Un ‘Mundial’ poético

Homero Carvalho
Poetas de todo el mundo durante su despedida en el festival.

Homero Carvalho Oliva 
Poeta, escritor y gestor cultural 

Hace veinte años visité Venezuela como invitado a participar en un taller de narrativa dirigido por dos maestros de la novela: Ednodio Quintero, de Venezuela, y Sergio Pitol, de México. En esa ocasión estuve cerca de un mes en la hermo¬sa ciudad de Barquisimeto. Al taller asisti¬mos narradores de cada uno de los países latinoamericanos y, todavía, conservo la amistad que iniciamos con muchos escritores de otros países. Hace unos días volví a este país como poeta, invitado a la Décimo Tercera versión del Festi-val Mundial de Poesía que se celebra cada año entre el 25 de junio y el 2 de julio. 
Durante una semana compartí lecturas de poesía, foros, mesas redondas y diálogos con cerca de cincuenta poetas de los cinco continentes. Además de estas actividades dirigí un taller de escritura creativa en la Casa de las Letras Andrés Be¬llo. El hotel donde nos hospedaron parecía una torre de Ba¬bel por tanto idioma junto. Demás está decir que el verda¬dero encuentro sucede fuera de los escenarios, a la hora de las comidas, en el lobby del hotel y en las noches, cuando la palabra nos convoca a compartir nuestras vidas. En esos mo¬mentos nos reencontramos con amigos, conocemos a otros poetas y reconocemos a figuras que hemos admirado desde siempre. En una de esas ocasiones fue que un poeta venezola¬no me dijo, sonriendo, que nuestros países no habían llegado al mundial de fútbol, pero sí lo habíamos hecho al mundial de la poesía y yo riendo a carcajadas le respondí: algo es algo. 
Tuve la suerte de conocer San Felipe, capital del estado de Yaracuy, ciudad en la que brindé una charla acerca de la cultura boliviana y participé leyendo poemas junto a poetas de esa región. En una de las lecturas que hice en el teatro Simón Bolívar, leí junto a Alí Al Jallawi (Baréin), Oscar Sa¬avedra (Chile), Xi Chuan (China), Andrés Villalba Becdach (Ecuador), Juan Carlos Mestre (España), Yashika Graham (Ja-maica), Mikeas Sánchez (México), Juliane Okot Bitek (Ugan¬da)y Lucy Christina Chau (Panamá), poetas de reconocida trayectoria en cada uno de sus países. Después de la lectura se me acercó gente del público a felicitarme y a preguntar por los poetas de Bolivia. También estuve presente en los fo¬ros Poesía, Paz y Derechos Humanos y La Poesía Como Apor¬te a la Humanidad. Todos ellos muy enriquecedores para mí; sin embargo, el diálogo que más me gustó fue el que sostu¬ve, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, con el maestro Reynaldo Pérez Só (Caracas, 1945), uno de los ma¬yores poetas de este país, hombre sabio, humilde y enorme cronopio. Con él hablamos del papel del escritor en la socie¬dad, en uno de esos momentos el maestro Pérez Só recomen¬dó que debemos tener cuidado de no malgastar las palabras porque ya existen muchas palabras gastadas de tanto uso inútil y superficial y que su inclusión en un poema puede li¬quidar el mismo. Recuerdo este verso de Reynaldo Pérez Só: “Cruel hasta el fondo/ hay/ un río en mi memoria”, y lo re¬cuerdo porque el río también tiene algo especial en mi memoria, ya que soy del Beni, la patria de las aguas, la región amazónica de Bolivia. 
Disfruté mucho dirigiendo un taller de escritura creati¬va, en el que participaron jóvenes y adultos. En estos talleres siempre es más lo que aprendo que lo que puedo enseñar, y juntos nos divertimos con los ejercicios poéticos que ensayo en las clases. Lástima que el taller solamente tuviera la du¬ración de dos días. 
En el festival conocí a mucha gente linda, al poeta uru¬guayo Saúl Ibargoyen y su esposa, Mariluz Suárez; Saúl es un viejo militante comunista, fiel a sus principios ideológicos. También tuve la oportunidad de hacer amistad con tres jó¬venes poetas: Oscar Saavedra, de Chile; William Alfaro, de El Salvador; y Lucy Chao, de Panamá. Encantadores son Alex Fleitas y Jamila Medina, de Cuba; así como misterioso Nor¬berto Salinas, de Costa Rica. 
Fue muy conmovedor volver a escuchar el poema Cavalo¬Morto, del poeta Juan Carlos Mestre de España, un enorme poe¬ma dedicado al enorme poeta que fue el brasileño Ledo Ivo. 
No puedo terminar esta breve crónica sin agradecer a Freddy Ñañez, ministro de Cultura de Venezuela, a todo su equipo de colaboradores que nos hicieron grata la estadía, y a Fernando Rendón, presi¬dente del Festival de Me¬dellín, quien, en una inédita solidaridad poé¬tica, hizo posible que muchos de los poetas extranjeros pudiésemos estar presentes en ese in¬creíble festival que reco¬rre toda Venezuela.