EL KIMSACHARANI YA ES HISTORIA, AHORA SE DISCIPLINA SIN GOLPES

Foto: Carlos Barrios
La disciplina debe aplicarse desde el momento del nacimiento.

JOCELYN G. CHIPANA LÓPEZ

Elementos como el ‘kimsacharani’ (chicote de cuero de tres puntas), el cinturón, el trapo mojado y la chancleta voladora ya quedaron en el olvido, porque las madres modernas emplean nuevos métodos de disciplina o simplemente ceden a los caprichos de los niños.

Se intensifican las campañas para evitar la violencia contra los hijos, mientras hay quienes aseguran que no hay mejor método que el castigo físico.

Un chillido agudo de un peque­ño de siete años llamó la atención de todas las personas del minibús. El niño pedía a la mamá bajar del vehículo de inmediato, pero ella, que no pasaba de los 25 años quiso expli­carle que faltaba mucho para su destino, sin embargo el niño empezó a patalear y a esti­rarse, molestando al pasajero de su lado.

Al final la mamá cedió y bajó pese a que aún no había llegado a su destino. Entretanto una pareja de la tercera edad comentó entre sí que “en sus tiempos” el remedio ideal sería tres nalgadas con trapo mojado. Esa disyuntiva es motivo de discu­sión en muchas familias, pues con el tiempo cam­biaron los métodos para disciplinar a los hijos.

“Recibí muchos conse­jos, principalmente de gente mayor, pero lo cierto es que no sé cuál es la manera ade­cuada de corregir a mi niño, creo que hasta ahora no ten­go una estrategia definida y soy un poco tolerante con él”, confesó Pamela Dávila, madre de familia.

Aunque está claro que nadie nace sabiendo cómo ser padre y no hay un método ideal para ser un progenitor perfecto, al­gunos expertos brindan pautas para educar a los niños sin in­currir en el abuso físico.

“Nosotros no empleamos el término castigar, sino disci­plinar. En este ámbito lo más importante es que el padre no pierda la calma. El papá debe utilizar un tono neutro, debe evitar los gritos”, afirmó la pe­dagoga Ángela Cervantes.

La experta explicó que el padre debe incorporar reglas claras con relación a los hábi­tos de limpieza, de alimentos, de juegos y siestas con hora­rios determinados por el pro­genitor no por el niño.

Cervantes advirtió que uno de los errores más comu­nes de los padres es la con­sulta frecuente a sus hijos.

“Se puede dar opciones como: ¿te vistes tú o lo hago yo?, pero nunca se debe usar preguntas ¿quieres comer?, es imprescindible utilizar afirma­ciones, lo ideal es decir: es hora de comer, tienes que hacerlo”, dijo la experta.

Del mismo modo, aseguró que en caso de una situación de una indisciplina los niños de­ben tener un espacio de castigo.

Se puede utilizar una si­lla para que el niño se que­de quieto por minutos de acuerdo con la edad. Otra al­ternativa es quitarle los pri­vilegios, se les decomisa los juegos electrónicos o los ju­guetes favoritos. Apagar el televisor o la computado­ra puede resultar siempre y cuando el padre le explique que es una consecuencia y se mantenga firme hasta el final sin espacio a negocia­ción”, detalló Cervantes.

De acuerdo con la psicólo­ga Claudia Cayalo el problema con un niño indisciplinado no radica en el pequeño, sino en los padres.

“Es difícil de aceptarlo pero es verdad que no hay niños ‘problema’, sino padres ‘proble­ma’. La indisciplina es reflejo del éxito o del fracaso de los pa­dres”, aseguró.

 

Confianza

Los padres deben conocer muy bien a sus hijos antes de emplear cualquier método de disciplina.

 

UNA FIGURA DE AUTORIDAD NO DE AUTORITARISMO

Ernesto Tola, psiquiatra y terapeuta familiar advirtió que hay una línea muy frágil entre ser amigo de los hijos y dejarlos huérfanos.

“Usualmente los padres quieren ganarse la confianza de sus hijos poniéndose a la altura de ellos, erróneamente creen que ser amigos de sus hijos es positi­vo, sin embargo, si nos convertimos en amigos los dejamos sin padres, o sea huérfanos”, precisó.

El experto afirma que la figura paterna debe ser símbolo de autoridad y respeto, y es posible obtener la confianza de los hijos sin la necesidad de evadir el rol de padre, depende mucho del diálogo, el tiempo y el amor, aseguró.

 

POSIBLES FALLAS PATERNAS

De acuerdo con la psicóloga, conocer al ser humano al que le hemos dado la vida, es vital al momento de disciplinar, de­bemos saber lo que le gusta, lo que no le gusta, cómo reaccio­na ante las situaciones, cuándo está manipulando y cuándo no, cuándo su llanto expresa dolor y cuándo no es así, entre otras cosas, y para esto debemos prestar mucha atención a nues­tros hijos y sus reacciones, de esta manera es menos frecuen­te cometer errores.

“Es negativo para la familia y su entorno idealizar a los hi­jos, negar sus dificultades evi­ta que los podamos corregir”, dijo Cayalo.

Del mismo modo advirtió que el castigo físico o corporal no solo produce daño físico, sino también daño emocional, afectando el valor y la autoesti­ma del hijo.

“No golpearlos no significa que hagan lo que quieran, la falta de límites claros, la ausen­cia en el hogar de límites oca­siona que los niños cuando les exijamos hacer algo muestren confusión sin saber qué hacer o simplemente reaccionen de acuerdo con lo que entiendan que tienen que hacer”, dijo.

Asimismo, la psicóloga ma­nifestó que disciplinar a nues­tros hijos conlleva paciencia, perseverancia, amor, compren­sión y sobre todo mucha FE en ese ser humano tan especial que hemos traído al mundo. La ansiedad o la angustia a la hora de disciplinar pueden generar mucho estrés y por ende pode­mos caer en estos errores.

Del mismo modo, la peda­goga aseguró que “los padres tendrán más resultados si dis­ciplinan con amor a sus hi­jos, dejando de lado su como­didad, dedicándoles mucho tiempo y evitando ser un pa­dre ausente”, aseveró.

La ausencia de límites y reglas en el hogar puede ocasionar que los hijos no reconozcan nunca una figura de autoridad.  

 

CONSECUENCIAS EN NIÑOS VÍCTIMAS DE ABUSOS FÍSICOS

La organización PLAN internacional identificó tres tipos de impactos y con­secuencias en niños que fueron abusados físicamente bajo el pretexto de la disciplina.

Psicológicamente, el niño presenta depresión y ansiedad. Le costará reafirmar su autoestima por miedo o timidez; puede tener trastornos emocionales que afec­ten sus relaciones con otras personas.

Físicamente, el pequeño presenta trastornos en sus habilidades motoras, dismi­nuye sus competencias de aprendizajes por lesiones en la cabeza y puede pre­sentar mayor número de enfermedades.

Afectivamente genera un potencial estado de insensibilidad, se convierte en un futuro maltratador, contra inseguridades y afectaciones emotivas, se crea la ne­cesidad de buscar refugio en el alcohol y personas que no son adecuadas.

PLAN recomendó a los progenitores que eduquen con cariño, que conversen con paciencia, es necesario tener presente que los niños son frágiles en estos tres aspectos y que los adultos son los que deben cuidarlos.