Pedro Martínez Escamilla:En general, la literatura busca el equilibrio del ser

Jorge Mamani
Poeta mexicano Pedro Martínez Escamilla

Jackeline Rojas Heredia
Su sola presencia irradia armonía, es sencillo y abierto. Viste  de acuerdo con las costumbres de los pueblos originarios de México y lleva collares especiales que le fueron obsequiados en distintas ceremonias de sanación. Domina tres idiomas originarios, el náhuatl (su lengua materna), el otomí  y el  mazahua, además del castellano. Estudió Administración de Empresas en la UNAM de Xochimilco, México, lo que le permitió ocupar cargos importantes en su país. 
Heredero de la medicina y la alimentación natural y tradicional de su abuela y su madre curanderas. Locutor de radio e impulsor de la protección y la riqueza cultural que se proyecta a través de las lenguas originarias, él es simplemente un ser especial, una enciclopedia de sabiduría ancestral. A su lado, la paz invade y el amor flota en el aire. Entonces uno quisiera conservar ese momento, conocerlo más, extraer la riqueza que sus palabras encierran. Llegó a Bolivia para el Encuentro de Escrituras Amerindias, que se realizó en el Musef de La Paz.
¿Cuántas lenguas existen en México además de las tres que usted domina?
La lengua náhuatl es una de las lenguas mayoritarias, es decir la que tiene más hablantes, en segundo lugar está la lengua maya y tenemos una diversidad lingüística importante. Tenemos 68 agrupaciones lingüísticas.
El Instituto Nacional de Lenguas de México, creado por decreto presidencial  en 2003, que está en la Ley de Creación de Derechos Lingüísticos de las Comunidades Lingüísticas Indígenas, tuvo como principal tarea precisar desde la terminología lingüística la cantidad de lenguas existentes. De ahí se precisan 68 agrupaciones lingüísticas, son como familias y está recabado en un catálogo que se llama Catálogo de Lenguas Mexicanas, de estas 68 se derivan 364 lenguas que yo considero que son propiamente el número de lenguas que se hablan en México.

Se interesó por muchas áreas de conocimiento en su vida; sin embargo, su mayor dedicación fue la recuperación de las lenguas y además impulsar las creaciones literarias en lenguas originarias, ¿cómo surge ese interés en usted?
En proceso de contacto con la otra cultura. Cuando llegué a la ciudad con mis padres me tuve que incorporar en una escuela de monjas que constantemente me castigaban por no aprender bien y no pronunciar los rezos, y dejé la lengua por el proceso de incorporación hasta los 14 años más o menos. En 1988 me acerqué a un programa de radio donde hablaban en lengua náhuatl y otomí, y me fascinó escuchar mi lengua en la radio. Fui y me entrevisté con el productor, que en ese entonces era el maestro Alejandro Natal, y su programa con muy poco de estar al aire titulaba ‘Nosotros los que habitamos esta tierra’.
En esa ocasión me pidió que compartiera algo de medicina porque mi madre y abuela eran curanderas. De ahí me pidió mayor constancia, y en ese momento yo inicié un proceso de retorno a la lengua y la empecé a recuperar. El año 1990, el colegio de lenguas me empezó a invitar y pidieron que tuviera una parte fija en lengua  náhuatl. 
En 1993 se constituye la Asociación Civil de Lenguas Originarias con otros compañeros que habían hecho trabajos de registro y de creación. Yo me incorporé a la asociación como miembro fundador y  mucho de lo que comparto son las cosas que aprendí de niño jugando en mi comunidad. Comparto lo que son las plantas, el conocimiento del entorno. En la lengua están los conocimientos de toda la cultura y ahora en la actualidad esos elementos los paso a la creación literaria, que es lo que hago y a la gente le interesa. No pensé que en ese tiempo, cuando abandoné mi cultura, podrían ser elementos importantes.
¿En la lengua náhuatl cuál es el principal conocimiento, cosmovisión y qué elementos transmite su lengua materna?
Nosotros tenemos la idea de que somos creadores y somos creación, en  esa línea no le pertenecemos a nadie y nadie nos pertenece a nosotros. 
Los hijos que uno tiene los educa para que se vayan. Si un hijo se queda y sigue siendo  dependiente de uno, entonces se ha fracasado. De alguna manera yo creo que cumplí. Tengo una hija de 22 años, ella es diseñadora y confecciona toda mi ropa, hace bordados fabulosos, toda mi indumentaria, mis morrales. La artesanía para mí es arte y tiene un concepto y diseño propio. Ella adquirió el bordado mazahua de su madre.
Entre los pueblos originarios de América hay mucha diversidad lingüística, pero también similitudes que seguro usted halló en sus viajes...
Sí, conocí un grupo originario de Venezuela que se llama los piaroa. El chamán hace un tránsito después de consumir una hierba alucinógena que se llama yopo, el tiene que dirigir y conocer los mejores lugares de caza de la selva para transitar conjuntamente con los demás cazadores a ese sitio y eso lo tiene que  visualizar de forma no corpórea.  Consume yopo y transita de forma espiritual en la selva, pero para regresar al espacio material se amarra una piedrita en la muñeca que se llama piedra de anclaje y se lo amarra con un hilo.
Él está en trance, visita los diversos lugares y regresa gracias a la piedra de anclaje. Nosotros, los náhuatl, tenemos algo muy similar, somos culturas distintas, pero tenemos mucho de similar y quisiera compartir con ellos y con otras culturas una ceremonia igual.
Usted menciona que somos creadores y somos creación, ¿cómo se traduce esto a la creación literaria? Es decir,  ¿las creaciones en lenguas originarias revelan en su juego de palabras la sabiduría de los pueblos nativos originarios?
La literatura busca el equilibrio del ser humano. El premio nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa decía: “El escritor es un mago, un brujo consumado de la palabra”, a través de ella podemos reinventarnos a nosotros mismos, el escritor también sufre, llora, tiene tristezas, tiene una parte de gozo, de placer, de sufrimiento. Uno debe recordar que solo el ser humano que está vivo sufre, tiene tristezas, el que está muerto no. 
En las culturas originarias,  la concepción de lo permanente, de lo que no acaba no existe. Muchos sufren de lo que tienen alrededor, de lo que uno quisiera tener y no lo alcanza. La cultura occidental tiene mucha aprehensión porque culturalmente enseña a que uno debe ser exitoso teniendo posesiones  y dependiendo de los atributos del hombre y la mujer.
En la cultura náhuatl no existe la muerte: lo más importante es la limpieza mental, luego la limpieza del sistema respiratorio y digestivo.
Muchas palabras emanaron de su conocimiento espiritual, difícil de reproducir para el breve espacwio de estas páginas. Sin embargo, compartió también su poesía, tanto en lengua náhuatl como en castellano.
La imagen constante de la naturaleza se manifiesta en el erotismo. (Recita un verso  cuya métrica en lengua originaria se escucha dulce). Con dulzura el corazón de fuego desviste la  negrura de la noche, su mano de luz desprendió su vestido de estrellas por todas partes hay amor brota del canto de los pájaros, del sonido de la tierra. 
Vertiente erótica, pero extremadamente triste porque el día aparece cuando la noche se va.