrencia de sismo y tsunami”.
Además, trató de justificar el freno al libre tránsito de la delegación boliviana al alegar que se había comunicado la decisión a través de una nota. “Si no se enteró de eso lo siento mucho”, dijo Tashima al senador Omar Aguilar.
Frente a ello, el senador Gonzales respondió: “Su nota llegó cinco minutos después de que llegamos acá”.
Tashima dijo que no era la persona indicada para responder. “Usted es el que contestó al senador (Aguilar) y yo soy otro senador y le pregunto ahora: cinco minutos después de que llegamos acá llegó su carta indicando que la visita era a las tres de la tarde. Nos han tenido seis horas parados en tres metros cuadrados”.
El funcionario no hizo más que decir: “muchas gracias” y se retiró del lugar. “No es muchas gracias, es un maltrato que nos han dispensado, un maltrato que no nos merecemos”, protestó.
Tras ello, toda la comisión que se identificaba por llevar chalecos anaranjados, subió al bus y entre ellos se sumaron otras personas con chalecos fosforescentes de la TPA; el límite de 26 personas fue vulnerado por los propios chilenos.
Al ver que no había espacio para el personal de la ASP-B, el gerente de la TPA, Diego Bulnes, sugirió que dos bolivianos dejen el vehículo.
Frente a ello, el presidente del Senado intervino. Bulnes respondió que no estaba hablando con él. Gonzales replicó: “¿El 80 por ciento de su salario sabe usted quién se lo paga? Bolivianos, bolivianos pagan el 80 por ciento de su sueldo, entonces usted nos va a tratar con respeto. ¿De acuerdo? Nosotros no los invitamos a los colegas (periodistas) chilenos, no tenemos nada contra ellos, pero si nos quitan espacios, compañero, que prioricen a nuestra delegación”.
Bulnes se calló. Intervino un subalterno de la TPA y pidió a dos periodistas chilenos dejar el bus y sumarse al resto de sus colegas en otro vehículo.
Así como lo advirtió el Canciller, la retención de la delegación boliviana tuvo consecuencias. El Gobierno nacional convocó al cónsul general de Chile, Milenko Skoknic, y se le expresó el “más enérgico reclamo ante las muestras de descortesía, falta de respeto y evidente actitud de desprecio contra el pueblo boliviano y el flagrante incumplimiento de Chile a la Convención de Viena, la Convención sobre Relaciones Consulares de 1963, el Tratado de 1904, la Convención de Tránsito de 1937, la Declaración de Arica de 1953, entre otros instrumentos internacionales”.