De Chungará a la noche de hermandad

Juan F. Cori Charca
Una de las esposas de los transportistas relata lo que los bolivianos soportan en Arica.

Juan F. Cori Charca
Parado, cruzando las piernas y debajo de un letrero emplazado encima de la carretera, que anuncia el punto fronterizo de Chungará, un uniformado de la Policía de Investigaciones (PDI) de Chile, junto con un vehículo de Carabineros, aguardó el 17 de julio a la caravana de la delegación boliviana.
Se subió a su vehículo y dirigió a la comisión liderada por el canciller David Choquehuanca rumbo al control fronterizo, mientras unos agentes de inteligencia de Chile registraban las placas de los vehículos en sus celulares.
Luego del arribo al lugar, todos descendieron de los vehículos cargando las maletas, incluidos el Canciller, el presidente de la Cámara de Senadores, José Alberto Gonzales, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño.
Migración de Bolivia realizó el registro de salida, y un carabinero anunció a todos que deben trasladarse hasta el PDI para la verificación de las maletas.
Todos alistaron el documento de identificación, advirtieron que no pasará ninguno que no esté en la lista que la Cancillería de Bolivia remitió a su similar de Chile para cumplir con la visita.
El funcionario del PDI pidió los documentos de identificación, preguntó la profesión y tiempo de estadía, y luego entregó un documento vital para dejar el país trasandino.
Los equipajes pasaron por un escáner bajo la vigilancia de un funcionario de PDI, que lleva una pañoleta en la cabeza.
Al igual que los pasajeros, los vehículos fueron sometidos a un control riguroso. Funcionarios del PDI, del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), junto con algunos canes, realizaron el trabajo, mientras a menos de 10 kilómetros un contingente de unos diez militares chilenos se concentraba en un vehículo.
Desconociendo el estatus diplomático del Ministro boliviano de Relaciones Exteriores, un funcionario del SAG exigió revisar su vehículo, alegando que es una orden del Gobierno de su país.
El presidente del Senado le recordó la inmunidad que posee el vehículo de un Canciller, y el funcionario dio marcha atrás en su intención.
Pese a que Montaño y Gonzales tenían el pasaporte diplomático se allanaron a la revisión.
En eso, los funcionarios del SAG encontraron tres manzanas en una de las vagonetas que trasladaba a los legisladores. Eran del senador Omar Aguilar. El SAG los multó con 200 dólares por el traslado de los productos.
Luego de más de una hora, aparentemente el control ya fue superado, pero no.
El mismo funcionario de chaqueta negra —en la que resalta con letras doradas PDI— y con un arma a la altura de la rodilla del pie derecho se acercó al bus que traslada a los periodistas. “Hay gente que no pasó el control migratorio”, reclamó mientras sostenía un papel donde estaba la nómina de la delegación.
“Llamemos lista”, sugirió Sagrario Urgel, jefa de la unidad de Comunicación de la Cancillería boliviana.
Mencionaron los nombres de dos de los tres pasajeros que no habían pasado el control. Urgel argumentó que ellos no eran parte de la comisión porque a último momento suspendieron su viaje. El funcionario sonrió y descendió del bus.
Desde entonces se sumaron a la caravana cuatro vehículos, dos de Carabineros y otros dos del equipo de seguridad (inteligencia) que el Gobierno de Chile puso a disposición del Ministro de Relaciones Exteriores.
La ruta
Hasta el paso fronterizo de Bolivia, en Tambo Quemado, la carretera estaba en buenas condiciones, pero la situación es diferente en el lado chileno, en la ruta 11-CH, paradójicamente considerada carretera internacional.
El asfalto está dañado, hay huecos en distintos lugares y toda la caravana, dirigida por Carabineros, las esquivaba cual si fueran rocas y huecos en el desierto de Atacama.
“El camino está dinamitado”, graficó el senador Omar Aguilar.
Kilómetros más adelante se realizaban trabajos de ampliación de la carretera, lo que obligó a los camiones a trasladarse por otra ruta que no reúne las condiciones mínimas para un buen tránsito.
En algunos puntos, los carabineros turnaron el paso de los vehículos entre quienes están de llegada y los de salida.
Así, la carretera de alrededor de 167 kilómetros, que llega hasta Arica, se transitó en aproximadamente nueve horas, señaló el presidente del Senado.En Putre, comuna capital de la provincia de Parinacota, la comisión hizo una escala para almorzar. Los custodios no comieron. Uno de ellos solo tomaba fotos. Luego todos volvieron a los vehículos.
El arribo
A las 21.00, los faroles de los camiones eran los únicos que resplandecían por la carretera. Se escucharon gritos que vinieron de afuera del bus. Un grupo de residentes bolivianos ubicados en la avenida, con la tricolor nacional en mano, gritó y dio la bienvenida a la delegación. La caravana no paró y siguió directo hasta la plaza Colón, en el centro de la ciudad de Arica.
El Canciller descendió de la vagoneta. Los periodistas chilenos se aglomeraron en torno a él. “Venimos en son de amistad”, dijo Choquehuanca acerca de la razón de su visita.
El equipo de seguridad chileno no pudo controlar a los periodistas ni a las personas que rodeaban al jefe de la diplomacia boliviana, y levantaron en alto banderas chilenas y bolivianas.
Las preguntas de los periodistas callaron y en una sola voz se escuchó “Mar para Bolivia, mar para Bolivia”, mientras el Ministro se traslada a pie hasta un terreno que pertenece al Consulado boliviano, donde se preparó un acto para dar la bienvenida a toda la delegación.
Mapuches, colombianos, chilenos y la comunidad boliviana, residente en Arica, se sorprendieron de ver al Ministro junto a ellos y protestaron por el inadecuado comportamiento de las autoridades chilenas, por no recibirlo.
Roberto Muñoz, del Centro Cultural Casa Bolívar de Chile, acusó a una cúpula política chilena de crear un ambiente de hostilidad por la visita de la delegación boliviana.
Sin embargo, no todos en Chile piensan igual. Así lo demostraron las cientos de personas que llegaron a recibir al Ministro boliviano, entre ellos el consejero de Arica, Rodrigo Díaz Bogdanic (IND PPD).
A diferencia del canciller Heraldo Muñoz, Díaz ofreció a Choquehuanca “preparar una agenda de futuro, conversar cifras y saquemos adelante y revisemos un tratado que, de 1904, ha pasado mucho tiempo y la realidad de esta ciudad es otra”.
Choquehuanca reafirmó la voluntad del Gobierno boliviano de construir puentes y acabar con los obstáculos. “Recogemos, nos alimentamos de estas expresiones de hermandad, de amistad y de integración”, expresó.
Minutos después, todos volvieron a los vehículos. La jornada aún no terminó. Los transportistas bolivianos, afectados durante las últimas semanas por el trato de las autoridades chilenas, prepararon un plato común.
La caravana avanzó a toda prisa y llegó a un canchón, donde las estrellas brindaban las únicas luces. En el fondo, un par de faroles iluminaba una tarima improvisada sobre un volvo, donde ascendieron con algunas dificultadas el Canciller, los presidentes de Diputados y Senadores, legisladores y algunos choferes.
Los transportistas y sus familias dieron testimonio de los abusos que sufrieron. Las autoridades se indignaron, sintieron bronca y se comprometieron a trabajar para revertir la violación a los derechos humanos.
“Todos hemos compartido esa indignación, esa bronca que nos ha provocado verlos sufriendo, por eso hemos venido”, señaló el presidente del Senado.
La noche se achica. Todos en conjunto cantan Viva a mi patria Bolivia y disfrutan entre hermanos una de las mejores sajtas.